¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

lunes, 8 de marzo de 2010

Calles Nazarenas de Salamanca XV: Calle de Ramón y Cajal

Cuesta de Moneo que te abres a tu sur para que pasen los nazarenos, mientras las ruinas de San Francisco el Grande se alzan sobre si mismas, sobre las puntas de sus cimientos, para asomarse por encima de tejados y chimeneas hasta ver el discurrir de andas y hachones. Se elevan dejándose ver para recordar y hacernos recordar tiempos mejores, en los que en su espelendor, fueran testigo de primera fila del camino de barrocas imágenes en su regreso desde el Colegio del Arzobispo.
Viejos olmos custodiaron tus aceras haciendo dosel con sus ramas al paso del misterio, abriéndose a la noche estrellada en el mismo momento en que Pilato ofrece al pueblo enardecido la liberación de Cristo. Pero los ojos se ciegan y el murmullo tumultuoso pide que se cumpla lo escrito. Los muros de Monterrey serán mudos testigos del cruel pesar en las almas de quienes sólo unos metros arriba pidieron su vida. Y algunos harán la señal del cristiano, la señal de la cruz, arrepintiéndose por lo que otros hicieron. Por lo que todos hacemos.
Ahora son otros los que cubren la carrera de quienes siguen el camino de la cruz. Son jóvenes tilos los que se elevan frondosos, en pujante juventud, para dar sombra a quien, exhausto y llagado, baja la cuesta, suavizada a su paso, mostrándose como hombre. Humanamente vencido, dolorido, cansado,... agónicamente cansado. Y el pueblo asiste pávido pero creyente fiel. Rostros serenos y secos. Extrañas sensaciones del dolor ajeno en la flor de las pieles.
Abajo, al final, cuando la calle se rompe, sigue fiel en su espera la que nació sin pecado. Inmaculada entre mármoles atenta al paso del Hijo amado. Se hará la luz y todos verán con otros ojos.
Aprendida la lección, será olvidada para tener que recordarla año tras año. Para que, Semana Santa tras Semana Santa, la Cuesta de Moneo se convierta en via dolorosa en la que volver a aprender lo olvidado.

2 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Me gusta esta calle. Ademas es muy torera.

Félix dijo...

A mí también me gusta. Me gustan todas las calles nazarenas, magníficos escenarios para representar nuestras pasiones. Es un tópico, pero es cierto: Ninguna ciudad española tiene algo parecido.
Cordialmente,
Félix