¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.


viernes, 17 de septiembre de 2010

Nuevo curso

Recién estrenado el curso cofrade tras la espléndida "Exaltación de la Cruz" de Alejandro Pérez, mi hermano Alejandro, me doy cuenta de que hace ya más de un mes que puse mi cana en relajo o, por bien decir, fue ella sola la que se hundió en sus propias raices, desapareciendo de cualquiera de mis superficies. Y soy yo el que, al pasar por aquí, tiene que tirar de ella hacia arriba, espabilarla y adecentarla para que este nuevo curso que comienza luzca tan remozada que parezca nueva.
Sé que, incluso tras su estancia al sur, acabó ahíta de acontecimientos cofrades que se le vinieron encima por su propia curiosidad y casi acaba muriendo cual mosca samaniega.
Ahora, ella y yo hemos dejado pasar el tiempo; hemos disfrutado del descanso de después de las vacaciones, olvidando mientras que el mundo cofrade sigue ahí, permanente y al acecho, pues como cada año, se renueva el ciclo.
Hubo elecciones, sí. La Junta de Semana Santa renovó su cabeza, cosa que, todos lo decíamos, era cosa más que necesaria a la vista de lo que se nos mostraba.
Ahora comienza un ciclo. Un periodo de ilusión (o ilusionante, que no lo sé), con un presidente en el que muchos hemos puesto nuestra confianza con la esperanza de que sea capaz de sacar a cofradías y cofrades de un atolladero casi histórico. Un presidente que, al tiempo, es amigo. Un presidente capaz. Un presidente con consenso al que, por ahora, se le supone el valor. Ya tendrá tiempo de demostrarlo. Porque necesitará mano de hierro y guante de seda que sujeten las riendas cofrades con firmeza y dulzura.
Ya habrá tiempo de juzgar. 
Mientras el albero de La Glorieta se dejaba impregnar por unas gotas de la esencia torera del maestro de la Puebla, con el fondo del alma degustando aún muletazos cargados de sabor añejo, me abstraje entre los barrocos muros de la capilla cofrade. Me perdí entre figuras y volutas, santos y acantos, imágenes y pinturas, mientras dejaba que las palabras del exaltador de la Cruz de este año fueran calando, poco a poco, ese inconsciente de la razón gobernado por mi cana. Atentamente, bajo la mirada de Alegría y Amargura y junto al Cristo que nos mira con ojos cerrados, al pie del Santo Leño, seguí la lectura de pasajes evangélicos, de reflexiones personales y de compromisos colectivos en boca de quien ejerce el cargo de Hermano Mayor de la Congregación de Jesús Nazareno con firmeza, elegancia y excelentes resultados. 
Comenzando el curso cofrade, con la cana recién sacada de esa cueva a la que se me retira en descansada meditación y mientras aún escucho las admiradas palabras de Alejandro en su "exaltación", me doy cuenta de que la muela del molino ha vuelto a ponerse en movimiento y me doy cuenta de que la actividad de un cofrade es algo que nunca para. Aunque se relaje.