¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

sábado, 31 de diciembre de 2011

¡2012!

Por un instante, dejo de mirarme la cana, ombligo de mi alma, para mirar a mi alrededor y ver a cuantos me rodean. Como en plaza de mercado, hay de todo tipo y condición. Pues para todos, mis mejores deseos, que aunque lo piense durante el resto, es ahora cuando parece obligado hacerlo público. ¡FELIZ AÑO NUEVO! A ver si a fuerza de repetirlo, alguna vez nos sorprende positivamente. Que no se quede en meros deseos y que veamos cumplidas nuestras esperanzas. ¡Aunque toque trabajar para conseguirlo!

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿¡Feliz Navidad!?

¡Pues eso! Que ya está aquí. Como todos los años desde que tengo recuerdos, y posiblemente desde más años atrás, aunque no tengo certeza para confirmarlo, la Navidad está de nuevo llamando a nuestra puertas y, la verdad, no sé si alegrarme.
Desde hace ya unos días, Marisol, la antipática cajera de mi super, Santiago, el quiosquero quisquilloso, Marcelino, quien me sirve ese espantoso café cada mañana, y muchos otros personajes de mi vida diaria, se han puesto de acuerdo, como si les hubieran tocado un resorte oculto, y (seguro que muy a su pesar) me han "deseado" una ¡Feliz Navidad! Como si no supiera que el resto de los días del año, de cada año (salvo el día del resorte, que se repite periódicamente), a Marisol le "arden" las tripas cuando le doy mis cincuenta euritos para pagar la barra de pan o a Marcelino se le enrojecen de cólera hasta los cabellos mientras le pido, cada día y con la mejor de mis sonrisas, mi descafeinado de máquina cortito de café, con leche descremada del tiempo, sacarina y en vaso, que eso de las asas de las tazas no es mi fuerte, pues nunca supe si son para diestros o para siniestros y me hago un lío al tener que decidir si agarrarlas con una mano o la otra.
También compruebo, como cada año por estas fechas, que no puedo quedarme mirando a alguien, siquiera de forma distraída, mientras completo mi paseo diario por las calles salmantinas, pues me arriesgo a recibir de sopetón un inesperado ¡felices fiestas!, lanzado mecánicamente por el desconocido por si un acaso; no sea que yo fuera una de esos "conocidos" a los que jamás se recuerda y tenga la desfachatez de no felicitarme/felicitarse estos días en los que el amor sale de su cascarón y cubre con su almibarado manto cuanto se mueve sobre la superficie terrena. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Pero el colmo de la ironía navideña ha sido cuando esta mañana, como todas las mañanas del día de después del decepcionante día de la lotería, se me viene Torrejón encima, por sorpresa y casi a traición, me planta un abrazo que me deja sin resuello y me espeta sin dejarme capacidad de reacción: ¡Feliz Navidad! ¡Que tengas unas felices fiestas! ¡Ah, y dale un beso a Charo!, mientras yo mascullo el primero de los improperios que se me viene a la cabeza y pongo cara de póker al devolverle los deseos, forzado por una educación que, en estas veces, me gustaría no tener. ¡Torrejón! ¡Faustino Torrejón! ¡El hideputa de Torrejón! Ese al que jamás le dolieron prendas cuando tuvo que pisar mi cabeza para alcanzar el puesto que ocupa; ese que cada día me zancadillea a la menor oportunidad para dejar/dejarse claro que se siente por encima de mí, aunque yo piense lo contrario; ese que, en lugar de saludar, gruñe algo gutural que intenta asemejarse a una frase cuando nos cruzamos por el pasillo; ese, en definitiva, que se olvidó hace tiempo de trabajar para emplear tiempo y esfuerzo en hacerme la vida imposible. ¡Feliz Navidad!, me dice. ¿Feliz Navidad? ¡Anda ya!
En fin. Que se repite la historia. Que tengo que forzarme a sacar la mejor de mis sonrisas y animarme a ser feliz por expreso deseo de los demás. Sin posibilidad de decidir. Sin capacidad de elegir. Y... a comprar regalos inútiles que nadie agradecerá; a templar mis tripas con pantagruélicos banquetes en los que el menos forzado de los asistentes muestra la "sonrisa" del Joker de Batman; a beber esos espumosos de mercadillo que destrozan cualquiera de los conductos orgánicos por los que discurren en el interior de mi cuerpo; a anudarme una corbata obligándome a no poner cara de recién ahorcado; a visitar a esos "amigos" y "familiares" a los que el resto del año intento evitar como si fueran apestados (o lo fuera yo, que puestos a elegir...); a trasnochar en multitudinarios festejos soportando golpes, olores y cogorzas de cientos de "compañeros" a los que se les sube con facilidad el cotillón a la cabeza; a tener los mejores de los deseos para que no se cumplan el año que está por llegar; a sentirme solidario, aunque sea de pacotilla, descargando mi conciencia para el resto del año...
¿¡Feliz Navidad!? Será que hoy me sale el Grinch que llevo dentro o quizá que esta cana que gobierna mis días resuda amargo escepticismo como si fuera brillantina, pero no me creo lo de estas fiestas.
¿¡Feliz Navidad!?, cuando tenemos todo el año para "ejercer de buenos" y lo olvidamos con una intensidad tal que podría ser un claro principio de enfermedad de Alzheimer.
¿¡Feliz Navidad!?... ¡A otro perro con ese hueso!, que bien reza el dicho castellano. O como dijera el misántropo Fernán-Gómez: "¡¡A la mierda!!

jueves, 15 de diciembre de 2011

Retorno

Tres meses... ¡¡Tres meses!! Eso es lo que hace que se me secó la sesera y nada o casi nada ha salido de ella en ese tiempo.
Iba a renovar, otra vez, mi compromiso de mantener este diario al día, pero creo que ya no queda nadie capaz de creer una sola de mis palabras. Sin embargo, ahora, cuando se acerca el tiempo en que se me ablanda la cana, aunque debiera endurecerse con los rigores del clima de esta meseta, se me han ido los dedos al teclado y han comenzado a trabajar por su cuenta, autónomos sumergidos sin cotización.
En estos tres meses podría haber hablado de aquellas cosas que, a mí o a mi mundo, han soplado en mis orejas dejando sensaciones variopintas. Cosas agradables que se quedaron sin publicar en agradecida intimidad. Cosas duras que han resbalado por mis espaldas para caer en el fondo indiferente del paisaje trasero. Cosas y más cosas que por distintas razones no he sido capaz de traer a este almacén de recuerdos.

Hubiera querido analizar con toda enjundia asuntos de calado que, aunque ahora no sea consciente de ello, me afectan más de lo que quisiera. Ibex, prima de riesgo, bajada de salarios, conflictos laborales, EREs diversos... pero, salvo mientras degusto el primero de los cafés, mis neuronas no dan de sí más que para tratar estos temas como si estuvieran contemplando una postal de un recóndito lugar, bonito pero completamente desconocido. Así que dejo esto, por tanto, para expertos "tertulianos" (horrible palabra que se ha cargado a los contertulios de toda la vida) surcadores de ondas.
Hubiera podido tratar aquellas cosas, cosillas, que me ha dado mi día a día. Amigos que se vienen, tertulias (estas de las de verdad) en las que disfruto del tufillo de un brasero imaginario, paseos por paradisíacos parajes que en nada envidian al de la postal anterior (y estos sí que los pateo y los conozco), santitos y cumpleaños, juramentos y gurrumbadas (¡otra vez que me quedé sin ir a Villalpando!), futuro pendiente de una grúa, presente quemándose en la hoguera, mi primera hoguera en la que no es mi casa... Pero, todo se queda en cocimiento de borrajas.
¡Vale! Pues ahora quiero dejar constancia de que no siempre será así, aunque no me comprometa. Aprovecharé los excelentes propósitos que acompañan a las últimas fechas del año para justificar el regreso.
Escribiré en Navidad... y seguiré hasta Ramos.
Y no es una amenaza.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Recuerdos de un verano: La Cana en la playa (y II)

08-08-2011

Gordos.
En mis observaciones playeras, investigación con la vista sin moverme de la butaca, sigo atento a pechos y posaderas para ratificarme en mis conclusiones: escasez de lo uno y diversidad de lo otro. Voluminosa diversidad en los más de los casos. Y, como resultado de datos adyacentes, me fijo en unos y otros, en unas y otras, dándome cuenta de las orondeces que se me pasan por el lado. Cuerpos inmensos que se exhiben por entre las arenas y aguas. Desbordadas panzas que acaparan rayos solares mientras hacen sombra a cuanto se asienta por sus bajos. Redondeces sin lenguaje, o quizá mejor dicho sin acento, pues casi todas se expresan igual, tanto da que vengan del norte o del sur, de levante o de poniente.
Blancos, sonrosados o curtidos por días de exposición, la playa de Chipiona (y, por lo que recuerdo, las otras conocidas) está plagada de gordos. Y no digo pronunciadas barriguitas femeninas resultado del descuido dietético, ni prominentes estómagos cerveceros propios de machos de cuidada bebida. No. Lo que veo son estadísticas, cifras que me hablan de la elevación en la tasa de obesidad. Porque los que pasan a mi lado, son orgullosos cuerpos casi deformes, de muslos tan amplios que deben coordinarse para no entrechocar en sus movimientos, de pechos cuyo volumen se rebosa por las espaldas, de lomos que desbordan la cinturilla del bañador asemejándose más a glúteos superiores, de posaderas que alcanzarían las corvas si no les hicieran tope los desbordados muslos y de papadas colgantes que se rodean por todo lo que en su día debió ser cuello.

Gordos solitarios, gordos en pareja (pareja de gordos) y, lo que más llama mi atención, parejas mixtas en las que solo uno de ellos adolece tal condición (cosa no extraña) mientras el otro, el o ella, luce escultural figura de proporciones casi griegas por lo ajustadas (y esto sí que es chocante).

Pero, en cualquier caso, y como conclusión corolaria al experimento visual, hay un rasgo común a todos ellos que resultaría altamente significativo tras la aplicación del índice adecuado: La sonrisa. Todos ellos pasan por mi lado felizmente despreocupados, luciéndose en la pasarela de arena con caras sonrientes y, seguro, confiadamente ajenos a sentirse observados. Se les nota satisfechos con ellos mismos y carentes de interés por cualquier otra circunstancia. Se muestran en biquini o bañador conscientes, dichosamente conscientes (al menos así lo parece), de sus redondeces.
La playa está llena de gordos felices.

Los pocos ratos que, este año, no he disfrutado del contacto con las arenas, los he pasado torturándome y torturando a mi automóvil en ardua búsqueda de un lugar en el que dejarlo reposar.
Chipiona es un pueblo invadido por utilitarios y, para contrarrestar esta ocupación foránea de quienes venimos allende la Frontera (la de Jerez, se entiende), han "inventado" las puertas de cochera. Cientos de vados invaden las aceras del pueblo. Cientos de rebajes en estas que, con su llamativo color amarillo, advierten al turista de que son huecos impenetrables para él, aunque uno quisiera sentirse ya, en esos momentos, como hijo del pueblo. Cientos de vehículos recorriendo lentamente todas y cada una de las calles de Chipiona, una y otra vez, en busca del espacio suficiente para poder ser ocupado. Pero todos ellos muestran el distintivo local: ¡La banda amarilla! Y los pocos lugares de libre acceso permanecen indefectiblemente rellenos por quienes, les atribuyo, tuvieron algo más de suerte que yo. Pero no les envidio, porque son coches fantasmagóricos, con aspecto de abandono secular, que seguro un día alcanzaron el privilegio de poder estacionar y, desde entonces, permanecen ahí, inmóviles, a pesar de los deseos de abandonar el pueblo que de vez en cuando manifiestan sus propietarios-conductores, muchos de los cuales, estoy seguro, habrán fallecido dejando el coche a su propio albur). Espero que, tras haber alcanzado el privilegio de aparcar en una calle de Chipiona, cuando vuelva a subirme a él para nuestro regreso, éste no se rebele y se niegue a abandonar la plaza conquistada tras tan arduo asedio.
¡Qué difícil es aparcar en Chipiona!


09-08-2011

Esto se acaba. Porque todo pastel tiene su último bocado. Así, habrá que esperar hasta la próxima celebración en la que habrá un nuevo pastel que devorar.
Se acaba y, no sé si por ello, los vientos han cambiado. Del fresco Poniente que nos ha acompañado durante toda la estancia deleitándonos los días, pasamos, el tiempo pasa, a un Levante pesado, caluroso y oscuro. Señal de que lo bueno tiene final.
Fin a esta rutina placentera en la que el no hacer nada se erige en la cuestión del quehacer diario. Ya mañana dejaré de ver el multicolor mar de sombrillas familiares, no habrá más pechos femeninos (que apenas vi) ni culos grandes o pequeños, ni gordos felices orgullosos de serlo (felices, por supuesto).
Carretera y manta dentro de un coche de bélico aspecto, pues en estos días parece que es el único que ha batallado, que se ha arrastrado por campos y trincheras, y se ve ajado, cubierto de polvo y, seguramente, heridas que el mismo polvo sucio que lo cubre impide sean vistas en su superficie.
Adiós a la calma chicha con la mente puesta ya en cajas y cajones, en trabajos temidamente necesarios que nos obligarán a aceptar con crudeza la realidad del mañana más inmediato.
Diría: ¡Volvemos a casa!, pero no puedo. Porque, ahora vuelvo a recordarlo, ya no tenemos casa. Seguimos siendo "homeless" aunque hayamos puesto un paréntesis en Chipiona.


Esta fue la crónica, corta, de lo que sentí en mi Sur. Quizá más simple de lo buscado pero, aunque el cuerpo estuvo allí, la cabeza se dispersó por tantos mundos que solo una pequeña parte prestó atención a lo que allí vivió. Seguro que ahora me arrepiento pero entonces solo fue lo que fue.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Recuerdos de un verano: La Cana en la playa (I)

Sé que llego tarde. Que ahora que termina el verano casi no es momento de hacer la crónica de lo que disfruté para el recuerdo. Pero, fiel a un íntimo compromiso, abriré mi libreta, esa en la que dejé para ahora mis impresiones, y las traeré aquí, a esta alacena en la que todo queda ordenado y sus puertas están siempre entreabiertas para dejar vislumbrar sus anaqueles y lo que en ellos hay. Y haré una transcripción literal, con puntos y comas en el mismo sitio en que quedaron sobre la cuadrícula, en un presente que ahora parecerá añejo pero que me permitirá abrir de nuevo la ventana del recuerdo como si del mismo momento se tratase. Y lo haré por capítulos, uno por día, tal como tenía previsto si hubiese podido hacerlo en su momento virtual.


CHIPIONA =Verano 2011=
04-08-2011

Me va a costar adaptarme a escribir en cuaderno y con bolígrafo, pero esta vez las modernas tecnologías me han vuelto la espalda. Internet no llega hasta el hotel, que no es recóndito, y tendré que hacer mis crónicas de esta manera para transmitirlas en diferido una vez de regreso a casa.

Del viaje poco que contar. Como siempre, primer paso hacia el Sur, con tostada en Mirabel y fonda en Casa Robles, el establecimiento de Sevilla que nos rompe el viaje y nos da ánimos para completar la ruta.

Ahora, primer día chipionero, he salido a explorar. Gente. Mucha gente por las calles. Por las dos calles que ejercen de centro comercial. Tiendas y tienducas rellenan los laterales y, además de sombra, ofrecen sus mercancías a las puertas para hacer parada quienes por allí pasamos.
Vida. Mucha vida. Diferente a la de Sanlúcar. Más pueblo y más vida.
He recorrido calles y plazas intentando fijar en la retina de mi memoria todo aquello que repasaré en los próximos días. Iglesias y mercado. Playa y paseo. Calles y callejones que recorreré con calma veraniega. Observaré y fijaré cada detalle para traerlos a este cuaderno, que desde su principio será de viajes, intentando no perderlos por el camino. Así, al final, quedará un gran poso que pasará a las páginas de un diario que por ahora está cerrado por vacaciones.

Y... ¡niños! Muchos niños inundando las calles de Chipiona. Como en cualquier otro pueblo de Cádiz. Aquí la supervivencia de la población está asegurada.

Leo a don Miguel, sus cuentos, y solo se me ocurre que cada día me envuelve más; que cada día me gustaría más ser como él.
Ahora, cuando la tarde casi se agota, siento que he estado recuperando el tiempo perdido. El ser ocioso se adueña de mí y me recreo en ello. Me preparo para lo que se vendrá, apurando el no hacer nada.
Mientras, imagino la playa atiborrada de ociosos como yo. Pero ociosos dorados tras exponer casi toda su superficie a los penetrantes rayos del Sol. En familia casi todos.
Echaré de menos el galopar de los caballos sobre las arenas atardecidas frente a la marisma.


05-08-2011

Playa. He roto con mi "principio" y he pasado la mañana pisando arena mientras intentaba ponerme en el mundo con la lectura de la prensa diaria. Me he remojado en las aguas que bañan esta playa de Regla superando la aversión que este hecho suele provocarme. Lo cierto es que la brisa, que refrescaba el ambiente, ha hecho llevadera la mañana y así, en la butaquita y a la sombra de una sombrilla, he intercambiado miradas, ora prensa con insignificantes novedades, ora gentes que iban, venían o se quedaban por las cercanías. Gentes locales, de nevera y litro de cerveza, o gentes que, como nosotros, se han llegado hasta aquí con el ánimo cargado y el cuerpo necesitado; deseosos de mar y descanso, de retiro rutinario para dejar aparcada la rutina del día a día. Compañeros de necesidades, porque a todos se nos refleja en el rostro. En una cara que se enrojece por momentos para, así, dar testimonio de nuestro paso por este paraiso, de nuestro descanso.
Reconozco que no echo de menos la cita virtual que me ha marcado cada uno de los días de otros agostos. Que el tacto del bolígrafo, al que nunca llegaré a acostumbrarme, se hace suficiente y que la escritura reposada, sin la necesidad de la inmediatez, relaja las necesidades de lo que, en el fondo y sin llegar a reconocer, solo es algo que quiero para poder recordar en días que sé que perderé la memoria de lo que ahora es fresco por recién hecho.


07-08-2011

Se me agolpa tanta actividad que no me deja un momento para agarrar el bolígrafo. Mañanas de arena, sobre la que ahora escribo, al amparo de un multicolor mar de parasoles. Sombrillas que unen sus copas unas con otras para hacer bosque de sombra que me impide ver el mar, aunque sé que está ahí por su relajante sonido.
Mañanas de relajo en mi butaquita (¡quién me lo iba a decir!) mientras veo y miro, oigo y escucho. Conversaciones para mi intrascendentes a pesar de la profundidad que en ellas ponen quienes las protagonizan. Tertulias de arena, de cervecita y papafritas, para entretener las horas de sol o arreglar el mundo. Que en este Sur que ahora me vive, nunca se sabe.
Y veo mientras miro. Y como ya dije entonces, en este sur familiar apenas hay tetas expuestas al rigor de los rayos solares. Por eso, aunque no sea igual, ahora me da por "calibrar" culos. Posaderas femeninas de variados tamaños y condiciones. Ligeras nalgas flotantes que casi se elevan por sobre las espaldas de sus dueñas o pesados glúteos que tienden a apoyarse sobre la trasera de muslos también amplios. Redondeces que continúan a generosas caderas en curvo recorrido para miradas disimuladas. Traseros solo sutilmente insinuados en la rectitud de cuerpos-estaca, tan apreciados por algunas féminas, básicamente inmaduras por edad, pero poco estimulantes para imaginaciones masculinas, esas que siempre se pierden en la generosidad de las formas aunque cueste hacer pública la confesión.
Culos de soltera y de matrona añosa, cada uno con su atractivo, capaces de sugerir formas y estímulos diferentes según sea el observador. Y yo observo también, aunque también calle.

Se me acumulan las tardes. Dedicadas a la lectura, reflexiva lectura, de los muchos cuentos que me dejó don Miguel, mi Rector, para descubrir una moraleja diferente con cada uno de ellos. Cuentos cortos en extensión pero con una carga de tenso dramatismo que apenas puede ser contenida en tan escasas páginas. Soledades, miserias humanas, conflictos íntimos... para, al final, llegar a feliz conclusión y dejar un poso en el lector, en mí, con el regusto de un buen Pedro Jiménez jerezano o un dulce chacolí, por lo de sus orígenes.
Tardes de visita para el recuerdo. ¡Esas tortillitas de camarón de Casa Balbino! En Sanlúcar la tarde-noche se nos echó encima cargada de salados sudores que habíamos olvidado. Agobio húmedo que se fundía con todos los que pisábamos sus calles. Pero esas tortillitas y el salmorejo de Balbino bien merecen el sudor en la camisa. Y los solomillitos, con sus papas fritas, cebollita pochá y su huevito frito. Y  volver a pasar por la puerta de la Capillita para quedarme "prendao"; y ver cómo la Cuesta de Belén sigue ahí, sin moverse, esperándonos para subirla; y el paseo por la calle y el ambiente veraniego y... Solo nos faltó la procesión de la Patrona. ¡Lástima de fechas!

Y después,... ¡Al Puerto! ¡A los toros! ¡Morante!
Una cita que no por sabida (hace días que teníamos aseguradas unas magníficas localidades) era menos esperada. Porque, como dijo Joselito, "el que no ha visto una corrida de toros en la Plaza del Puerto, nunca ha visto una corrida de toros". Pues allá que nos fuimos, pendientes de Salvador y mediados por Joaquín.
Salvador. El único torero cojo que he conocido, pues la polio no fue capaz de frustrar su ilusión. El único que torea con dos muletas, de las que solo una es de paño. Alguien del que solo puedo decir que es afable al trato y, por lo que me han contado, con una vida cargada no solo de anécdotas aunque estas, como casi siempre, sean lo que más trasciende. Pero sé que su muleta de palo está repleta de experiencia y de cultura, y que su otra muleta, la de percal, le ha permitido codearse con algunas de las mejores figuras del toreo, y eso es, cuando menos, envidiable.

Y Joaquín. El intermediador. El amigo de Salvador. Mi amigo, por el que todo esto, ahora, viene al cuento de mis tardes. El que hizo que los perros danzaran para que nosotros disfrutásemos de una espléndida tarde en la Plaza Real. Hombre sencillo en su culta complejidad, en el que las tradiciones se convierten en hábito diario, haciendo que adquieran la importancia que muchos les hemos quitado. Familia y amigos son su única necesidad y eso hace que los demás aprendamos de él.
Pues sí. Gracias a ellos hemos podido celebrar una tarde de toros de las que cualquier aficionado, cualquiera que hubiese estado allí, recordaremos durante mucho mucho tiempo. Se abrió un tarro de esencias que, al menos para mí, llevaba tanto tiempo cerrado que no alcanzo ni a imaginar cómo eran sus aromas. La sublimación del barroco, sin costales ni parihuelas, anduvo cadenciosa por el albero portuense. Verónicas y medias, naturales de mano tan baja que se arañaban con la arena, derechazos de tan lánguida cadencia que llegaban a retrasar los relojes, ajustadas chicuelinas, banderillas de maestro, artes antiguas rescatadas de la literatura clásica, y sonrisas, muchas sonrisas cómplices con todos y cada uno de los que allí estuvimos. Se "salió" Morante, el de la Puebla del Río, y estuvimos allí para verlo.
También anduvo Manzanares, mano con mano junto al Maestro, pero esa harina es de costal que yo no molí y dejo su historia para cuando pierda la nube que vela los ojos de mi recuerdo. Porque lo de ayer, lo que vimos ayer, lo que vivimos ayer, tiene página propia para cualquier morantista.

Ahora, crecido ya el séptimo día de este agosto chipionero, meciéndome aún en el sueño del Puerto, sigo en mi realidad. Vuelvo a esa playa de arena tan fina que hace misión imposible desprenderla de los entresijos de la piel, de aguas batidas en las que los orines de quienes las disfrutan se diluyen homeopáticamente para entremezclarse con los míos (¡tenía que decirlo!) y formar unidad de lo ya indisoluble. Globalización uréica en las aguas atlánticas. Naturaleza pura.
Playa, digo, a la que voy cogiendo el gusto (¿o será la compañía?) haciendo que olvide otras actividades de las que siempre presumí. Calles e iglesias, tiendas y mercados, gentes y gentes aún esperan mi visita. Mañana saldré en su busca... si no me retienen los bajos del Santuario de la Virgen de Regla. La Virgen de Chipiona.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Dos meses

¡Dos meses! Han pasado más de dos meses ya y es como si no me hubiera movido del sitio. Sigo sentado en la mesa de un despacho que aún huele a vacaciones. A unas vacaciones que me parece no haber tenido aunque el calor siga arreciando en esta Salamanca septembrina.

Sesenta días para haber sentido el Sur como si no lo hubiera sentido nunca; para rellenar cajas con toda una vida y, al tiempo, recuperar muchas cosas que había olvidado; para pisar nuevos suelos y dormir bajo otro techo; para, en fin, haber aprovechado todas y cada una de sus horas sin tiempo siquiera para darme cuenta. ¡Ah!, y para olvidar, sin querer, que había un diario esperándome y un compromiso que ahora intento retomar.

Pasé de sentirme un "okupa" a disfrutar de la calidez del relajante viento de Poniente en la inmensidad de una playa que, bajo el cobijo de la Virgen de Regla, me he atrevido a pisar, sintiéndome uno más de sus hijos.

Allí, asentado entre la Cruz del Mar y el majestuoso faro emblema de la villa, hice posada en la que fortalecer espíritu más que cuerpo, sabiendo lo que debería enfrentar a mi regreso. Y me sirvió, vaya que me sirvió. Sanlúcar y la fugaz visita a Casa Balbino para degustar el encaje de su fritura, El Puerto y una tarde inenarrable en la que el Arte envolvió de verónicas y naturales esta cana de mi alma haciéndole sentir lo que nunca antes había sentido, Jerez y su señorío para hacernos olvidar que agosto es calor, mucha calor... Lástima (o quizá no) que este mundo virtual en el que navego se quedase a las puertas del hotel obligándome a recuperar Moleskine y bolígrafo con los que dejar constancia de mis días de Sur. Quizá, algún día, transcriba aquí lo que quedó en tinta azul, como nuevo capítulo de mi Cana en el Sur, en una maleta o pegada a las finas arenas de esa playa que, a mi pesar, llegué a profanar.

Dos meses para meter toda una vida en cientos de cajas de cartón, para confirmar la amistad solidaria en días de agobiantes temperaturas, para formar un hogar, provisional pero hogar al fin, para sentir la agobiante alegría de los nuevos retos... Porque, a partir de ahora, comienza el mayor de los retos de nuestra vida. Y, como dije hace ya más de dos meses, aun no pretendiendo hacer de esto boletín del día a día, intentaré dejar por aquí lo mejor de esta etapa. Por eso, ahora que ya está casi todo preparado, solo nos queda... ¡empezar!

Compartiré despacho con ladrillos. Mezclaré clases y encofrados. Tendré mi Semana Santa entre planos y azulejos. Y todo ello lo traeré aquí para, al menos, hacer de ello terapia con la que mantener la alegría de una cana que se arruga impresionada por lo que se le viene.
¡Miedo me da!

sábado, 16 de julio de 2011

Noventa años

Cuando, en 1921, hace ahora noventa años, el mundo se encontraba aún recuperándose de la más cruenta de las guerras vividas hasta el momento, los pasos que daba la sociedad en cualquiera de sus caminos, eran dificultosos y lentos aunque, en muchos casos, de trascendencia impresionante.
En España casi todo giraba en torno a las andanzas de Abd-el-Krim y su cábila. Las gentes andaban pendientes del moro y de la respuesta que el ejército español procuraba a sus incursiones. Fue la llamada Guerra de Marruecos en la que el Desastre de Annual, batalla cruenta donde las hubiera, marcó un punto de inflexión definitivo.

Mientras, el resto del mundo quedaba admirado por el juego de un cubanito que, tras vencer a Lasker, se alza con el título mundial de ajedrez. El temperamental habanero Raúl Capablanca se convertirá en el único campeón de ajedrez que diera la isla caribeña.

Seguramente por esos dias, dos jóvenes estudiantes de medicina apellidados Banting y Best también utilizaran parte de su tiempo en este milenario juego de estrategia. Posiblemente dedicaran los descansos de largas jornadas, entre experimento y experimento, a descansar mientras especulaban enfrentados a un tablero. Pero sus nombres jamás destacarían por sus habilidades para mover peones y alfiles, sino que estos quedaran ligados para siempre al descubrimiento de la insulina y, con ello, a la solución de la temida diabetes.

En Salamanca, este 1921, Jesús Sánchez Sánchez, Enrique Esperabé, Isidro Pérez Oliva y Luis Maldonado, lo estrenarán como nuevos senadores del reino, bajo el gobierno de Eduardo Dato, quien morirá victima de atentado terrorista pocos meses después a manos de tres individuos que montaban una motocicleta. ¡Tres en una moto!

Detalles de un año en el que, tal día como hoy, venía al mundo, en un pequeño pueblo del norte de Cáceres quien, con el paso del tiempo, se convertiría en noble militar, fiel esposo y paciente padre. Mi padre.

Hoy, dieciséis de julio, mi padre cumpliría noventa años y no puedo dejar de recordarlo. Porque de esos noventa que hubieran sido, más de cuarenta, que son toda una vida, los pasé junto a él. Aprendiendo aunque no fuera consciente, porque lo que yo aprendí se me impregnó sin palabras, discreta pero firmemente. Educación, principios, maneras de ver la vida y enfrentarla, cosas que jamás me inculcó pero que se me quedaron dentro como si me las hubiera grabado a fuego. Cariños y silencios.
Por eso, aunque el mundo se fije en efemérides guerreras, ajedrecísticas o sanitarias, yo siempre recordaré que 1921 fue el año en que nació mi padre. Y, para mí, en mi egoísmo filial, eso es mucha más efeméride que cualquiera otra.

Por eso, aunque sea ya solo en el recuerdo... ¡Feliz noventa cumpleaños! ¡Felicidades, padre!



jueves, 14 de julio de 2011

OKUPA

Quizá me equivoqué con el título de la entrada anterior. No es que no tengamos techo... lo que no tenemos es casa, aunque sigamos ocupando la que hasta hace nada era nuestra y que ahora, después de tanto tiempo y en un giro casi instantáneo, sintamos como ajena y nos sintamos como ajenos. ¡Ahora somos "okupas"!
Será un par de meses que nos servirán para despedirnos de grietas y roces las paredes, de grifos goteantes y puertas que no encajan (¡mecachis!, cómo me he descuidado últimamente), al tiempo que empaquetamos todo lo nuestro para salir a un éxodo tan particular como deseado. Serán momentos de mirar al jardín y despedirnos apenados de esos árboles que, aún inmaduros, no llegaron a verter sus sombras sobre nuestros cuerpos. Y, al final, echar una mirada a esa chimenea en la que jamás ardiera un leño porque su misión era la de recoger nuestras ilusiones en cada Navidad y desear que siga siendo protagonista de esos días mágicos.
A partir de ahora, cuando se nos abre un nuevo camino por delante que no por deseado deja de ser incierto, creo que he encontrado una nueva línea para renovar crónicas en esta cana de mi alma, aunque no creo que sea tan exhaustivo como para aburrir al personal con esas nimiedades constructivas que, aun siendo solo eso, para quienes nos lanzamos a ello supongan barreras casi infranqueables que darán lugar a desánimos, disgustos y desazones. Pero, a pesar de todo, creo que de vez en cuando traeré por aquí nuestras ilusiones de futuro según las vayamos viendo como realidades. Eso sí, siempre sin excesos.
A partir de ahora, como digo, un nuevo hilo unirá mi cana con el mundo, pero eso no será obstáculo para continuar con el resto de impresiones y comentarios que, deslavazadamente, vengo trayendo a esta ventana cuando el momento y el motivo me lanzan a ello. Volveré a mis recuerdos y a mi día a día. Seguiré pendiente de mi Semana Santa y de sus avatares mundanos. Recalaré en mi Sur, tan deseado, y dejaré sus posos entre el resto de palabras. Porque la vida sigue y ya no quiero mirar atrás.
Ahora, mientras nos despedimos, sabemos que comienza la nueva vida y no vamos a despreciarla.

martes, 12 de julio de 2011

Homeless

No sé si hemos dado un paso atrás para impulsarnos o si el impulso ya ha comenzado con el paso que acabamos de dar.
¡Acabamos de vender la casa!
Así. Sin más. Sin otro resguardo para nuestras cabezas.

Estoy, estamos, a merced del porvenir. Ahora, cuando me siento un "sintecho", creo que acabo de liberarme de una carga que, aunque no quisiera, me atenazaba desde hace tiempo. Estoy sin casa y, sin embargo, creo que la puerta que nos abre el futuro, sin retorno, por supuesto, da paso a mejoras en nuestras vidas que hace solo unos años no éramos capaces ni de imaginar.

Han sido años de felicidad viéndonos crecer entre sus muros. Serán muchos los recuerdos que quedarán tapados por las nuevas manos de pintura dadas por quienes a partir de ahora querrán dejar en ellas sus propias memorias. Son muchas las cosas que se quedarán en ella para siempre sin posibilidad de rescate aunque dejemos copia en el alma. Porque es una parte de nuestra vida la que acabamos de vender.

A partir de ahora, otros "problemas" (incluso sin las comillas) se cernirán sobre nosotros para vigilar nuestros insomnios, acelerar latidos y poner nervios a flor de piel. Estoy seguro. Pero también sé, como me dice Charo, que "alguien" guía nuestros pasos y siempre nos hace encontrar la senda adecuada, aunque creamos que nos estamos equivocando. Por eso, aunque ahora estemos desprotegidos por la carencia de vivienda en propiedad, que no deja de ser el deseo más ansiado por cualquier españolito, y nos sintamos homeless en nuestra propia casa, tengo la sensación de haber vuelto a los inicios, a esos momentos en los que la incertidumbre se asociaba a la juventud para hacer que dudara hasta de las decisiones más sencillas; a esos momentos en los que el riesgo, aunque fuera contenido, era excitante en su propia ilusión; a esos momentos en los que veía como tenía toda la vida por delante.

¡Pues bien! Ahora, cuando más de una cana se arraiga en mi cabeza (no sé si saliendo ya de mi propia alma), me siento más joven que ayer, más ilusionado que anteayer y mucho más seguro que cuando el techo protector de una vivienda propia me había anclado a mi propio conformismo.
Ahora no tenemos casa, pero tenemos todo el futuro por delante.
¡A por ellos!

lunes, 23 de mayo de 2011

Elecciones

Hoy, como casi todo el mundo en España, podría escribir sobre esas elecciones municipales celebradas ayer y sobre cómo los resultados, esperados en la mayor parte de los casos, han servido para confirmar lo que muchos intuían. El batacazo de quienes han apostado por seguir manteniendo las siglas del partido que actualmente rige los destinos de este pais ha sido notorio, doloroso y, sobre todo, más que significativo.
El vuelco en ayuntamientos, diputaciones y comunidades gobernados hasta ahora por el partido socialista es quizá de los más violentos de los últimos tiempos. La reafirmación, incluso notoriamente ampliada, de aquellos gobiernos de municipios, provincias y comunidades que hasta ahora estaban bajo las siglas del Partido Popular es también significativa y así debe ser entendida por analistas y profanos (de entre los que me podría considerar abanderado).
Pues bien, todo esto lo dejo para quienes, como aficionados o profesionales, se dedican al análisis de estas situaciones, a su interpretación más o menos subjetiva y a la redacción de conclusiones que sentarán cátedra en los diferentes medios.
A mí, lo que de verdad me interesa de la jornada vivida ayer como colofón a un periodo intenso, y con su poso trasnochado en el día de hoy, es dejar constancia de cómo unas buenas gentes, vecinos preocupados por su municipio, compañeros y amigos, se han dado hasta la extenuación por una causa en la que han creído y, lo que es más importante, han confiado desde el primer momento hasta el final.
Han sido días de intensidad desconocida por quienes jamás pusimos empeño en ser como ellos. Idas y venidas. Charlas y reuniones. Exposiciones y debates. Dimes y diretes. Fair play contra juego sucio. Realidades frente a entelequias. Disgustos sobrevenidos. Desvelos en soledad. Desvelos en compañía. Defensa de argumentos contra aguijones malintencionados... Y ellos, sin desánimo o con él (que de todo hay, seguramente), han puesto casi más de lo que podían para salir adelante con este empeño.
Y yo, desde fuera, desde esa atalaya que me gusta construirme cuando me da más miedo que respeto meter los pies en el charco, les he admirado desde el primer momento. Yo, desde mi plácida posición de torero de salón, he querido sentir con ellos todo su esfuerzo aunque fuera en la comodidad de mi distancia. Yo, sin querer más implicación que la que me deja en situación de ventaja, me he alegrado con ellos y he querido sentir su pesar casi como ellos, aun sabiendo que sería imposible.
Estos últimos días, en los que aquellos a quienes quiero y admiro por su capacidad y esfuerzo, han dado todo lo que tenían por defender una causa, su causa, sé que muchas almas estuvieron en vilo aun sabiendo que el resultado no defraudaría. Porque el trabajo bien hecho siempre tiene la mejor de las recompensas.
Y ahora, cuando el carro de los vencedores ha comenzado a marchar entre la euforia de muchos, habrá quienes intentarán subirse a él, diciéndose parte del éxito y arrogándose méritos que jamás obtuvieron.
No es mi intención agarrarme siquiera al rabo de los bueyes, sino que desde mi distancia prudente, con la serenidad que me transmiten quienes han logrado su objetivo y con el ánimo ya calmado después de todo, solo quiero darles un abrazo agradecido, una felicitación sincera y mi admiración completa. Por intentarlo y lograrlo sin más escudo que sus propias personas. En equipo, ¡siempre en equipo!
Sé, porque el tiempo me lo ha confirmado, que son capaces de lograr metas que para mí, y seguro que para muchos otros, quedan poco más cerca que el propio horizonte: inalcanzables.
Sé que para lo que ahora son retos, llegará el momento en que sean nuevas realidades, indiscutibles y tangibles (por más que algunos las quisieran ya para sí).
Sé que al final, superados los altibajos del nuevo periodo, que los habrá, se sabrán satisfechos por lo hecho y tendrán nuestro reconocido agradecimiento de nuevo. Aunque nos cueste. Aunque me cueste... a veces.
¡Contáis con muchos!
¡Felicidades!
¡Os admiro!




viernes, 20 de mayo de 2011

Palabra

La capacidad analítica de mi cerebro, si es que en algún momento la tuve, es cada día menor. Quizá por eso necesito envolver mis escasas ideas de forma que queden tapadas por las palabras.
Estoy seguro de que tengo poco que decir, pero me gusta decirlo bien. O, al menos, como yo creo que está bien.
Aun así, la necesidad de hacer rápidamente todo lo que me propongo, el aquí y ahora, me obliga a improvisar todas y cada una de las entradas de este diario. Y seguramente ese sea el motivo de la impresión que se desprende de ellas. No repaso y no corrijo (quizá sí alguna falta de ortografía). Así, lo que sale... sale.
Posiblemente me ocurra igual cuando hablo. Las palabras salen por mi boca sin dar tiempo a decidir si cada una de ellas es la más adecuada en el momento, pero no se puede perder la frescura de la improvisación por buscar el término adecuado. No se debe interrumpir la frase para hacerla más correcta, si no más bonita.
Son pocas, muy pocas, las veces que he consultado un diccionario de sinónimos, aunque me reconozco asiduo del diccionario de la lengua de la Real Academia, ese DRAE que a veces ha llegado a ser mi libro de cabecera y que ahora, cuando la tecnología ha sido capaz de permitir su inmediatez, lo llevo en mi ADSL permanente como otros pueden llevar un bolígrafo... ¡Por si acaso!
Porque el uso correcto de las palabras, no sólo para una correcta sintaxis en la construcción de frases sino también para emplearlas conociendo su significado es algo imprescindible de lo que cada día se prescinde más. Esto, sintaxis y semántica, a veces, solo a veces, puede llegar a ser más absorbente que lo que se quiere decir propiamente. Lo suyo sería alcanzar un equilibrio. Inestable equilibrio.
No destaco por mi elocuencia, lo sé, aunque estaría encantado de que así fuera. Pero de ahí a sacar gusto por la pronunciación afectada en mis conversaciones o discursos va un trecho amplísimo. Es más, creo que, quizá por nacimiento, jamás llegaré a pronunciar correctamente, con afectación o sin ella, esta bendita lengua castellana.
Eso sí, lo que tengo más que claro es que a estas alturas, cuando las canas no solo salen en mi alma, me va costar mucho cambiar lo que ya tengo más que arraigado, por más que lo intente; aunque solo sea por costumbre (como el Diablo lo es por viejo).

Maleducado

Cuando éramos niños, mi madre, momentos antes de comenzar algún periplo de visita a casa de amistades o familiares, pasaba revista y daba las últimas instrucciones a los que, colocados por edades, nos alineabamos junto a la puerta en el zaguán de casa. -Hablad sólo cuando se os pregunte; no hagáis ruido ni os movais sin necesidad...-
Son polvos que, y no quisiera pecar de inmodestia, han traído unos lodos que casi siempre me han hecho sentirme orgulloso, aunque a veces los eché de más y hubiera deseado no tener tanto reparo en reaccionar de forma tan airada como he visto en quienes "presumen" de una educación menos esmerada, si es que la mía lo fue. Porque hay veces en que se ven pasar los acontecimientos como mero espectador pero uno quisiera ser partícipe de ellos y la educación lo impide, haciendo que nos cubra una sensación de enrojecimiento que bien podría ser cobardía.
A veces siento que necesitaría ser más maleducado para poder hacer con descaro lo que el pudor me impide.


jueves, 14 de abril de 2011

Pasear en clase

Desde el primer día, hace ya años, en que me ví al otro lado de la raya, haciendo lo que hasta entonces hacían otros, supe que la quietud no iba a servirme para mis propósitos.
Cuando comencé a ser docente, antes incluso de sentirme como tal, algo en mi interior me impulsaba a no quedarme quieto, a moverme adelante y atrás entre los bancos de los alumnos mientras impartía mis lecciones, al tiempo que el sudor, quisiera creer de de forma imperceptible, perlaba mi frente. Entonces, cuando la inexperiencia era un exudado mucho más perceptible que el producido por mi propia fisiología, estaba firmemente convencido de que ese vaivén era simplemente la manifestación externa e indomable de un estado nervioso típico de principiante.
Con el paso de los años, los nervios fueron aplacados y, a pesar de no desaparecer, controlados hasta hacerme creer que era yo quien los dominaba. Sin embargo, mis paseos por el aula seguían haciéndome sentir de una forma que no conseguía si permanecía estático sobre la tarima ni, por supuesto, escondido tras un ambón protector. Me veía más cerca de los alumnos y, seguro que simplemente como falsa impresión, llegaba a creer que lo que yo contaba calaba más profundamente en quienes ocupaban los pupitres. Esa sensación, agradable, de sentirme uno más, como ellos, frente a la tarima, aunque manteniendo mi parlamento, interrumpido únicamente por alguna que otra pregunta cruzada entre ellos y yo o entre yo y ellos, era algo que crecía día a día.
Ahora, cuando hay veces que incluso me preocupa el exceso de confianza en mí mismo; cuando la experiencia de años de docencia me ha permitido controlar no solo mis nervios sino también el sudor de mis axilas, sigo paseándome arriba y abajo mientras cuento mis clases. Sigo disfrutando de mis parlamentos mientras recorro el aula y lanzo, de cuando en vez, mis preguntas a uno cualquiera de mis alumnos. Sigo pateando los pasillos al tiempo que espero la interrupción, bendita interrupción, de uno cualquiera de mis estudiantes, para plantear una cuestión fundada que surja del matrimonio formado por la duda y la atención a lo que cuento, mientras el resto aprovecha para un corto relajo. Ahora, sé que me veo en mi particular perípatoi, con mi túnica cruzada cual Teofrasto, mientras intento e incluso, a veces, consigo, la atención de los que, sentados en las bancos, dejan de copiar sus apuntes para interesarse por mis palabras. Y me gusta porque me hace sentir cumplidor de mi misión.
Ahora, mientras camino por el aula, he olvidado mis nervios, mi frente está seca, los estudiantes atienden a mi discurso y me siento a gusto.
Soy un peripatético y me gusta.

martes, 12 de abril de 2011

Renovación

Como no soy capaz de atender como se merece este diario de cosas escasas, voy a ver si cambiándole la fachada se me despierta la cana y se lanza a seguir como debiera, engañándola como si de nuevos derroteros se tratase.
Para el cambio he rebuscado mi capirote en el baúl de las cosas queridas, ahora que estamos en épocas cuaresmales, con la semana de Pasión llamándonos insistentemente a la puerta. He revuelto todo y no he sido capaz de encontrarlo. Así que lo único que puedo hacer, ahora que las prisas me agobian con actos académicos y extraacadémicos, es darle fijador a esta cana cada día más desatendida y dejar que esa erección artificial sea acicate para que se afiance en el nuevo rumbo, que no es más que el de siempre.
Nueva cara para reflejar la misma alma de siempre. Nuevo espejo para que me devuelva la misma imagen ilusa.
Que airear los rincones siempre da sensación de estreno.

viernes, 1 de abril de 2011

Estrés relajante

Otra vez que se me fue la inspiración dada por el hábito y me he relajado en el compromiso de mantener este diario que, al paso que voy, no alcanzará siquiera el calificativo de anuario.
Será que la relajada aunque inconstante lectura de la última obra de González Egido me ha absorbido tanto como para no poder dedicar mis tiempos a otras cosas, o que eso a lo que todos llaman Bolonia, aun desconociendo siquiera no solo lo que significa sino lo que es en su esencia más íntima y a lo que llevo unos meses intentando darle el sentido que se le supone, se lleva mi horario del día a día, o que se me ha relajado la fisiología neuronal y mis sentidos, entre los que incluyo el de la atención por lo que me rodea, andan cada día más preocupados por encontrarse a sí mismos que por lo que les circunda... No sé por qué será, pero lo cierto es que desde que me quité el disfraz de carnestolendas no he sido capaz de agarrar el teclado y construir algo mínimamente sólido con lo que reemplazar ese carnaval que, si lo dejo, acaba por comerse el hornazo tras haber paseado su cera nazarena por las calles de la Helmántica profunda.

Será el hastío vernal, ese que a todos nos altera la circulación de nuestras diferentes sangres, o quizá que aún no me he sacudido la tristeza de un invierno que se sigue agarrando al calendario para no acabar de marcharse.  Será lo que sea, pero hoy, primer día en el que he sentido la proximidad de la Semana Santa, renuevo votos y recupero lo abandonado para rescatarlo de este olvido involuntario. Porque hoy, y no sé por qué, he olido por primera vez el azahar de naranjos redivivos y se ha despertado el cofrade que se me esconde en los forros de la cana. Porque hoy, más que mediada la Cuaresma, parece que se ha dado la orden de salida a las actividades nazarenas y, a partir de este momento, se me acumularán actos, presentaciones, viacrucis, exposiciones, intervenciones y pregones varios a los que comprometo mi asistencia, pues es en ellos donde se me renace el espíritu cofrade y donde me siento como pez de acuario con el agua recién renovada.
Por todo eso, espero impaciente a que vean la luz libros y revistas, charlas y pregones, en los que muchos de aquellos a quienes admiro en este mundo tan particular de la Pasión bien entendida, han dejado los mejores momentos de sus últimos tiempos para que los demás aprendamos de sus conocimientos. Porque sé que quienes se comprometen a participar en estas actividades invierten sus horas para que los que vamos por detrás saquemos los mejores réditos de ello. Porque sería incapaz de entender la Semana Santa sin estas parafernalias que dan más cuerpo a nuestras procesiones de lo que muchos intentan hacernos creer.
Esta noche dejaré enterradas las "Raíces del Árbol" para disfrutar de la enjundia contenida entre las páginas de "Pasión en Salamanca" y admirar a quienes son capaces de exprimir lo más noble de esta piedad popular por la que muchos pasamos casi de puntillas. Y tendré que hacerlo deprisa, pues en un par de días, antes siquiera de darnos cuenta, pisaremos las alfombras del Teatro del Liceo, donde se nos desvelarán los misterios de la obra pasional más esperada de los últimos tiempos que, atascada en el canal del parto, ha necesitado de la mayor de las habilidades obstétricas para alcanzar a ver la luz finalmente. La obra, espero que magna, que todos los que mostramos el más mínimo interés por esta ciudad y su Semana Santa deberemos tener siempre a mano en la estantería de nuestra memoria para aprender sorprendiéndonos y salir de todos esos errores a los que nos ancló la leyenda popular.
Sin apenas solución de continuidad, más nuevas revistas con las que disfrutar de su lectura. Christus y Rincón Cofrade son dos de las que tienen fecha en mi agenda y hueco en mi armario. Revistas en las que,  aun siendo todo nuevo, tendré la agradable sensación de una relectura que nace de lo conocido y recordado.
Pregón y palabras para sentir reanunciada la Pasión. Porque si aún están frescas en mi alma las frases con las que Ángel Benito pintó sus paredes, cierta duda me hace esperar con el estómago anudado las de Juan Francisco Blanco, quien será el que ocupe el ambón desde el que nos llamará a llenar las calles con los cirios recién prendidos y el orgullo nazareno destilando por todos nuestros poros.
Y más actos, charlas y conferencias, prosa y poesía, llenarán mis días desde hoy intentando alejar a esta cana que me intitula de estas cuatro paredes virtuales que la encierran. Y música, y comidas compartidas, y exposiciones, y... Hasta explotar el mismísimo Domingo de Pascua en el que todo quedará atrás y comenzará a cerrarse el ciclo recién abierto.
Mi tiempo es escaso, pero siempre queda un poquito para disfrutarlo en la mejor de las pasiones.

sábado, 5 de marzo de 2011

Carnaval

Disfrazar el cuerpo para desnudar el alma. A eso nos atrevemos cuando la cuaresma está llamando ya a nuestra puerta.
Cambiamos de sexo o de forma por unos momentos y disfrutamos puerilmente como si estuviésemos solos entre todos los demás. Porque cuando nos ponemos detrás de una máscara sacamos nuestro interior como si, cual avestruces, creyésemos que nadie nos ve, aunque estemos expuestos a la vista de todos. O, quizá precisamente, para exponernos sin pudor a quienes nos miren, exhibiéndonos orgullosos y sin recato. Y cantamos nuestras miserias y las que les suponemos a los otros, aliviando los pesares que nos atan durante el año.

Ahora, en Cádiz, en mi Cái, coros y cuartetos, comparsas y chirigotas, toman las calles al asalto para sacar lo más escondido de cada uno de ellos aunque para ello hayan tenido que trabajar durante todo el último año. Hacen chanza de lo que en otro momento haría que las lágrimas brotaran sin esfuerzo. Se ríen de nuestra miseria, de la suya propia, de la vida y de la muerte, ocultos tras una máscara que les hace invulnerables.

Ahora, mientras medio mundo se rebela contra sí mismo y el otro medio ve como se le vacían los bolsillos mientras se vuelve loco buscando el roto en el hondón, nosotros giramos la cara, nos sujetamos la barba postiza y nos atrevemos a pensar que nada de eso es real. Por eso le ponemos música y lo cantamos por cualquier rincón. Aventamos las miserias del mundo creyendo, quizá, que con ello serán menos reales, aunque mañana, o pasado, cuando la cuaresma nos haga regresar a nuestro día a día más secular, volvamos a ser conscientes de que la sangre de los inocentes es tan real como siempre, de que nuestras arcas siguen tan vacías como la semana anterior, si no más, y de que la vida se vuelve gris en el mismo momento en que limpiamos el maquillaje de nuestro rostro y nos quitamos el disfraz para arrinconarlo en cualquier lugar pues ya perdió su efímero sentido.

Ahora, cuando la alegría más mundana invade La Viña o la Plaza del Mercado, intento unirme a la fiesta y busco mi disfraz. Quisiera estar allí, aunque tenga que conformarme con la oficialidad de la televisión pública (¡Bendita globalización!). Me pego a la pantalla y me uno a todos y cada uno de ellos como si el patio de butacas del Falla estuviese en mi salón y el mando a distancia del televisor fuese el de los cortinones de su escenario. Y canto como si fuese uno de ellos mientras caigo en la cuenta de que solo he disfrazado mi alma, que no he sido capaz de entintar mi cana y que sigo dejándome ver por dentro y por fuera. Pero por un momento, sueño. Por un momento me tomo una cervecita con erizos en El Mentidero o me quedo quieto para ver pasar el cortejo por Puerta Tierra mientras me resuenan unas "alegrías" por dentro como si fuesen fuegos de artificio. Me escapo del sofá y me marcho con ellos a disfrutar de un anochecer entre churros y chocolate, junto a Carlos, el granaíno, para tararear por lo más bajo... "La Habana es Cádiz con más negritos. Cádiz, La Habana con más salero...".
Lástima que todo sea falso y mañana siga todo igual.

Lástima que solo sea carnaval.

sábado, 29 de enero de 2011

Pedazos de corazón

Quienes me conocen saben que aparte mi Pasión, la mayúscula, tengo otras pasiones más pequeñas pero que se encargan de completar ese no sé qué que me acompaña día a día. Los libros y las estilográficas son esas aficiones que guardo desde los años de infancia, cuando tenía que acudir cada dos por tres al garito de don Ángel y gastarme parte de mis ahorrillos en "otra" nueva Inoxcrom 77 pues ninguna de las que tuve por aquellos días llegaba a superar las duras pruebas de resistencia a las que eran sometidas entre mis pueriles manos. Y el parque de plumas estropeadas aumentaba y aumentaba al tiempo que yo pasaba los cursos. Y ese puede ser, quizá, el origen de esta pasión mía por estas herramientas de escritura. Cada una con un recuerdo; cada una con un sentido; cada una con un cariño.
Ayer, una nueva estilográfica se vino a sumar a las demás. Una preciosa pluma de refulgentes brillos en su negra resina se ha incorporado inesperadamente a la vitrina en la que reposan las otras, muchas ajadas y otras rotas, pero todas exponiéndose orgullosas de una vida plena. Un ejemplar de la Montblanc Anniversary edition ha llegado a mi alma, pues viene cargado de mucho más que lujo y diseño. Es una estilográfica que ha salido del cariño de quienes sabían que no era necesario, pues el cariño, aunque a veces nos cueste enseñarlo, nos lo sabemos a flor de alma y, aun en la fría distancia, es lazo invisible que nos mantiene unidos sin esfuerzo.
Ayer, he abierto ilusionado una caja en la que solo esperaba encontrar una nueva estilográfica y me he sorprendido al ver que, abrazándola, protegiéndola y añadiéndole un valor que jamás tendrá cualquier otra, venían cuatro pedazos de cuatro corazones para hacer de todos uno. Para unirse al mío, resquebrajado, y tapar sus grietas y ser uno para siempre. Sin fisuras. 
Ayer, he recibido lo que, por sabido, no necesitaba. Pues nada de lo hecho esperaba recompensa, aunque nos venga bien, de vez en cuando, sabernos y sentirnos queridos. Y, como siempre, cuando tiene que ser el corazón el que hable por nosotros para manifestar el agradecimiento sentido, aquél se oculta en lo más recóndito de sus lugares íntimos y se nos quedan frío el rostro y cortadas las palabras por mucho que luchemos para que esto no sea así. Pues ese agradecimiento que apenas se me vio en la expresión de mi cara, no sé bien por qué, quiero traerlo ahora y dejarlo aquí, a la vista de quienes quieran fijarse en él. Que se me vea el orgullo de contar con cuatro hermanos que me quieren y la ilusión de sentirme querido.
Ahora soy yo el que debe agradecer todo lo que, desde el silencio, habéis hecho. Con el alma, ¡gracias, hermanos!

jueves, 27 de enero de 2011

Todos por Igual

Lo decía en mi anterior comentario. Últimamente, por las noticias que van llegando a mis duros oídos, parece que la Semana Santa salmantina despierta del letargo invernal y se despereza mientras espera la llegada de su momento. Se mueve la Junta de Cofradías, se mueven las Cofradías y Hermandades, se mueven las bandas y agrupaciones musicales, se mueven los cofrades... y todo ello ha dado pie al nacimiento de algo que, al menos en sus propósitos iniciales, confía en mantenernos informados sobre cualquier cuestión relacionada con la pasión que nos une y en mantenerse, así sin adjetivo, solo mantenerse en el duro mundo de la noticia, del día a día. Ese algo es "Todos por Igual. Periódico digital de Semana Santa Salamanca" que se nos presentó de repente, al menos a mí, para ocupar un hueco que estuvo ahí desde siempre. Porque la prensa local, tanto escrita como virtual, en su carácter generalista, siempre ha destacado por su escaso interés en los temas cofrades y, cuando el momento requiere de su atención, son tantos los errores de los que dejan constancia que es preferible hacer caso omiso de sus informaciones. Porque las páginas que se pueden encontrar en el mundo virtual en forma de diarios, magazines, personal pages y otros formatos de los que desconozco la denominación, normalmente son más para análisis (más o menos objetivo según sus autores) y crítica que para mera información. Porque las barras de las tabernas, en las que circula tanta información como en la más prestigiosa de las agencias de noticias, son, a pesar de todo, lugares de ocio en los que la exaltación de la amistad (o de la enemistad, que muchas dagas se han clavado entre copa y copa) hace que la noticia pierda frescura en favor de la subjetividad de los contertulios, deformándose, además, en el trasiego del boca a boca.
Este "Todos por Igual", entonces, viene a aglutinar todo lo que la Semana Santa de Salamanca genera a su alrededor para dejárnoslo a la puerta de casa y así hacernos más evitables los posibles esfuerzos de trasteo por los distintos medios en busca de la información.
Se presenta este periódico virtual de forma cuidada y accesible, cosa de agradecer por quienes solo vamos buscando la inmediatez de la noticia y no su enjundia, que para eso ya estamos nosotros. Muestra apartados claramente sencillos que no confunden a unos lectores acostumbrados a esa terminología y permite la participación de estos últimos en la forma inmediata de comentarios a los textos o bien con sus colaboraciones más elaboradas con las que se constituye una Tribuna Abierta que han dado en llamar "El Sanedrín". Separa Pasiones de Glorias, entrevistas de reportajes, noticias de comentarios,... todo ello con una estructura, como digo, bien elaborada y en la que se aprecia el esfuerzo de quienes están detrás, a los que desconozco en su mayoría, lo que me permite (o eso creo) ser más objetivo en mis comentarios.
Estoy seguro de que, a partir de ahora, seguiré su actualización para mantenerme informado y, sobre todo, poder tener mis comentarios actualizados gracias a su información. Por eso, una de las cuestiones que se tornan como fundamentales para una vida sana de este periódico digital, es que el proceso de renovación de la noticia, que la inmediatez en la comunicación, sea tan ágil como el medio lo permita, aunque imagino que el carácter amateur de los redactores (por lo que he podido observar en quienes firman las aportaciones) puede ser un impedimento al no tener estos una dedicación en exclusiva, pero que se puede paliar con la ilusión de quienes confían en este proyecto. Cuestión aneja a esto de la renovación será si se llega a generar un volumen de información suficiente y, sobre todo, si los que han puesto en esto su empeño van a ser capaces de acceder a todo lo que puede interesar a los cofrades salmantinos si tenemos en consideración (cosa que ya critiqué en su momento) el oscurantismo que suele rodear a las actividades cofrades y la afición por "sorprender" que tenemos todos los que estamos implicados, de una u otra forma, en la Semana Santa salmantina. Además, como información es poder, habrá quienes sigan manteniendo que cuanto más ignorantes estemos los de a pie, más poder abarcarán en sus morralas, intentando no solo guardarse la noticia, sino intoxicar con bulos que pudieran hacer perder la credibilidad al periódico. Ahí se verá si los periodistas de este medio serán capaces de bregarse, hacerse con fuentes fiables y extraer el jugo a este limón de espesa cáscara.
Por último, si bien he comentado que "Todos por Igual" se nos presenta en un formato agradable y bien cuidado, no quisiera dejar de lado el que no todo debe ser fachada; que el contenido de cada noticia debe ser veraz y contrastado, que la objetividad debe primar sobre el pequeño corazón cofrade de cada uno de los redactores y que lo bien hecho siempre será mejor. Por eso les pido que pongan cuidado no sólo en el contenido o en la estética y que, aunque inevitables a veces porque todas las imprentas tienen su duende, frases y párrafos se escriban con una correcta sintaxis, que se empleen los términos adecuados que para ello está la semántica y que los errores ortográficos brillen por su ausencia, aunque para ello haya que estudiarse la nueva Ortografía de la RAE.
Termino, animando a quienes se embarcaron en el proyecto, deseándoles continuidad en el tiempo y éxito en su empeño. Porque, solo por dedicarse a mantener al día a los cofrades en lo que de otra manera no trascendería, merecen el estímulo y la gratitud de todos nosotros.

martes, 25 de enero de 2011

Dientes de sierra



Siguiendo el rastro de las visitas que recibo a lo largo de los días, de estos días en los que no sé si es la desgana o la ausencia de inspiración la que hace que pasen uno tras otro sin renovación en este diario, me ha sorprendido encontrar una relación que, aun esperable, no deja de ser curiosa. Así, veo que cuando surge alguna noticia de cierto interés (es decir, con posibilidad de ser "analizada"), el número de visitas aparece crecido a pesar de que la renovación de mis propias palabras sea algo inexistente. Se incrementa el número de quienes, imagino, se pasan por aquí en busca de, no sé muy bien cómo catalogarlo, un recuerdo, una crítica o, simplemente, unas palabras para poder confirmar o refutar las propias de cada cual, de quienes esto visitan. Y las noticias de cierto interés, (lo siento por quienes, aun siendo asiduos, no alcanzan a compartirlas), las que generan este incremento en los contadores de visitas, siempre van asociadas a la Semana Santa salmantina y sus avatares más o menos enrevesados.
Cierto es que hace tiempo, quizá menos del que imaginaba, que no he vuelto a sentir ese pellizco que me obligaba a poner por escrito lo que yo, y otros muchos, pensábamos con mente crítica (o al menos la intención). Había perdido el interés por esa pasión que me ató durante años y de la que aún guardo marcas de las ataduras en el envés de mi alma. Pero también es verdad que, a pesar de esta dejadez intencionada, uno de los motivos que, desde el primer momento, movieron mis entresijos anímicos, si no el más importante, fue la herencia que me dejó quien compartió conmigo mucho más de lo que nunca hubiese llegado a sospechar y que no es sino el compromiso de mantener su pequeña llama encendida en nombre de una Pasión de la que disfrutó como si solo hubiera estado él. Por eso este conflicto por no escribir a pesar de tener que hacerlo esporádicamente.
Que el flamante presidente de la Junta de Cofradías visita a la presidenta de la Diputación Provincial, pues se dispara el número de quienes se asoman a esta ventana. Que aparece un nuevo diario digital para tenernos informados puntualmente de lo que acontece en nuestra Semana Santa, al poco la cifra de los que imagino esperando algo de mí o de mi cana, sube para marcar un nuevo hito. Que se termina la restauración de las cubiertas de la Iglesia de la Santísima Trinidad y se vuelve a hablar del ya manido Museo de la Pasión, el pico de la gráfica que me muestra a todos los visitantes en un momento determinado, aparece sobre los que le preceden cual Mont-Blanc virtual en el pequeño mundo de mi cana. Siempre que aparece alguna novedad sobre este "mundo pasional" que a muchos sorprende, veo cómo la cantidad de los que me siguen silenciosos pero esperando ver el correspondiente comentario, aumenta explosivamente y decae poco a poco en los días siguientes.
Me sorprende. Todavía me sorprende que, a pesar de tener cada vez más abandonada esta tarea crítica para con la Semana Santa salmantina, haya quienes esperan de esta cana de mi alma algo más que mi día a día comentado.
Me agrada comprobar que todavía queda quien me visita para conocer mi parecer sobre lo que siempre está en boca de todos antes incluso de ser noticia, rumor o comentario.
Cada día estoy más despistado y esta cana que rige cada una de las palabras que surgen desde el teclado del portátil se aleja de aquellos comentarios, por lo que apenas alcanzo a conocer las novedades en tiempo de que no pierdan su valor intrínseco y la cana de mi alma se niega a inspirar cualquier frase legible que sirviera para expresar lo que cualquiera de esas cosas despierta en mi fuero interno. No obstante, aunque solo sea por mantener esos dientes de sierra que se forman en las gráficas de visitantes, voy a ver si convenzo a mi cana para aumentar la frecuencia con la que comentar esas cosillas pasionales que solo nos interesan a unos cuantos de los que algunos pasan por aquí.
Intentaré actualizarme ahora que se nos viene la Cuaresma.

miércoles, 5 de enero de 2011

Mi Cuarto Rey Mago

¡Pues sí! Termino ahora mismo de dar lustre a mis zapatos aunque sé que no será ésta una auténtica noche de Reyes.
He decidido, en contra de lo que ocurrió en años anteriores, dejar mis zapatos relucientes junto a la chimenea para que sean vistos por sus majestades de Oriente, aunque tengo la certeza de que mi carta no llegó a su destino. No sé si es porque equivoqué la pluma o confundí el papel; quizá sea porque no alcancé a dar con el buzón adecuado o porque esta chimenea de casa jamás conoció la llama de un buen leño; puede ser que en mi inconsciencia haya renegado de la magia de esta noche o que esta cana mía se haya convertido en negro faro sin canto de sirena... O quizá es que la cruda realidad se ha hecho fuerte en lo que siempre creí mi corazón infantil y ahora, cosa que nunca antes me había ocurrido, reniegue del encanto que siempre soñé en noches como esta.
Sé que aunque ponga buena cara, el frío helará mi sonrisa y la lluvia, pertinaz lluvia la de hoy, calará los tuétanos de la ilusión obligándola a apagarse si siquiera haber comenzado a arder.
Vestiré mi cana con las mejores galas a pesar de la desgana. La peinaré con esmero aunque las púas se agarren a ella como zarzas resecas. Recogeré dulces caramelos al paso de los Magos aunque el acíbar de mi boca impida saborear el gusto de su esencia. Esperaré confiado unos regalos que no llegarán. Y por eso, sólo por eso, he abrillantado mis mejores zapatos, esos que aún no estrené, para ponerlos junto a la chimenea sin llama.
Estoy convencido de que fui bueno. Bondad pueril, aprendida a lo largo de años y años de experimentar con ella, por la que me creí suficientemente capacitado como para escribir una carta que llegase a sus manos, fuese leída, entendida y correspondida. ¡Pero, no! Ellos han debido ver la parte de atrás de mi alforja, esa que jamás alcanzo a peinar, y contestaron a vuelta de correo:
- Como no has sido todo lo bueno que esperábamos, hemos decidido hacer caso omiso de tus peticiones, consolarte con cualquier cosilla y confiar en que te sirva de lección para años venideros.-
Se me partió el alma antes incluso de rasgar el sobre que la contenía. Sabía que podía pasar, aunque todavía quedaba un pequeño cerillo encendido para alimentar la esperanza. La dura realidad se abrió ante mis ojos y la cana se me enmarañó como si quisiera esconderse de sí misma. ¡Es lo que hay!
Pero, aun así, he frotado mis mejores zapatos como si esa carta jamás hubiese llegado a su destino. He peinado mi cana como siempre y he vaciado mis bolsillos para traerlos cargados de dulces ilusiones tiradas a raudales desde las carrozas que recorrerán las calles de la ciudad. Me pongo mi mejor sonrisa para engañar a los mismísimos Magos y disfrutaré de esta noche tanto como la disfruté los muchos años de los que aún mantengo recuerdos.
Porque, de su carta de respuesta, he tachado casi todo el texto y sólo he subrayado un par de palabras: "cualquier cosilla". Pues, aunque ellos hayan querido hacer de ésta una noche diferente, sé que esas "cosillas" que me dejarán como consolación serán el mejor de los regalos. Mucho mejor que lo que yo pedí en mi carta y que ellos me negaron. Porque son las pequeñas cosillas las que me alegran el alma, las que se me dan sin intereses, las que se ofrecen para tapar mis rotos sin pedir a cambio nada más que una sonrisa, las que se acumulan día tras día para hacer muro tras el que ocultar la decepción. Y todas, todas, vienen siempre en manos del mismo paje de blanquísima y cariñosa sonrisa. Emisario portador del mejor de los regalos en forma de amor permanente. Enviado que, desde hace ya tanto tiempo que casi no recuerdo, se repite año tras año, atento a todo, pero siempre en segundo plano.
¡Ya caigo en la cuenta!
¿No será el cuarto Rey Mago?
¡Seguro!
¡Es mi cuarto Rey Mago!
Ahora sé que no he perdido el tiempo limpiando mis zapatos.