¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

sábado, 27 de marzo de 2010

Calles Nazarenas de Salamanca XXVII: Plaza Mayor

Serás la última. No sé si por importante o por confianza, que siendo como eres el cuarto de estar de todos los salmantinos, es más sencillo saltarse los protocolos.
Serás la última pero sabes que eres el centro de todo. Sabes que la Semana gira en torno a ti y te dejas querer como una novia. Engalanas tus balconadas y abres tus arcos, esos ojos siempre pendientes de que todos los que te paseen estén a gusto, para dejar que cofrades y cofradías luzcan sus galas mientras te rodean. Explosión dorada en estos días de Pasión en los que todas las cofradías te tienen como vértice de sus desfiles. Bueno,...no todas. Hay quienes, en su austeridad, jamás osaron llegar a penetrarte. Pudorosas, las penitenciales hermandades sólo se atreven a mirarte desde fuera, atravesando tus puertas con sus miradas, pero sin alcanzarte con sus cruces y faroles. Y tú, en esos momentos en que ves cómo te dejan a un lado, te entristeces. Pero sabes, porque lo sientes, que estos que pasan por tus afueras también se entristecen al verte desde la distancia. Amor,  Paz, Luz, Sabiduría... conscientemente resignados te rozan para seguir su camino.
¿Y las demás? ¡Ay, las demás! De Domingo a Domingo te unen a ellas para hacerte la más nazarena de las plazas. La más cofrade de las calles nazarenas. Y se esmeran a su paso por todos y cada uno de tus pabellones. Se colocan cirios y capirotes. Se entonan marchas en las que el redoblar de tambores y el sonar de cornetas se aúnan en perfección. Y los cofrades, sabios por viejos, ensanchan su corazón sabiéndose mirados. Sabiéndose admirados en su liturgia popular. ¡Qué mejor sitio que la Plaza Mayor para predicar con el ejemplo!
Medallones que vuelven sus ojos a las imágenes de pasión. Barroco en barroco. Conjunción de perfecciones que extasían a cuantos gustan de esta apacibilidad. Propios y extraños se sentirán conocidos y hablarán, de esto o aquello, mientras disfrutan del paso de nazarenos, cirios, flores, bandas, incienso e incensarios... como si estuvieran en casa. Sólo un momento de respeto cortará conversaciones: ¡Está pasando el Señor! Y algunas manos, en gesto aprendido, llevarán sus dedos índice y corazón a la frente, el pecho y los hombros. La señal de la cruz.
Borriquillas, flagelados, yacentes, crucificados, eccehomos, rescatados, nazarenos, resucitados,... y vírgenes, muchas vírgenes, pasarán por tí dejándose ver. Dejando ver a los fieles, creyentes o no, que hay quienes son capaces de sacar a la calle su credo sin pudor. Y tú, orgullosa de ser parte de ello, te inundas de sol, te llenas de luna, te luces completa para que cofrades y cofradías estén en tí como en el salón de su casa.
Semana intensa que llega a su fin. Cristo y su Madre cara a cara. Alegría en los rostros mientras el sol se cuela por todas tus rendijas. Te animas, sabiendo que todo llega a su fin, y dices bajito: ¡Felicidad hermanos! ¡Es Pascua de Resurrección! Y todos te oímos, pero nos perdemos en la alegría bulliciosa y no nos atrevemos a responderte.
¡Feliz Pascua, hermana Plaza!


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto, hiciste la referencia, lo que no me dijiste fue lo de tu entrevista en La Gaceta. Nos vemos el Martes (d.m.) Hno del Taurino

Félix dijo...

¡Hombre!, Hermano del Taurino, es que presumir... no está bien.
Nos vemos el Martes.
Cordialmente,
Félix