¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

viernes, 5 de marzo de 2010

Calles Nazarenas de Salamanca XIII: Calle de Palominos

Calle alegre, siempre alegre, que, en singular o en plural (que da lo mismo), cada Madrugada te renuevas cuando por tu cuesta asoma la radiante luminosidad de una Madre. Porque sabes, como lo saben las esbeltas torres que te custodian desde el otero, que el esfuerzo de los costaleros va a ser pagado con creces cuando estos alcancen tu cima. Y, por ello, te preparas toda tú para acoger al cortejo. Te suavizas en tu áspera dureza para que los pétalos, aún palpitantes de vida, de flores recién cortadas, se hagan uno con el verde manto de la que jamás perdió su esperanza, en tapiz de inigualable tejido. Pétalos lanzados a un vacío que Ella hace desaparecer, pues todo lo llena, fundiéndose con la ardiente cera. Manos benditas de mujeres entregadas en las que se ve marcado el esfuerzo de su labor. Manos sin pulir que se abrazan a los pétalos para soltar, junto a cada uno de ellos, un pedazo de ellas mismas, un recuerdo para los que sufren y el amor que ponen en generosa entrega.
Suena una marcha y la Virgen sonríe.
Suena una marcha y los nazarenos sonríen. Sonrisas cubiertas por el caperuz del alma. Sonrisas invisibles.
Ascienden los pasos y los balcones se engalanan de fieles que, somnolientos pero atentos al paso del cortejo, dejan escapar su oración mientras las angarillas les lanzan sus brillos entrelazados con olorosas volutas del mejor de los inciensos.
Calle radiante que esperas paciente al regreso de la Dama. Que te mantienes atenta para verla descender, ahora de negro luto y triste sonrisa, en la más cruel de las soledades. El vacío del alma que deja el Hijo muerto. Luto sereno de mujer y madre. Negro azabache para decirle al pueblo que aun en Soledad, siempre hay Esperanza. Mientras, los costaleros recogen el sudor de sus rostros enjugándolo con el mejor de los sudarios, con el negro hábito de su pasión. Y nuevos pétalos, de nuevas flores redivivas, siguen cayendo sobre su manto mientras abajo, impasible, espera el más bello de los estandartes pétreos para contemplar en absoluta quietud su llegada.
Calle de Palomino o Palominos (que da lo mismo), que acoges el silencio más andaluz de quienes se ofrecen a pisarte para contigo rezar en penitencia.
¿Sevillana?... ¿Malagueña?... ¡Salmantina!

2 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Oleeeeeeee, Calle especialmente donde como tu dices las dos Madres de Salamanca, La Esperanza y La Soledad reviven y nos apasionan.

Calle de esfuerzos recompensados.

Muchísimas Gracias Félix.

Félix dijo...

Bueno, Jose, muchas gracias a tí. Seguimos en el empeño.
Cordialmente,
Félix