¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

jueves, 14 de julio de 2011

OKUPA

Quizá me equivoqué con el título de la entrada anterior. No es que no tengamos techo... lo que no tenemos es casa, aunque sigamos ocupando la que hasta hace nada era nuestra y que ahora, después de tanto tiempo y en un giro casi instantáneo, sintamos como ajena y nos sintamos como ajenos. ¡Ahora somos "okupas"!
Será un par de meses que nos servirán para despedirnos de grietas y roces las paredes, de grifos goteantes y puertas que no encajan (¡mecachis!, cómo me he descuidado últimamente), al tiempo que empaquetamos todo lo nuestro para salir a un éxodo tan particular como deseado. Serán momentos de mirar al jardín y despedirnos apenados de esos árboles que, aún inmaduros, no llegaron a verter sus sombras sobre nuestros cuerpos. Y, al final, echar una mirada a esa chimenea en la que jamás ardiera un leño porque su misión era la de recoger nuestras ilusiones en cada Navidad y desear que siga siendo protagonista de esos días mágicos.
A partir de ahora, cuando se nos abre un nuevo camino por delante que no por deseado deja de ser incierto, creo que he encontrado una nueva línea para renovar crónicas en esta cana de mi alma, aunque no creo que sea tan exhaustivo como para aburrir al personal con esas nimiedades constructivas que, aun siendo solo eso, para quienes nos lanzamos a ello supongan barreras casi infranqueables que darán lugar a desánimos, disgustos y desazones. Pero, a pesar de todo, creo que de vez en cuando traeré por aquí nuestras ilusiones de futuro según las vayamos viendo como realidades. Eso sí, siempre sin excesos.
A partir de ahora, como digo, un nuevo hilo unirá mi cana con el mundo, pero eso no será obstáculo para continuar con el resto de impresiones y comentarios que, deslavazadamente, vengo trayendo a esta ventana cuando el momento y el motivo me lanzan a ello. Volveré a mis recuerdos y a mi día a día. Seguiré pendiente de mi Semana Santa y de sus avatares mundanos. Recalaré en mi Sur, tan deseado, y dejaré sus posos entre el resto de palabras. Porque la vida sigue y ya no quiero mirar atrás.
Ahora, mientras nos despedimos, sabemos que comienza la nueva vida y no vamos a despreciarla.

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