¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿¡Feliz Navidad!?

¡Pues eso! Que ya está aquí. Como todos los años desde que tengo recuerdos, y posiblemente desde más años atrás, aunque no tengo certeza para confirmarlo, la Navidad está de nuevo llamando a nuestra puertas y, la verdad, no sé si alegrarme.
Desde hace ya unos días, Marisol, la antipática cajera de mi super, Santiago, el quiosquero quisquilloso, Marcelino, quien me sirve ese espantoso café cada mañana, y muchos otros personajes de mi vida diaria, se han puesto de acuerdo, como si les hubieran tocado un resorte oculto, y (seguro que muy a su pesar) me han "deseado" una ¡Feliz Navidad! Como si no supiera que el resto de los días del año, de cada año (salvo el día del resorte, que se repite periódicamente), a Marisol le "arden" las tripas cuando le doy mis cincuenta euritos para pagar la barra de pan o a Marcelino se le enrojecen de cólera hasta los cabellos mientras le pido, cada día y con la mejor de mis sonrisas, mi descafeinado de máquina cortito de café, con leche descremada del tiempo, sacarina y en vaso, que eso de las asas de las tazas no es mi fuerte, pues nunca supe si son para diestros o para siniestros y me hago un lío al tener que decidir si agarrarlas con una mano o la otra.
También compruebo, como cada año por estas fechas, que no puedo quedarme mirando a alguien, siquiera de forma distraída, mientras completo mi paseo diario por las calles salmantinas, pues me arriesgo a recibir de sopetón un inesperado ¡felices fiestas!, lanzado mecánicamente por el desconocido por si un acaso; no sea que yo fuera una de esos "conocidos" a los que jamás se recuerda y tenga la desfachatez de no felicitarme/felicitarse estos días en los que el amor sale de su cascarón y cubre con su almibarado manto cuanto se mueve sobre la superficie terrena. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Pero el colmo de la ironía navideña ha sido cuando esta mañana, como todas las mañanas del día de después del decepcionante día de la lotería, se me viene Torrejón encima, por sorpresa y casi a traición, me planta un abrazo que me deja sin resuello y me espeta sin dejarme capacidad de reacción: ¡Feliz Navidad! ¡Que tengas unas felices fiestas! ¡Ah, y dale un beso a Charo!, mientras yo mascullo el primero de los improperios que se me viene a la cabeza y pongo cara de póker al devolverle los deseos, forzado por una educación que, en estas veces, me gustaría no tener. ¡Torrejón! ¡Faustino Torrejón! ¡El hideputa de Torrejón! Ese al que jamás le dolieron prendas cuando tuvo que pisar mi cabeza para alcanzar el puesto que ocupa; ese que cada día me zancadillea a la menor oportunidad para dejar/dejarse claro que se siente por encima de mí, aunque yo piense lo contrario; ese que, en lugar de saludar, gruñe algo gutural que intenta asemejarse a una frase cuando nos cruzamos por el pasillo; ese, en definitiva, que se olvidó hace tiempo de trabajar para emplear tiempo y esfuerzo en hacerme la vida imposible. ¡Feliz Navidad!, me dice. ¿Feliz Navidad? ¡Anda ya!
En fin. Que se repite la historia. Que tengo que forzarme a sacar la mejor de mis sonrisas y animarme a ser feliz por expreso deseo de los demás. Sin posibilidad de decidir. Sin capacidad de elegir. Y... a comprar regalos inútiles que nadie agradecerá; a templar mis tripas con pantagruélicos banquetes en los que el menos forzado de los asistentes muestra la "sonrisa" del Joker de Batman; a beber esos espumosos de mercadillo que destrozan cualquiera de los conductos orgánicos por los que discurren en el interior de mi cuerpo; a anudarme una corbata obligándome a no poner cara de recién ahorcado; a visitar a esos "amigos" y "familiares" a los que el resto del año intento evitar como si fueran apestados (o lo fuera yo, que puestos a elegir...); a trasnochar en multitudinarios festejos soportando golpes, olores y cogorzas de cientos de "compañeros" a los que se les sube con facilidad el cotillón a la cabeza; a tener los mejores de los deseos para que no se cumplan el año que está por llegar; a sentirme solidario, aunque sea de pacotilla, descargando mi conciencia para el resto del año...
¿¡Feliz Navidad!? Será que hoy me sale el Grinch que llevo dentro o quizá que esta cana que gobierna mis días resuda amargo escepticismo como si fuera brillantina, pero no me creo lo de estas fiestas.
¿¡Feliz Navidad!?, cuando tenemos todo el año para "ejercer de buenos" y lo olvidamos con una intensidad tal que podría ser un claro principio de enfermedad de Alzheimer.
¿¡Feliz Navidad!?... ¡A otro perro con ese hueso!, que bien reza el dicho castellano. O como dijera el misántropo Fernán-Gómez: "¡¡A la mierda!!

11 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

jejejee Félix Feliz Navidad!!!
Un abrazo!!! Ah y dale un beso a Charo!!! jejeje. Eres un Fenomeno y eso del cafe a mi me lo tenias aue pedir, te iba a poner yo un...

Félix dijo...

Bueno, Jose... que hay abrazos y abrazos. Y el tuyo, aunque aprietes, no me ahoga. Ah! y el beso a Charo ya se lo doy sin necesidad de las recomendaciones de cualquier compañero capullo. Éste, sin embargo, se lo daré de tu parte, aunque será mejor que se lo des tu mismo mientras celebramos la Navidad.
Y lo del café... ¡menos mal que eso lo hacen otras!
Cordialmente,
Félix

beatriz dijo...

Hola Félix. ¡Feliz Navidad! a ver si nos vemos, te doy un abrazo y te invito a una copita de champú, que el mio es de los buenos aunque no te gusten una mierda.

Besos

Félix dijo...

Bueno, Beatriz. A pesar de todo, ¡Feliz Navidad!
Me tomaré esa copita aunque no me guste.
Cordialmente,
Félix

Lucano dijo...

Felices Pascuas, Félix. Hasta pronto. Un abrazo.

segunda piel dijo...

Felizzz Navidad!!!

Félix G. Modroño dijo...

Dicho queda.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola Félix,
Me gustaría pedirte que no hicieses referencias a nombres concretos en tu blog, como el de tu compañero de trabajo. Este nombre aunque no muy habitual es común con otras personas. Como es normal, a nadie le gusta ver escritas esta clase de afirmaciones debido a desafortunadas coincidencias. Por ello, te pediría que por favor corrigieses tu blog para no causar molestias a nadie.

Gracias de antemano y saludos.

Félix dijo...

Segunda piel, bienvenida a este diario irregular y muchas gracias por tus deseos. Espero que nos sigamos leyendo.

Félix, a pesar de todo, aunque los momentos no sean los mejores, felices fiestas.

Amigo Anónimo, te puedo asegurar que no tengo ningún compañero de trabajo con tal nombre. Es más, no tengo compañeros que coincidan con la descripción del relato y, por supuesto, el resto de nombres que aparecen son también producto de mi imaginación. Comprenderás que no es mi intención dañar a nadie y que si uno no pudiera poner nombres a sus personajes, las novelas estarían plagadas de "sinnombres" y serían incómodas de leer. ¿No crees? A mí al menos me gusta que los personajes de los relatos tengan un nombre con el cual imaginármelos.
En todo caso, si mi texto te ha ofendido te ruego me disculpes, pero no veo motivo para corregirlo como me pides en tu comentario.
Cordialmente,
Félix

Anónimo dijo...

Hola de nuevo Félix.
Entiendo que pueda ser producto de tu imaginación, pero en este caso hay una persona real que coincide con este nombre y con la poca fortuna de no ser un nombre común. Es por ello, que te pido cambies el nombre de tu personaje, pues no es de agrado ver que lo primero que se menciona acerca de una persona es el adjetivo "hideputa".

Saludos.

Félix dijo...

No amigo Anónimo. Confundes persona y personaje cuando lees los adjetivos que uso en mi texto. En ningún momento me refiero a persona alguna aunque cualquier nombre ficiticio, entre cuarenta millones de españoles con nombre y apellidos, es seguro que siempre coincidirá con el de alguien real.
Insisto. Desconozco a nadie con ese nombre y, por supuesto, a quien crees que estoy ofendiendo, por lo que me resulta chocante tu insistencia en la defensa. No obstante, como no es mi afán crear ni mantener polémicas, accedo a tu petición, a pesar de todo.
Por último, me resulta curioso que en una "conversación" que gira alrededor de un nombre propio, y concreto según tú, yo tenga que "vérmelas" con un anónimo. Así, tal como te decía en mi comentrio anterior, me veo incapaz de ponerte cara. Siquiera de imaginar una. Y me cuesta escribir sin saber a quién me dirijo.
Cordialmente,
Félix.