¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Dos meses

¡Dos meses! Han pasado más de dos meses ya y es como si no me hubiera movido del sitio. Sigo sentado en la mesa de un despacho que aún huele a vacaciones. A unas vacaciones que me parece no haber tenido aunque el calor siga arreciando en esta Salamanca septembrina.

Sesenta días para haber sentido el Sur como si no lo hubiera sentido nunca; para rellenar cajas con toda una vida y, al tiempo, recuperar muchas cosas que había olvidado; para pisar nuevos suelos y dormir bajo otro techo; para, en fin, haber aprovechado todas y cada una de sus horas sin tiempo siquiera para darme cuenta. ¡Ah!, y para olvidar, sin querer, que había un diario esperándome y un compromiso que ahora intento retomar.

Pasé de sentirme un "okupa" a disfrutar de la calidez del relajante viento de Poniente en la inmensidad de una playa que, bajo el cobijo de la Virgen de Regla, me he atrevido a pisar, sintiéndome uno más de sus hijos.

Allí, asentado entre la Cruz del Mar y el majestuoso faro emblema de la villa, hice posada en la que fortalecer espíritu más que cuerpo, sabiendo lo que debería enfrentar a mi regreso. Y me sirvió, vaya que me sirvió. Sanlúcar y la fugaz visita a Casa Balbino para degustar el encaje de su fritura, El Puerto y una tarde inenarrable en la que el Arte envolvió de verónicas y naturales esta cana de mi alma haciéndole sentir lo que nunca antes había sentido, Jerez y su señorío para hacernos olvidar que agosto es calor, mucha calor... Lástima (o quizá no) que este mundo virtual en el que navego se quedase a las puertas del hotel obligándome a recuperar Moleskine y bolígrafo con los que dejar constancia de mis días de Sur. Quizá, algún día, transcriba aquí lo que quedó en tinta azul, como nuevo capítulo de mi Cana en el Sur, en una maleta o pegada a las finas arenas de esa playa que, a mi pesar, llegué a profanar.

Dos meses para meter toda una vida en cientos de cajas de cartón, para confirmar la amistad solidaria en días de agobiantes temperaturas, para formar un hogar, provisional pero hogar al fin, para sentir la agobiante alegría de los nuevos retos... Porque, a partir de ahora, comienza el mayor de los retos de nuestra vida. Y, como dije hace ya más de dos meses, aun no pretendiendo hacer de esto boletín del día a día, intentaré dejar por aquí lo mejor de esta etapa. Por eso, ahora que ya está casi todo preparado, solo nos queda... ¡empezar!

Compartiré despacho con ladrillos. Mezclaré clases y encofrados. Tendré mi Semana Santa entre planos y azulejos. Y todo ello lo traeré aquí para, al menos, hacer de ello terapia con la que mantener la alegría de una cana que se arruga impresionada por lo que se le viene.
¡Miedo me da!

2 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Ya era hora que te dejaras caer por nuestra cana. Que morro abandonados, huérfanos de poder leerte.
Pero bien, se te nota que vuelves cargado, lleno de ilusión y ganas. Me alegro que estos dos meses hayan sido buenos. Pese al trabajo agotador de una mudanza... Pero tu sur, tu familia y tus descansos han sabido gratificarte como te mereces.
Un abrazo

Ahhh que envidia sana... saber que estuviste en Jerez.... ayyyyyy.

Félix dijo...

Ya sabes que el abandono se ha debido a causas de fuerza mayor, pero espero poder seguir contando mis cosas de manera más o menos frecuente.
Muchas gracias, Jose.
Cordialmente,
Félix