¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

martes, 4 de agosto de 2009

El hijo del cura

Según el ingenio popular, siempre acertado, a los curas todo el mundo les llama "padre" menos sus hijos que los llaman "tío".
Cuenta "La Stampa" (picar para el enlace), diario italiano sin amarillismo conocido, que el Vaticano anda estudiando la posibilidad de que los presbíteros puedan reconocer a sus descendientes otorgándoles su apellido. Con ello se intenta, todo según el diario turinés, aplacar en lo posible parte de los escándalos que últimamente le salen a la Iglesia por casi todas partes. Sobre todo en países en los que la religión católica no es mayoritaria (olvidémonos de Irlanda) y las costumbres son diferentes a lo que otros consideran tradición. Sobre todo esos escándalos que, al final, se traducen en dinero; en un dinero que en muchos casos han esquilmado las arcas diocesanas... o más.
Ahora, desde que las técnicas moleculares están a disposición del común de los mortales, todos sabemos que con una simple muestra de saliva la ciencia es capaz de realizar pruebas para conocer el ADN y, con ello, establecer paternidades con un elevadísimo grado de fiabilidad. Al menos eso nos dice Grisom en su serie y nosotros lo creemos a pies juntillas (otra cosa es cuando se pone a hablar de bichos, de lo que sé algo más que de ADN, y se le ven las meteduras de pata). Pero, el ADN es el ADN. Y eso no puede fallar. Y si no falla, ahora se podrá afirmar con rotundidad aquél otro chascarrillo según el cual nadie puede decir de este agua no beberé... ni este cura no es mi padre. Sí. Ahora lo que algunos podrán decir es ¡este cura es mi padre!; y podrán llevar su apellido, liberando a la madre de una ¿carga? Pero, sobre todo, se podrán, siempre según "La Stampa", garantizar los derechos «con una especie de contrato civil que no les excluya de la herencia, lo que permitirá que la prole reciba el apellido del sacerdote-papá, a la vez que éste continuaría ejercitando su ministerio». Además los hijos nacidos de relaciones ilegítimas --(¿es que las hay legítimas?)-- heredarían los bienes personales del sacerdote, mientras que los «bienes de beneficios eclesiásticos, propiedad de la Iglesia, seguirían en manos de ésta».
No sé si ésto supone un paso adelante o una vuelta a los orígenes. A esos orígenes a los que algunos, periódicamente, recurren para obtener algún beneficio. Recuerdo ahora aquella moda de los años setenta de los "curas casados", que puso de manifiesto esa vuelta al pasado, al igual que lo hace esto del reconocimiento filial. Porque, aunque imagino que quienes leen estas palabras conocen sobradamente lo que voy a decir, posiblemente haya quienes desconocen que el celibato sacerdotal no siempre fue requisito para ejercer el ministerio, sino que fue siendo recomendado o impuesto con mayor o menor vehemencia a lo largo de los primeros siglos, siendo finalmente en el XVI, tras el Concilio de Trento, cuando la imposición comienza a cumplirse a rajatabla. Antes, desde casi los orígenes, la recomendación más o menos autoritaria existía, pero su cumplimiento era bastante más relajado.
Pero, ¡ya está bien de historia! Ahora lo que interesa es la actualidad. Y ésta nos dice que los hijos heredarán a los padres. ¿Y de las mujeres? ¿Nada de las mujeres? ¿No tienen arte o parte en esto? O es que su parte siempre será la que quede en la oscuridad. Ellas no heredan nada, pero siempre les quedará la salida tradicional. Ésa que dio pie a multitud de chanzas y coplas populares en las que el señor cura siempre tenía un ama que despertaba tales pasiones que, cuando se ponían en boca de copleros de arrabel, hacían que el arrebol marcase desde la frente hasta la barbilla de algunos cándidos semblantes.
Ellas tendrán que esperar a un nuevo impulso de la moda "curas casados"... o seguir ejerciendo ese otro papel.
A ver si Grisom, o la doctora Huesos o, si nos ceñimos a lo patrio, ese José Coronado recogiendo muestras con bastoncillos de algodón del Carrefour, son capaces de hacer análisis moleculares que pongan también eso en evidencia. Igual la Iglesia cede.

8 comentarios:

Carlos dijo...

No voy a decir nada que luego todo se sabe, pero quizas, seria una posible solución a la crisis de sacerdotes que tiene nuestra Iglesia. ¿Es que no se puede servir a Dios estando casado?.
A mi también me ha llamado la antención el articulo esta mañana.
Saludos y por cierto ya tengo "Muerte Dulce" para estas vacaciones, ya queda menos.

Félix dijo...

Es un dilema que ha traído siempre su cola. La verdad es que los argumentos en favor del celibato de los primeros tiempos, en palabras propias de alguno de los Padres de la Iglesia, siguen teniendo su vigencia. Pero, por otro lado, siempre se puede dar la vuelta y emplear razones en favor del matrimonio para los presbíteros. El ejemplo, sin ir más lejos, lo tenemos en la Iglesia Oriental y no es tan malo ¿no?
También hace unos días que tengo "Muerte Dulce" pero lo reservo para degustarlo a la orilla del Atlántico más cálido a la sombra del chiringo. Por ahora me conformo con "Los túneles del Paraíso" de González Egido, que tampoco está nada mal.
Cordialmente,
Félix.

Anónimo dijo...

UN TEMA HARTO CONOCIDO

CADA VEZ EXISTE MENOS ARGUMENTO TEOLOGICO Y LOGICO PARA SOSTENER LO QUE ALGUNOS LLAMAN CELIBATO SACERDOTAL. INJUSTO E INHUMANO.
MILES DE CURAS CON HIJOS, ALGUNOS EJERCIENDO EN LA CLANDESTINIDAD Y OTROS "RETIRADOS" POR SU FIDELIDAD.

ES POSIBLE UNA IGLESIA INHUMANA?
JESUS NO VINO POR LOS "HOMBRES" SINO POR LA HUMANIDAD

SI LOS SACERDOTES NO ASUMEN A SUS HIJOS Y ESPOSAS, NO SON CONSECUENTES CON LA PREDICA DEL AMOR Y QUIENES IMPIDEN EL AMOR HUMANO DEL SACERDOTE, NO SON DIGNOS DE CREDITO.

LOS OBISPOS Y EL PAPA DEBEN REFLEXIONAR MEJOR Y PEDIR ASISTENCIA AL ESPIRITU SANTO

Félix dijo...

No, Anónimo. Creo que hay suficientes argumentos como para mantener el celibato, pero también los hay en favor de modificar el status. Esto último, bien estudiado y llevado a la práctica, a mí no me parecería mal, viéndolo desde fuera, por supuesto.
Ahora bien, lo que no entiendo es que si alguien toma una decisión, conociendo de antemano todo lo que conlleva, se salte las reglas o las acomode a sus circunstancias. Si la norma dice lo que dice, es para asumirla con todas sus consecuencias.
...Y hay muchas otras reglas que se saltan a la torera, aunque ésta sea de las más llamativas.
Cordialmente,
Félix

Lucano dijo...

Son algunos de los casos más flagrantes de paternidad irresponsable. Clemencia toda, pues la de Dios es inmensa, y eterna su Misericordia, pero seriedad y ejemplaridad también tienen que distinguir a la Iglesia. A ver qué terminan decidiendo en Roma... dentro de un largo tiempo, que los ritmos vaticanos suelen ser lentos.

Félix dijo...

Seguramente no lo veremos, Lucano. Ya sabes que las decisiones son lentas, lentas.
Cordialmente,
Félix

sentimientos y locuras dijo...

Ayyyyyyyy con la iglesia hemos topado. Ahora si que te van a releer y subrayar. Jejeje.

Yo me se otro dicho de mi pueblo que dice así; "El cura no tiene mujer alguno la ha de poner"

Félix dijo...

Que sea lo que Dios quiera, Jose ;-)).
Anda que no hay chascarrillos sobre los curas. Lo que no invente la imaginación popular...
Cordialmente,
Félix