¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

martes, 25 de agosto de 2009

Regreso

Se me eriza la cana y siento pinchazos en el estómago.

Creo que la vuelta a la vida diaria es la que me provoca este malestar. Pero no. No me parece tener síndrome postvacacional y, sin embargo, algo me ronda que no me deja estar a gusto.

¿Será que el césped me está pidiendo a gritos el penúltimo corte? ¿Me habré asustado al ver la montaña de cosas por hacer que me espera en el despacho? ¿Me vence la responsabilidad y me asusta lo que se me viene encima?
¡Ojalá lo supiera!

Lo único que sé de cierto es que la cana está tiesa como una escarpia de la que aún no sé que es lo que colgará. Porque de las escarpias siempre cuelga algo. Bueno o malo, pero es lo que les da su utilidad. O, ¿será una escarpia que quedará a la vista, abandonada al paso del tiempo para llenarse de mugriento óxido, sin sentir el peso de cualquier cosa que pudiera pender de ella?

Ahora estoy como un niño recién escolarizado, deseoso de empezar el curso pero temeroso de despegarme de ese verano que he disfrutado y que me envuelve protector. Quiero volver a ver a los amigos de clase pero no quiero desprenderme de los que me proporcionó el verano. Quiero volver a la rutina pero sin abandonar el bienestar de los cálidos días de lecturas aventureras con las que ha disfrutado.

Ahora, cuando este despacho que ha permanecido deshabitado durante estos días de vacación vuelve a retomar la actividad, aunque sólo sea por mi presencia, es cuando me doy cuenta de que quisiera seguir esa otra vida en la que las alternativas pasan por el baño o la tumbona, sin más. Ahora es cuando echaré de menos la camiseta y las chanclas, estandartes del verano que se me escapa sin apenas haberme dado cuenta de que lo tenía a mi disposición.

Ahora, vuelvo a trabajar aunque aún no haya comenzado septiembre. Porque, aunque no lo quiera, es mucho lo que me espera y no puedo abandonarlo.

¡Adiós, Sur de sures!

¡Bienvenida, Bolonia de planes futuros!

¡Adiós, chiringuito playero!

¡Bienvenidos, corticoles!

4 comentarios:

Lucano dijo...

Después de más de dos décadas en que septiembre era la vuelta a los corticoles, dos años no me sirven todavía para desacostumbrarme. Echo de menos el regreso, ahora que no regreso más que de vez en cuando, ahora que nunca me voy del todo, ahora que no forro libros que huelen a nuevo. Intentaré suplirlo con el regreso de los demás.

Félix dijo...

Yo, Lucano, no tengo más remedio que suplirlo con el regreso de los demás. Será que nunca podré abandonar esos exámenes de septiembre que me tienen en vilo durante la primera quincena del mes.
Cordialmente,
Félix

Carlos dijo...

Felix, no podias estar callido unos dias mas?. No me hagas recordar el regreso ahora que solo me quedan dos dias de sombrilla, tumbona, arena y mar.

Me esta dando pereza el regreso, solo de pensar la cantidad de papeles que estaran depositados encima de la mesa del despacho, esperando a que regrese para pasarlos.
En fin ya hace mucho que pasaron los corticoles, aunque ahora los tendremos mas a mano por eso del Corte Ingles.
Por cierto, Muerte Dulce finalizó un poco de esa manera, me dejo un pelín indiferente.

Saludos desde el mediterraneo.

Félix dijo...

Carlos, fíjate si me dará pereza a mí, que estoy yendo a trabajar estos días para ir preparándome poco a poco la vuelta de verdad que es el día 1. Así he visto que el despacho tenía papeles pero ni una mota de polvo (es que Marijose, que es quien me lo limpia, tuvo las vacaciones en julio) y que como siempre, los alumnos empezarán a llegar con sus corticoles bajo el brazo.
Ah! A mí, lo que me pasó con Muerte Dulce es que adiviné el final antes de llegar y por eso me sorprendió poco, aparte de algunos errores que comentaré al autor cuando tenga un rato.
Disfruta lo que te queda... ¡bailando los pajaritos!
Cordialmente,
Félix