¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Calles Nazarenas de Salamanca II: Rúa Antigua


Quizá por ser continuación de la de la Compañía, sólo por eso, esta pequeña calle, casi insignificante y desconocida, merece el segundo puesto en este recorrido, histórico o romántico, que ya no sé, por las principales calles nazarenas de esta Salamanca que abre sus puertas a la Cuaresma preparándose para la llegada de los momentos más extáticos para cualquier espíritu cofrade.
En ella, en esta antigua Rúa, acaba el sufrido ascenso de quienes transitaron por Compañía y, envueltos por gélidas corrientes que arrecian con frecuencia en su encrucijada, los penitentes no necesitan alzar la vista para contemplar la más vieja historia de esta ciudad. Están entrando en uno de los entornos con más sabor nazareno en cualquier recorrido porcesional salmantino. A un lado los muros jesuíticos, al otro un par de casas. Lo justo para completar la pequeña Rúa. Pequeña en tamaño, pero racheada por tantas y tantas alpargatas cofrades que debe multiplicar su tamaño para acoger a casi todas las hermandades salmantinas. Campana mesetaria que se abre al inicio de la calle cofrade por excelencia. Se mire por donde se mire, es la Rúa Antigua elemento imprescindible en el transitar cofrade.
Y allí, entre sus paredes y paredones, las agudas notas de cornetas y los broncos redobles de tambores aumentan su volumen para anunciar la llegada. La música siempre suena en la Rúa Antigua y quienes hasta ella se acercan la disfrutan como si de la primera vez sa tratase.
Y allí, entre sus muros, los expectantes fieles se arropan unos a otros para contemplar el paso de imágenes que, rompiendo su clausura casi permanente, salen a las calles para cumplir su misión.
Y allí, buscando el abrigo de frios imposibles, se guardarán quienes poco antes disfrutaron de su luz para cargar con su pasión; quienes acompañaron con su cruz a la más sabia de las madres; quienes, entre lágrimas, cubrieron las llagas tumefactas de un cuerpo flagelado.
Y allí, al amparo de las inmensas torres, otros sabrán que aún tienen mucho recorrido por delante. Que la procesión acaba de empezar pero que la pasión es eternamente cíclica. Y ensimismados en su recogimiento, pasarán sobre sus piedras sin apenas caer en la cuenta. Rojos, blancos, verdes, morados o negros. Colores nazarenos que inundarán la escasa calzada mientras el incienso diluye su aroma y la cera se consume entre las manos de quienes asumen su papel protagonista.
Y allí, estudiantes despistados, otros estudiantes, detendrán sus pasos con respeto mientras la doctrina está en la calle y, después, seguirán su camino, calle abajo, hacia los confines del saber. Abandonarán la Rúa Antigua y se irán sabiendo que no sólo de pan vivimos.



4 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Para mi la calle mas bonita para ver pasar una cofradía. Eres un fenomeno...
Un cordial abrazo.

Félix dijo...

Tienes razón, es pequeña pero está llena de sabor. Eso sí, donde esté la Compañía...
Cordialmente,
Félix

sentimientos y locuras dijo...

calla Félix, con perdón.. que me he desbarrado y en todo momento me he pensadoque era la Compañia. jejejej

Perdón

Félix dijo...

Lo imaginaba, Jose. Pero, la verdad es que este cachito de la Rúa, también tiene un encanto especial. Para mí, es uno de los "trozos" de procesión que guardo siempre en el recuerdo. El volar de las capas, la vuelta hacia Compañía, el amanecer y la bajada de cirios... mi memoria me lleva siempre a esta calle.
Cordialmente,
Félix