¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

lunes, 2 de agosto de 2010

La cana al Sur: Rentrée

Bueno. Pues ya estamos aquí. He liado mi cana a la correa de la cámara de fotos y nos hemos venido a donde, por conocido, siempre estamos a gusto. A donde, por deseado, la sangre se nos dulcifica. Y ahora, nada más aterrizar, sólo me dedico a respirar. A llenar mis pulmones de este aire gustoso, saladamente marino, que me hace supurar todos los restos de lo que he dejado atrás por todos y cada uno de los poros de mi piel. Sudor que despeja mis sentidos al tiempo que relaja esta cana que me vive en el alma y hace que se abra expectante a cuanto la rodea.
No es este el calor de esa Sevilla que en la tarde de un sábado ardiente nos mostraba su cara más agosteña en el final de julio para acogernos cariñosa. Una Triana que a las diez de la mañana ya nos recibía con una entera con jamón, unos churritos y un ardiente café, mientras el termómetro marcaba treinta y siete grados a la sombra de una sombrilla. Una Estrella de misa cofrade y poco más, que no estaba el día como para caminatas, aun con sentido. Pero, en cualquier caso, ¡cómo no vamos a parar en Sevilla!
Este de aquí, donde se juntan las aguas del Guadalquivir con las olas atlánticas, es un calor diferente. Calor de costa, húmedo y salado, que se pega a la piel para crear una costra que protege los adentros, mientras la brisa rodea al cuerpo y evapora sudores y humores.
Aún no he hecho sino mirar. Fijarme atentamente en lo que me rodea, barullos de gentes en la compra del diario, compra callejera junto a las tapias de un viejo mercado de abastos impregnadas de olores a verduras y frutas frescas, a camarón recién traído de la marisma y coquinas que suenan mientras una mano experte hace entrechocar sus valvas para reclamo de compradores.
Aún no he hecho sino recorrer el Bajo de Guía mirando de reojo al Coto, en un atardecer del que espero disfrutar los días que me quedan, viendo cómo el sol es engullido por los pinos de la otra orilla. Paseando entre gentes que regresan cargadas de aperos veraniegos mientras la playa, de fina arena y aguas calmas, se va quedando sola. Terrazas y chiringos con olores a fina gamba y frituras de lo mejor de la Bahía.
Ahora, a partir de ahora, me mezclaré con las calles, recorreré iglesias y conventos, visitaré plazas y jardines, escucharé acentos que nunca sabré imitar y cansaré mis pies en las losas sanluqueñas. Iré a los atardeceres en los que las arenas se convertirán en pista para saciar el galope de caballos y la codicia de apostantes. Degustaré las mejores cervezas acompañadas de lo mejor de cada casa. Disfrutaré de cada momento que viva en las próximas jornadas, que tengo que cargarme de ellos para sacarlos poquito a poco mientras el duro frío salmantino se apodere de cuerpo y cana. Y de ello intentaré dejar constancia en este diario que desde hace tiempo se convirtió en mi Moleskine digital. No será crónica del día sino Libro de Horas para reflejo de unos días a los que intentaré poner nombre. Uno a uno.
Hemos cambiado la estirada placidez de la playa barroseña por este rugir mundano, barullo apetecible para quien, como yo, no gusta de aguas marinas. Y creo que acertamos. Ya veremos.

3 comentarios:

Lucano dijo...

Acabas de llenarme el salón de aroma a "fina gamba", ya ves tú. Uno que siempre consiente que entre en casa "lo mejor de la Bahía". Disfruta de esos atardeceres en que al sol lo derrotan los pinos.

sentimientos y locuras dijo...

Oleeeeeeeeeeeeeeeeee, y ese oloroso commo es....
ay Félix que envidia mas sana.
Me alegro muchísimo, disfrutar...

Félix dijo...

Entonces estás como yo, Lucano, con el aroma impregnándolo todo pero sin haberlas probado aún. Ni gambas ni manzanilla, que todavía quedan días para poder hacerlo y disfrutarlo.

Que no, Jose, que aquí lo que hago es Cruzcampo y más Cruzcampo. Que el oloroso embota y no quiero perder el sentío.
Cordialmente,
Félix