¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

jueves, 14 de enero de 2010

Ocasiones perdidas

¡Que no!
¡Que no he perdido las buenas intenciones que vinieron con el nuevo año!
Lo que pasa es que entre que me he pasado varios días jugando con las novedades de los Magos, que me abstraje en la blancura de la nieve cubriendo el Campo Charro y que tuve que volver a la dureza del sillón en un despacho gélido y triste, se me han ido los días sin apenas caer en la cuenta y, con ellos, se me han ido las pocas ideas que podría haber plasmado en este diario.
Ahora, cuando el duro aterrizaje va desapareciendo de mis posaderas y la novedad de los juegos vacacionales no es sino una sombra que se va escondiendo bajo mi cana, caigo en la cuenta de que podía haber escrito sobre la Fiesta Nacional (así, con todas sus letras y en mayúsculas), haciendo una defensa documentada que sirviera, al menos, para convencer a los más cercanos, aunque sé que ellos ya vienen convencidos.
Podía haber escrito mi homenaje a fray Pedro, el más cercano, humilde y cofrade sentido de los frailes que jamás conocí. Falleció sin ruido y será en la Madrugada cuando algunos veamos el socavón que ha dejado en la procesión dominicana.

Podía haber salido a fotografiar la nieve y haberlo contado después. Salamanca cubierta por el más bello de los meteoros. Pero, aparte de la escasa originalidad que hubiera tenido el tema, pues esto siempre atrae a multitud de capturadores de imágenes (¡con lo difícil que es fotografiar la nieve!) que nos muestran su arte en numerosas opciones virtuales, me tocó agarrar el escobón y, encarando la parte menos bucólica de una nevada, limpiar los accesos a casa. ¡Cómo se acumula el ácido láctico en quienes no sabemos lo que es el ejercicio!
Podía haber plasmado mi cada día mayor dificultad por retomar el quehacer diario tras los periodos de descanso. Haber narrado las escasas peripecias que pueden acontecer alrededor de una mesa de despacho cargada de papeles atrasados y con una corriente polar colándose por cualquiera de las múltiples rendijas de los muros de esta estancia que forma parte de un todo que, no sé cómo ni por qué, en su día fue Premio Nacional de Arquitectura.
Podía haber... y sin embargo me entretuve jugando a romper todo lo que me habían dejado los Magos en su noche, perdí la noción del tiempo y se me fueron las ideas. Espero que sea pasajero.

4 comentarios:

Lucano dijo...

Volverán, volverán, seguro... no imaginaba que el Premio Nacional de Arquitectura hubiera ido a parar al todo de tu parte.

Félix dijo...

La verdad, Lucano, es que nunca supe si lo del premio al edificio en el que paso la mayor parte de mis horas fue realidad o no es sino una leyenda urbana que, como todas, se mantiene a flote hasta que se convierte en realidad. Lo que sí es cierto es que para los que lo habitamos, más que un premio lo que merece es una rehabilitación integral.
Cordialmente,
Félix

sentimientos y locuras dijo...

Que te gusta a ti los días de Vacaciones ehhhhhh, Pues venga a retomar que tengo ganas de leerte.

Félix dijo...

Ni de trabajo ni de vacaciones, a mí los que me gustan son los días en los que no hago ná.
Cordialmente,
Félix