¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

martes, 15 de enero de 2008

¡De rebajas!

¡Esta cabezota mía!
¿¡Dónde la tendré, que últimamente está completamente descentrada!?
¿Pues no resulta que anduve toda la semana pasada coleccionando la mar de indescifrables aromas; aprovechando coyunturas para fomentar la intimidad mediante el roce físico con algunos semejantes; aprendiendo algo más de la callejera ley del más fuerte; peleando por conquistar, entrando a saco, por supuesto, una mínima porción de territorio, arrebatándosela fieramente al enemigo? En definitiva, ¿no estuve toda la semana de tienda en tienda, dilapidando lo poco que sobró en las pasadas fiestas, aprovechando multitud de gangas sin sentido, pero gangas preciosas, para venir a enterarme hoy que hasta ayer no comenzaron las rebajas? ¡Hace falta...!
¡Sí! Acabo de enterarme de que las verdaderas ofertas comenzaron hacia el medio día de ayer, cuando, quienes manejan las riendas de nuestro presente, decidieron que ya era hora y había que disolver... el Parlamento.
Ahora me doy cuenta de por qué quienes no saben ni han sabido jamás de mi existencia, estos días me miran sonrientes mientras me endosan pasquines callejeros con la lista de sus ofertas. Ahora caigo en el por qué de esas ofertas para el alquiler, de carnets de conducir a coste cero, de flexibilidad impositiva con rebajas para mis impuestos. Nacionales, se entiende. Aunque como contribuyente rústico, no puedo más que solidarizarme con los capitalinos y sus tasas, pues a mí me afectarán las que dicte mi municipio que, por cierto, también suben y ningún salmantino sensu stricto ha venido a solidarizarse con nosotros, ¡eh!
Bueno. A lo que iba. Resulta que todos, desde las grandes superficies, grandísimas superficies, implantadas en todo el territorio nacional, con sus preclaros líderes a la cabeza, hasta el tendero de la esquina, pequeño pero de toda la vida, todos ellos como digo, han comenzado a poner sus carteles con los saldos que todos esperábamos. -¿Esperábamos?- Ya están los escaparates con todas las ofertas imaginables.
Que eres mujer y además trabajas... Pues descontamos dos puntos de tu impuesto sobre la renta. Porque para eso eres mujer trabajadora. ¡Pobre!
Que eres mujer y además no trabajas (esposa y madre a la vez que dicen Cigala y Bambino, entre otros)... Pues a tí, tres puntos.
Que tienes hijos... mil eurillos de regalo y un chupete con la melodía electoral.
Que no tienes hijos... pues a partir de ahora facilidades en adopciones o en fertilidad asistida. ¡Digo!
Que eres negro... el dos por ciento. Que eres blanco... también. ¿Y los de rombos?... ¡Esos al circo! Que son polichinelas.
Y así hasta tocar a todos y cada uno de nosotros, potenciales compradores de futuro a corto plazo.
¡Rebajas! ¡Rebajas!
¿Rebajas? ¡Ja!
Lo que han hecho es abrir la veda. A partir de ahora y durante los próximos cincuenta y tantos días todos somos susceptibles de caer en sus redes. Desde ayer, todos y cada uno de nosotros hemos adquirido la condición de especie electoralmente cinegética y estamos en sus puntos de mira. Y ellos, hábiles monteros de sombrero emplumado a la tirolesa, se repartirán los puestos, enviarán a sus ojeadores y a sus perros para sacarnos de nuestras guaridas y esperarán con el arma en ristre, apuntando, para conseguir el mayor número de trofeos. ¡votos!
Y nos acribillarán con frases ampulosas y sin sentido. Y nos venderán cielo y tierra, padre, madre... y perrito que les ladre. Nos restregarán sus bondades y las miserias de los otros, como si no fuesen compartidas, voluntariamente compartidas, consentidamente compartidas entre ellos. No dejarán títere con cabeza.
Y nos intentarán convencer con su charlatanería levantina para que dejemos en sus manos, las mejores manos, nuestros anhelos futuros, hipotecándonos (¡concho!, ¡aquí también podría aparecer la crisis del tabique!) para el tiempo que dure su mandato. Nos tratarán como si les importáramos al tiempo que piensan que somos imbéciles. Porque, creo que les importamos lo que el precio de un café. ¡Nada! Aunque dejemos propina.
Y así, durante este periodo que, porque es demasiado largo, si no, creería que es una cuaresma nacional.
Aunque, quizá lo que es la verdadera cuaresma, con sus ayunos y abstinencias, sea el periodo entre elecciones, en el que hacen con nosotros lo que les viene en gana amparados en nuestros votos. Y al final, al término de esta larga cuarentena de cuatro años, como saben que nos gusta, nos dejarán participar en el desfile procesional... al colegio electoral.
¡Pues que con su pan se lo coman! Pero que, al menos, las prendas que nos venden rebajadas vengan sin taras. (¿¿¿O serán tasas???)
Y como, equivocadamente, yo ya hice mis compras de rebajas, pues... otra vez será. Porque, ¡en esta no me pillan!

5 comentarios:

Lucano dijo...

Desde ahora hasta el Domingo de Lázaro...

Mítines cada día: ¿acude algún indeciso a los polideportivos?

Debates por doquier: ¿queda algún orador brillante?

Propuestas irrealizables: ¿esto no es publicidad engañosa, y por tanto perseguible?

En fin, la fiesta de la democracia. Que nos sea leve y que sea para el bien de España.

Félix dijo...

Querido Lucano, esta es, quizá, la única fiesta que, no es que no celebre, sino que ni me la creo. Eso de la fiesta de la democracia me parece una engañifa para tenernos contentos y hacernos sentir útiles. Y yo creo que el ser útil me viene por el hecho de contribuir al bien nacional con mis impuestos, no por participar en estas "fiestas". Pues los que de verdad la celebran son quienes tienen intereses creados y, además, manejarán mis impuestos.
Yo celebraré el Domingo, que sí es fiesta, y veré el trasiego de gentes participantes en esta otra fiesta, pero desde el balcón.
Eso sí! Que sea para el bien de España. Por supuesto.
Cordialmente,
Félix

berrendita dijo...

Uff, no quiero pensar en los días que se avecinan. Si para el ciudadano de a pie son, cuando menos, cargantes, imagináos lo que es vivir una campaña dentro de un medio de comunicación. Bla, bla, bla, bla, mientras tú piensas : "¡Ja! Y una leche!".
Y sabéis la pena de todo esto? Que recuerdo los testimonios emocionados de todos aquellos que esperaron 40 años para hacer uno de la paz y la palabra. Y siento que quienes nos representan, además de no estar a la altura, han roto aquella algarabía que vivió este país y han ensuciado la democracia y la libertad. Y eso sí que es una cana en el alma, una rebaja imperdonable.

Un beso.

Félix dijo...

Sólo veo un error en tu comentario, querida Berrendita. A mí estos personajes me gobiernan porque no me queda más remedio, pero representarme, lo que se dice representarme... ¡¡un cuerno!!
Por cierto, y por dignidad de mi cana, lo que ellos tienen no es una cana, como tú dices, sino un palomino en el calzoncillo y, como cae detrás, no se lo ven y piensan que están inmaculados. Pero el día que alguien les baje los pantalones van a saber lo que es bueno.
Cordialmente,
Félix

berrendita dijo...

Te doy la razón, Félix. De hecho, borré un par de veces la palabra "representan". Tendría, cuando menos, que haberla entrecomillado. En cuando a lo de la cana, no hablo de ellos. Digo que ellos sí que son una cana, por mucho tinte que se pongan. Pero mira, puestos a elegir, me quedo con el palomino. Que es mucho más bajuno.

Un abrazo.