¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Inocentes


No es historia, pero la tradición le ha dado cuerpo y lo demás queda para la historia.
Nos cuenta Mateo en su Evangelio que Herodes el Grande, en un arranque soberbio, quiso proteger su corona frente al Rey de los judíos recién nacido. Herodes no podía saber con certeza contra quién actuar, a quién eliminar, por lo que pasando a cuchillo a todos los menores de dos años se aseguraba el éxito de su empresa. Y aun así, falló.
Cientos, miles quizá, de inocentes criaturas arrancadas de los brazos maternos. Cruel destino el de quienes no podían defenderse. Horror. Llanto. Lamento.
Se defiende el derecho de la mujer y lo entiendo. Se defiende el derecho de los animales y lo entiendo. Se defiende el derecho de los que optan por una sexualidad diferente y lo acepto. Se defiende el derecho de los artistas y lo acepto. Se defiende el derecho de los que no creen y lo acepto. Se defiende el derecho de... y lo acepto.
Cruel destino de de quienes, inocentes criaturas, no pueden defenderse, pues por nonatos carecen de derecho. Y no lo acepto.
Herodes, el necio, salvó su reinado pero no logró su objetivo. Porque quien venía a ser Rey de los judíos jamás mostró interés por ese reino. ¿Salvaremos nosotros nuestro reino? ¿Lograremos nuestro objetivo? O fracasaremos como Herodes y perderemos nuestro objetivo.
Lo único cierto es que no se trata de una broma.

3 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Bonita y buena reflexión.

Seremos capaces?

Lucano dijo...

Ojalá lo seamos, pues de sabios es rectificar, aunque por lo visto...

Félix dijo...

Gracias, Jose. Seguro que con sólo intentarlo seríamos capaces.
El problema, Lucano, es que la sabiduría es cada vez más escasa y está muy mal repartida.
Cordialmente,
Félix