¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

lunes, 7 de diciembre de 2009

De conceptione Beatae Virginis Mariae

Creo que no es la primera vez que lo digo, aunque últimamente tengo el yo tan disperso que acabo por no saber si he dicho, he escuchado o he leído las cosas que se me vienen a esta cana. La edad no perdona y se evidencia, aparte de por los apretones prostáticos cada día más persistentes, en la pérdida de una capacidad neuronal evidente en mi evidentemente menguado cerebro.
¡Pues eso! Que hoy recuerdo que mañana celebramos la festividad de la Concepción Inmaculada de la Virgen María (de la que desconozco su alternativa en los calendarios paganos, aunque siempre se puede poner un roto para el descosido).
Es una fiesta religiosa, está claro, aunque, por ahora, sea asumida por el estado sin aspavientos. Es una fiesta en la que, obviando este aspecto rotundamente cristiano, la tradición viene de antiguo. De muy antiguo, diría yo, aunque no es cuestión de embrearse en erudiciones en un día en el que lo único que pretendo es dar descanso al cuerpo y, de paso, a la cana de mi alma, arrumbando mis huesos en el hoyo del sofá y dejando volar la vista sobre cualquier cosa impresa que pueda retener su atención. Hojear, ojear y dejar que se asienten las palabras para ser olvidadas sin remisión.

Aun así, quisiera justificar y justificarme. Justificar una tradición que en España viene de largo, como digo. Tanto como que mucho antes ya de que Pío IX proclamase el dogma (que fue en 1849), esta Salamanca que me absorbe juró defenderlo, incluso con la sangre de los que la habitaban. Y no sólo serían aquellos doctores del Alma Mater, magistralmente plasmados por Cacciániga en el lienzo que preside la capilla de la Universidad, los que adquirían este compromiso jurado de enseñar y defender esta doctrina desde el mismo momento en que recibían su grado, sino que el propio ayuntamiento salmantino, en nombre y representación de sus administrados, se comprometería por aquellos mismos tiempos en la firme defensa de la Concepción Inmaculada de María, ¡que no iban a ser ellos menos que los doctores!
No soy consciente de haber realizado dicho juramento en mi investidura como doctor pero, aunque sólo fuera por tradición, lo asumo como si yo fuese uno de aquellos primeros que lo hicieran en 1618.
Tampoco es momento ahora de recordar las luchas, enconadas las más de las veces, entre Predicadores y Franciscanos o Agustinos, en las que el argumento del dogma servía, posiblemente, para enmascarar otras más humanas rencillas. No es momento, insisto, para recordar datos que acumulan polvo secular en los libros de viejos estantes mientras la vida se dedica a cuestiones más llanas. Pero sí es momento de justificarme, autojustificarme o, quizá mejor, asentar mis recuerdos más íntimos mientras dejo que afloren. Porque, aparte de su tradición festiva y de su importancia cristiana, esta fecha supone mucho más para este alma que me guía. Porque fue un día como éste cuando mi vida dio uno de sus últimos vuelcos, se ató para los restos y sigue fiel esperando la vejez en la mejor de las compañías. Por eso, sólo por eso... ¿¡¡Cómo no había de ser fiesta!!?

10 comentarios:

Félix G. Modroño dijo...

Pues ya que has sacado el tema de precocidad en la defensa del voto de la Inmaculada, a pesar de que los sevillanos quieran adjudicarse haber sido los primeros,lo cierto es que fueron los antepasados de mis padres en Villalpando (y así está oficialmente reconocido)quienes hicieron el primer voto en 1466.
Un fuerte abrazo.

Félix dijo...

Cierto, Félix. Aunque yo me haya centrado en lo que más me atañe, el primer voto explícito en defensa de la Inmaculada fue el realizado por Villalpando y sus tierras en 1466 y así les debe ser reconocido por más que les pese a otros pueblos de más al sur.
Incluso, en el caso universitario, no fue la de Salamanca la primera en jurar la defensa del dogma, pues hubo otras que lo hicieron con anterioridad, siendo Valencia (1530) la primera en hacerlo. Lo que sí es cierto es que, por aquellas épocas, la de Salamanca era la más destacada y, por estas, que mi compromiso doctoral es con la salmantina y a ella debería el voto.
Cordialmente,
Félix

sentimientos y locuras dijo...

Joer Félix cada día me sorprendes mas. Yo conozco un remedio muy bueno para eso de la prostata. jejeje

Félix dijo...

Ya ves, Jose, es lo que hay. Lo mejor es que, a pesar de todo, podemos celebrar la fiesta.
Cordialmente,
Félix

Anónimo dijo...

Yo tambien creo, que la suerte me sonrió, cuando decidi hacer mi vida con ese doctor en ciernes por aquel entonces.Estoy convencida que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida.
Ch.

Félix dijo...

Y ese doctor en ciernes (¡que todavía andaba por el instituto!) soy yo.
También estoy convencido de haber acertado. Así que, sigamos así.
Cordialmente,
Félix

Lucano dijo...

Felicidades entonces. Algún grano de arroz de los de ayer, para vosotros. Fue una alegría que lo celebrárais en la Vera Cruz.

Unas quintillas que proclaman las gentes de Villalpando y su Tierra: "Si la infernal sutileza
contra Vos erige bando,
defiende vuestra pureza
con su Tierra Villalpando,
aunque pierda su cabeza.
El patrocinio especial
que en vos halló Tierra y Villa
ha sido causa total
de votaros sin mancilla
de pecado original".

Félix dijo...

Gracias, Lucano. Ya habrá tiempo de dejar que el arroz caiga sobre nosotros. Por ahora nos conformamos con participar del recuerdo, cada día más presente, y poder celebrarlo en buena compañía.
Cordialmente,
Félix

Anónimo dijo...

No es por nada, pero me da la impresión que esa tal Ch es un poco pelotilla; ¿ no te parece Félix?

Por otra parte pienso que deberías pasar una noche del 7 y el 8 de Diciembre en Villalpando, y disfrutar de una gurrumbada.

Un fuerte abrazo para ti y para Ch. de parte del Hno del Taurino

Félix dijo...

Hombre, Hno. del taurino, si a ser pelotilla llamas el haberme aguantado durante más de... uf! ¡cuántos años! Pues, ¡que viva la pelotilla!
Lo de la gurrumbada, cuando quieras, aunque habrá que esperar al menos un añito. Seguro que tendremos tiempo de prepararlo antes.
Otro abrazo para tí, hermano.
Cordialmente,
Félix