¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

martes, 21 de abril de 2009

Hornazos para el alma

Cierto que algunos días uno no está para nada porque, sin saber muy bien el porqué, se le revuelven las entrañas y se le anuda el pecho haciendo que un no sé qué se adueñe de él por dentro y por fuera.
Algunos de estos días vienen casi sin motivo, pero vienen y es difícil ponerles coto. Al menos yo no he llegado a aprender cómo hacer para que pasen resbalando y así evitar que me toquen la cana. Algún día podré descifrarlo, o eso espero, pues confío en el progreso y éste puede ser el que dé con la solución.
Ahora bien, lo que sí sé por experiencia propia (que para eso uno es empírico), es que los más cercanos forman parte importante del resultado final en estos procesos. Pues bien, ayer comprobé, una vez más, cómo los duelos con pan -y amigos- son menos.
Precisamente ayer, celebración de la tradición del Lunes de Aguas en esta Salamanca que me acoge, con el que se remata la Octava de Pascua, hicimos lo que es propio en este día: pasar la tarde en amistad con la disculpa de merendar lo que por aquí se da en llamar "hornazo".
No sé si el motivo que da origen a esta celebración es cierto o leyenda que se ha afirmado en nuestra realidad con el paso de los años. Poco me importa saber si la Casa de Mancebía estaba ya del otro lado del río y lo de las barcas no es sino una disculpa. No es de mi incumbencia tener en cuenta si la desaparición de la Casa así como de su Padre de Putas fue tan temprana como para no haber podido hacer de esta tarde de merienda su rescoldo. Me da igual que en otros muchos lugares esta celebración vaya asociada, cosa más consistente, más a las celebraciones pascuales que al puterío. Lo que verdaderamente importa es que una vez al año, al menos una vez al año, los nacidos salmantinos y los que como tales nos sentimos, aprovechamos la disculpa de una merienda campestre para concelebrar en amistad jornadas que, en muchos casos, alcanzan la categoría de inolvidables, para permanecer imborrables en nuestros recuerdos.
Cierto que ayer, Lunes de Aguas, yo estaba para pocos farolillos, pero que celebré el duelo con pan y con amigos. Celebré la tarde con los míos y mi cana olvidó no sólo el motivo del malestar (desconocido para ella como dije), sino el malestar en su misma esencia. Así, aunque jamás se me ocurriese coger una barca para acompañar a las putas, ni en su ida ni a su vuelta, el recuerdo de aquello, permanente en ese pan relleno de chacina que por aquí dicen "hornazo", quedará en mi memoria como motivo de alegre reunión sanadora para nudos estomacales. Aunque para después quede la indigestión, pues al final el "hornazo" viene a consistir en viandas varias tales que tortilla, empanada, queso, embutido, dulces diversos y, finalmente, ese bollo relleno que es el que da nombre a todos los demás. Así que el malestar, en este caso digestivo, está asegurado.
Pero me vino bien. Muy bien.

6 comentarios:

beatriz dijo...

Bueno Félix,
creo sinceramente que no deberíamos tener ni edad ni ganas de que algunos problemas nos resbalen. Me explico: somos lo que somos por múltiples moivos y uno de ellos es porque nos preocupamos por las cosas que importan.
Además si no nos preocuparamos no podríamos exigir a los amigos que no ayudaran a olvidar.
Viva el hornazo y la sangre verde
B

sentimientos y locuras dijo...

Que alegría poder compartir con vosotros un día tan especial. Y mas satisfacción ser un pequeño granito de arena para hacer pasar tus malestares.
Arriba los toreros. Todos por igual.

Félix dijo...

Conste, Beatriz, que no exijo ayuda a mis amigos (o al menos no es mi intención), porque no creo que mis amigos tengan que soportar exigencias de nadie, aunque su ayuda siempre será bienvenida, incluso en forma de cariñoso dragón solapero. Pero, la verdad es que cuando uno se encuentra a gusto, parece como si las cosas se diluyeran… aunque nos preocupen.

Jose, qué más quisieras tú que ser un "pequeño" granito. Amos, que aunque la cuaresma te haya servido para disminuir, nunca llegarás a pequeño. Te lo digo yo. Así que vamos a dejarlo en pedrusco, que sirve para apoyarse y descansar ¿eh?
¡Buff! Ya tengo los cohibas preparados para el magno acontecimiento…
Gracias a los dos.
Cordialmente,
Félix

beatriz dijo...

Tú dirás lo que quieras pero si algún día yo lo necesito te lo pienso exigir.

Marisol dijo...

Lo pasasteis bien ¿eh?.... y la que os espera el jueves....¡no quiero ni imaginarlo!!!

Félix dijo...

Bienvenidas sea tus exigencias, Beatriz.

La verdad es que fue una tarde en la que todos disfrutamos y para mí, además, fue una catarsis necesaria, Marisol.
Mañana, jueves, volveremos a reunirnos con la disculpa de un mano a mano esperado. Pero, eso... que no es sino una disculpa. Seguro que volveremos a disfrutar.

Cordialmente,
Félix