¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

domingo, 9 de mayo de 2010

De Sansones y molinos

Son ya varios los días que la cosa me ronda la cana. Y, aunque aún no se haya secado mi sesera (o eso creo), veo más gigantes que molinos.
Me dicen que si quiero tomar la decisión, esta debe ser rápida pues se nos echa encima el tiempo. Que no pasará el verano en calma chicha, espantando moscas arrimadas al frescor de un gazpacho y secando los sudores con el fiel Levante de mi adorado sur. Que Hércules ya anda separando continentes y matando leones desde su atalaya.
No sé si acertaré, pues cualquier decisión, por fácil que esta sea, siempre corre el riesgo de ser equivocada. De lo que sí estoy firmemente convencido es de que la fidelidad a unas ideas, a unos planteamientos o a un proyecto de futuro, no pasa por cocear aguijones sino por el goteo constante que, con el tiempo, horadará la roca más sólida.
No es presunción porque necesita de la carga de la prueba, pero estoy seguro de que las cosas no se mueven por si solas. Además, en mi ignorancia posiblemente inocente, me veo lejos de saber si cualquier decisión alcanzará el rango de acierto. Por eso, en este críptico momento, la balanza tan pronto se vence hacia el lado más optimista como al de ese pesimismo que, por sólido y pesado, obliga a renunciar.
Aún hay mucho camino, es cierto, aunque parece que la meta la han acercado al punto de partida y que, aunque el recorrido sea menor, deberá multiplicarse el esfuerzo para quienes intenten alcanzarla. Y las fuerzas son escasas. Más para unos, cuyo único bagaje es el pantalón corto y la camiseta aún por sudar, que para otros.
Ahora, cuando aún no se ha marcado el recorrido, mientras está esta cana de mi alma empeñada en que le dé una respuesta, sólo sé que a lo más que alcanzan mis ojos es a ver que el camino será duro y que la cantimplora anda sólo medio llena. Y retraso la respuesta por más que ella, la cana de mi alma, me insista en que debo ser rápido pues ella, la cana de mi alma, está en un vilo que es casi un sinvivir. Tendrá que esperar a que sea yo, y no ella, quien descubra si los gigantes son molinos, si existe el bálsamo de Fierabrás y puedo rellenar con él mi odre, si no tendrá razón Sancho o si los bachilleres a los que habría de hacer frente son Sansones o son Carrascos.
Se acorta el tiempo, se recorta el camino y ella, la cana de mi alma, insiste en conocer lo que le ronda.

6 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Me parece que esto es un Si...

Félix dijo...

¿¿¿...???
Cordialmente,
Félix

Iacobus dijo...

No lo pienses Felix, es un SI. jejeje.
Saludos

Félix dijo...

Es que es para pensárselo, Iacobus. En cualquier caso, seréis los amigos los primeros en saberlo.
Cordialmente,
Félix

Anónimo dijo...

Haz lo que te dicte realmente el corazón, y no la cana. Si quieres, apoyos tendras, si no es asi, no pasa nada. Nadie te pide que te enfrentes a los molinos y a lobos disfrazados de ovejas si realmente no quieres hacerlo.

hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, tienes todo mi apoyo.
un fuerte abrazo.
Jesús Lopez.

Félix dijo...

Ya, Jesús, pero es que mi cana sabe más por diabla que por vieja y manda mucho sobre el corazón y sobre el deseo.
Sé que cuento con apoyos. No sé con cuantos, pero sí que los que hay son ciertos y sinceros, y no me asustan los lobos, qué va; me dan mucho más miedo los corderos, pues en su tranquilidad no quieren ver más allá y hacen todo lo posible por que no se les mude su mundo; esconden su cabeza bajo el ala y... virgencita, que me quede como estoy.
De todas formas, al final, el que más me preocupa (de ahí seguir pensando), soy yo mismo, aunque suene egoísta, pues no sé si conseguiría lo que propongo, lo que me propongo, y eso hace que me retraiga.
Gracias, de corazón, por tu apoyo, por vuestro apoyo, pues es éste el grueso de lo que intenta inclinar la balanza hacia el otro lado. Gracias.
Cordialmente,
Félix