¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

lunes, 9 de febrero de 2009

¿"Cofrados" o "cofradas"? ¡Cofrades!

Últimamente, no sé si porque al estar ya cerca la Cuaresma el incienso comienza a hacer mella en mis zonas sensibles o por el cansancio que provoca el tener que trabajar más de lo que quisiera careciendo, además, de la costumbre para ello, se mezclan las ideas alrededor de mi cana y algunas pugnan por salir, incluso coincidiendo en fondo o en forma con las que salieron hace poco. Esto me hace pecar de falta de originalidad, pero es algo para lo que me veo incapaz de mantener un cierto control.
De un tiempo a esta parte, no sólo en ese micromundo en el que andamos inmersos voluntariamente, sino en los más variopintos medios, se oye hablar de cofradías, de mujeres, de hombres, de cofrades... que en algunas partes de nuestra adusta región están adquiriendo gran protagonismo. Una relevancia quizá excesiva por mezclar sexos y cofrades, cuando debajo del capirote deja de existir aquél, el sexo, y todos pasamos a ser nazarenos-penitentes sin ninguna particularidad que nos identifique sexualmente. O así debería ser.
Y yo me pregunto, ¿tanto problema causa esto? ¿No se estará confundiendo tradición con inmovilismo? ¿No sería bueno estudiar objetivamente las circunstancias y, en función de ellas, decidir?
Ahora que, después de tantos años, he conseguido la igualdad. Ahora que muchos hemos conseguido la igualdad, aún quedan quienes piensan que todo esto puede afectar a su situación de mal entendido privilegio y optan por seguir anclados en un pasado que, por ultramontano, hace que sean vistos como retrógrados personajes en defensa de no se sabe bien qué. Porque, ¿es que la piedad popular tiene más peso en función de los atributos? o ¿es que sólo los hombres son capaces de desfilar en procesión como manifestación de religiosidad? o ¿es que aún queda algún gremio plenamente masculino que se pueda constituir en cofradía?
Ahora, que he conseguido alcanzar la misma categoría que una mujer. Ahora que he aprendido lo que es trabajar en casa (terreno tradicionalmente acotado a las hembras, salvo el hueco del sofá) y casi soy capaz de hacer lo que hacía mi madre. Ahora que sé lo que es una lavadora, no sólo para cambiarle los tornillos sino para conocer el principio de su funcionamiento, atreviéndome a discernir entre ropa clara y oscura y sus necesidades de tiempos y temperaturas. Ahora que sé lo que significa estirar unas sábanas para dejar la cama como si fuera de estreno. Ahora que soy capaz de freírme un huevo sin dejar la cocina como si hubiera tenido lugar la Batalla de Brunete. Ahora que no me avergüenzo de enfundarme el chándal y empujar el carrito en los pasillos del supermercado a la búsqueda de las ofertas y marcas blancas. Ahora que, cuando voy a animar al equipo de mis amores, las voces más fuertes, para bien y para mal, salen siempre de gargantas femeninas. Ahora que al pasar por las obras son ellas, las obreras, las que me ruborizan con sus requiebros. Ahora que el número de excelentes profesionales que salen de nuestras aulas se insertan en la vida sin tener que mostrar su condición. Ahora que casi hemos eliminado la discriminación, positiva y negativa. Ahora... Resulta que, como lo único que queda es ese reducto malinterpretadamente masculino que son algunas cofradías, éstas deben ser defendidas cual bastión sacrosanto.
¿Qué sería de la Semana Santa sin mujeres? ¿Podemos hacer de nuestras cofradías centro de discriminación en algo tan genérico?
Dejémonos de seguir queriendo mirar hacia atrás y hagamos que el camino siga hacia el futuro. Porque, aunque algunos lo nieguen, el futuro pasa por hacer de todos un solo cofrade. Sin sexos, sin categorías, sin clases. Porque bastante tenemos ya con lo que nos viene de fuera como para cismar desde los interiores.
Y todo esto, sin que me haya puesto a pensar, siquiera, en que la autoridad eclesiástica está de parte de la concordia.
Sólo sé que en casa, igual que freímos huevos mantenemos el sentimiento cofrade participando todos por igual.
¡Y nos va mejor que bien!

5 comentarios:

sentimientos y locuras dijo...

Semos todos iguales, estoy contigo en todo. Ahora me tienes que decir cual es la obra por la que su majestuosa figura pasa y lo piropean. Dígamelo para que quedemos y pasemos juntos a si me suba un poquito la moral.

Félix dijo...

No creo, Jose, que te diga por qué obras paso, pues lo dejo como parte de mi intimidad. Aun así, sabes que los jubilados y los desocupados las recorremos casi todas con ese espíritu de inspectores que tenemos la mayoría de los españoles. Así, si quieres un día quedamos y te vienes conmigo a inspeccionar zanjas y otras obras de ingeniería civil y, si tienes suerte, igual te llevas algún piropo.
Cordialmente,
Félix

Conchero dijo...

ay, la mujer en las cofradías. No te pierdas la actualidad de la Semana Santa de Zamora. Vamos a tener una Cuaresma movidita con este tema... y según se rumorea, una Pascua que va a dar mucho que hablar.

Un abrazo.

beatriz dijo...

Yo no gasto nada de mi energía vital en imponerme en sitios donde no me quieres ya sea por ser: mujer, morena, placentina, española, amante de los animales, amante de la plantas, compradora compulsiva de articulos de papelería, dormilona, devoradora de tocinos, en fin, yo.
Si un club es de hombres pues lo último que quiero es entrar al igual que en un club de rubias.
Tampoco encuentro necesariao crear por oposición. Todo es gastar energía a lo tonto.
B

Félix dijo...

Conchero, sigo esa actualidad zamorana gracias, entre otros, a tu blog. Por eso, veo que la Cuaresma va a ser movida, como dices. Esperemos a ver cómo acaban por desarrollarse los acontecimientos, aunque en Semana Santa, sigue sobrando integrismo y muchos de sus imanes, que darían cualquier cosa por ver a la mujer todavía con la pata quebrada (si no con el velo cubriendo sus cabellos y a tres metros por detrás de ellos).

Beatriz, a mí me pasa lo mismo, pero creo que hay que respetar la libertad de opción de aquellas personas que lo intentan, aunque sea entrar en el club de rubias (que ni tu ni yo) o en cualquier organización que, como es el caso, propugna la hermandad y, sobre todo, que reciben, aunque sea poco, dinero que procede de los impuestos de esas mujeres que quieren entrar a formar parte de las mismas (¿o no reciben subvenciones?). Aunque, intentar entrar a formar parte de "eso"... Ahí si que tienes toda la razón. Pero por tí, no por ellos.
Cordialmente,
Félix