¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Es Navidad

Desde este mismo momento comienzan mis vacaciones de Navidad.

Sí. Durante las próximas semanas aunque tenga que ir por el despacho de cuando en vez, lo haré de forma relajada y sin tener que poner la luz a los días y podré aprovechar para zambullirme en la alegre vorágine ciudadana; para disfrutar de la fría calma que envuelve las calles de esta ciudad cuando, en las primeras horas, la bruma se adueña de todos los espacios y las antiguas calles apenas son transitadas.

Pero, en estos momentos, cuando la alegría debiera estar comenzando a inundar todo mi interior, mi alma está encogida y esa cana que otras veces se muestra orgullosa, ahora quisiera sentirse invisible y desaparecer entre sus pliegues y arrugas; esconderse en el gurruño que, poco a poco, se va formando y dejar de sentir. Porque, a pesar de comenzar las fiestas y los días de descanso, a pesar de que son los días más artificiosamente entrañables del año; a pesar de que celebramos el nacimiento del Niño Dios con el espíritu renovadamente puesto en un pequeño pesebre; a pesar de muchas cosas que podrían venirme ahora hasta el recuerdo pero que prefieren quedar anónimamente ocultas, no creo que estos días vayan a ser celebrados como yo quisiera desde la añoranza de mis días infantiles. Porque, y es lo malo de hacerse viejo, las ilusiones que fui ahorrando para gastar poco a poco, son cada vez más escasas. Tanto que ya comienzo a ver el oscuro hondón del saco.

Porque un día 22 de diciembre de hace ya cuatro años, cuando el alegre y machacón soniquete de los pequeños de San Ildefonso inundaba todas las salas de ese viejo hospital, sus ojos acabaron por cerrarse en busca del descanso que llevaba tiempo buscando y que, además, tenía completamente merecido. Su cuerpo exhausto descansó, pero para mí fue lo peor que como hijo me pudo ocurrir. Y, aunque felizmente concelebre con todos nosotros estos días en que la familia es lo más importante, no puedo evitar que una lágrima de cariñoso recuerdo se pierda por el interior de mi ahora empequeñecida alma.

Porque, a pesar de vanos intentos, las cosas siguen sin cambios. Las promesas e ilusiones siguen siendo el huero espacio dentro de una cáscara cada vez más amarga cuando se intenta atravesar desde fuera. Y ese amargor, o amargura -que sería peor- , impregna las paredes de mi alma y debilita su sentido. Seguramente aún estemos a tiempo de volver a ser lo que siempre quisimos. Sólo es voluntad y cariño, que lo demás, al final, siempre carece de lugar. Pongamos pues lo mejor de nosotros en ello.

Y así, a pesar de todo, quiero hacer de tripas corazón. Aunque, ahora que hace ya un año que me descubrí la primera, una nueva cana comience a despuntar desde lo más íntimo de mi alma, quiero sobreponerme a adversidades y celebrar el festivo Misterio de la Navidad como siempre. Celebrarla como me dictan mis recuerdos y me pide el cuerpo. Celebrarla en el bullicioso recogimiento que requiere el hecho de saber que nos nace el Mesías. Compartir y compartirme. Seguir a la estrella hasta donde me guíe, como un pastor sin rebaño. Volver atrás la mirada y verles, a él y a ella, sonriéndome. Sólo eso, sonriendo.
Celebremos la Navidad. ¡Feliz Navidad!

7 comentarios:

Lucano dijo...

Mirar a lo que fuimos y reconocernos en lo que somos es una buena forma de celebrarla, añorando pero confiando, en el recogimiento pero en el anuncio. Feliz Pascua de Navidad.

beatriz dijo...

Dice mi admirado César Millán (conductista canino), que los perros sólo viven el presente, no quieren saber nada del futuro ni del pasado.

Pues eso, seamos un poco animales y DISFRUTEMOS DEL PRESENTE y a poder ser en buena compañía.

B

Félix dijo...

Siempre palabras acertadas, Lucano. Confiemos en el anuncio. Feliz Pascua a ti también.

Ciertamente que lo intento, Beatriz, pero cuando el pasado se te echa encima y el futuro se ofrece borroso, se hace difícil disfrutar el presente. Eso sí, en cualquier caso, siempre en buena compañía.

Cordialmente,
Félix

sentimientos y locuras dijo...

Es inevitable que en estos días en los que renace la tradición familiar, echemos en falta a nuestros seres queridos. Y más si se acerca la fecha. Pero hay que ponerse firme, sacar pecho, tragar saliva, darle la última caladita al puro habano bueno y oleeeeeeeeeee los toreros pa´lante.
Feliz Navidad y que estos días se compensen en alegría, paz y descanso.

Félix dijo...

Cierto, Jose. Siempre p'alante! Aunque las cuestas se vean empinadas antes de comenzar a subirlas, lo peor es quedarse abajo, sin intentarlo.
Intentaré dar la última caladita al habano (aunque me siente mal) y descansar con alegría y paz.
¡Feliz Navidad!
Cordialmente,
Félix

berrendita dijo...

Félix: ahora, cuando se cumplen cuatro años desde aquel 22 de diciembre, sé muy bien de lo que me hablas. Ahora es alguien de m sangre quien se nos está marchando en un hospital. Joven, muy joven. Con una mirada verde como la mía, un coraje que me emociona y tres hijos por detrás. No llega ni siquiera a los cincuenta.
Estas Navidades, a nosotros nos dejarán una cana en el alma y no sé si será capaz de teñirla la sonrisa del Dios Niño.

Un abrazo, de todo corazón.

Félix dijo...

Cuando el que se nos va, Berrendita, es joven, parece como si la espina que se nos atraviesa en el alma fuese más grande. Confío en que el Niño Dios ponga en vuestros corazones un poquito de esperanza alegre que ayude a superar los malos momentos.
A pesar de los duros momentos, deseo que tengas una feliz Navidad junto a quienes quieres y te quieren.
Cordialmente,
Félix