¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Buenas intenciones


Estoy haciendo repaso rápido, a vuelapluma, de todos los compromisos que adquirí al término del pasado año. Intento recordar todo aquello que no cumplí, a pesar de haber hecho firme compromiso, para poder retomarlo ahora, como si nunca me lo hubiese propuesto y, así, poder hacer la rotunda promesa de llevarlo a cabo este año que ahora comienza.
Son tantas las cosas que a lo largo de mi vida he intentado comprometer cada comienzo de año, que seguramente me deje un montón en el olvido. Sobre todo aquellas buenas intenciones que, por juventud más que nada, hacía sin tener en cuenta el riesgo que corría cuando las escribía en el imaginario calendario que caía, en blanco y negro, junto a la brillante bola del edificio de la Dirección General de Seguridad de la madrileña Puerta del Sol.
Cuando el color vino a inundar nuestras Nocheviejas y la luminosa bola pasó a ser parte de otras dependencias menos lóbregas, mis promesas seguían apareciendo firmemente con cada una de las campanadas del carillón. Tampoco me veo capaz de recordar esas buenas intenciones, la mayoría de las cuales se encuentran acompañando a las de la infancia en ese limbo al que van a parar las cosas que olvidamos o que queremos olvidar.
Y ahora, cuando mi cabeza y mi alma peinan más canas de lo que hubiera siquiera sospechado, vuelvo a caer en el error -por seguir la tradición-, y nuevos compromisos comienzan a rondarme la cabeza en estos momentos de debilidad sentimental, de transición entre fiestas. Así, después de que mi parte más íntima tuviese los deseos más altruistas y solidarios para acompañar el nacimiento del Niño Dios, aun a sabiendas de ser imposibles, es ahora mi parte más prosaicamente pagana la que comienza a celebrar el fin de un periodo o el comienzo de otro (es decir, nada de nada) con firmes promesas para que, ni siquiera intentándolas el primer día, se acumulen a todas las que he formulado en las últimas décadas.
Pero no deja de ser una tradición y, como tal, pienso cumplir con ella mientras engullo las uvas de la suerte. Doce compromisos, doce propósitos, doce intenciones... para olvidarlas en cuanto la última pepita recorra el primer tramo de esófago intentando, sin éxito, un atragantamiento que fuese motivo de chanzas familiares. Muchos no podría ni siquiera decirlos y el resto... me da vergüenza confesarlos. Pero seguro que habrá promesas y mi cana será escrupuloso e incorruptible notario de todas ellas para, cuando el año esté por terminar, echármelas en cara como siempre por estos días. ¡Algún día me la tiño!

5 comentarios:

Lucano dijo...

Me has recordado la novela homónima de Max Aub, que la presté a un conocido circunstancial hace unos años y nunca más supe de ella.

Di que sí, las tradiciones son para cumplirlas... y las buenas intenciones, para tenerlas ;-) Espero que esta Nochevieja tampoco haya "chanzas familiares" por añusgarte.

Conchero dijo...

Los propósitos de año nuevo... alguien diría que están para no cumplirlos... no lo sé, la verdad es que no suele hacer propósitos de año nuevo, pero sí que me hago muchos propósitos durante el resto del año que no suelo cumplir. Tal vez si los cumpliéramos no seríamos tan felices como pensamos. Quién sabe.

Feliz año nuevo.

Félix dijo...

Lucano, yo hace tiempo que cuando voy a dejar un libro a alguien, me despido de él y lo considero un regalo. Después, si puedo, me lo vuelvo a comprar. Y duele ¿eh?
Espero, por otro lado, cumplir como todos los años en tragar a uva por segundo sin sufrir daño.

Conchero, a lo único que me considero fiel es a la tradición de seguir las tradiciones. Y los buenos propósitos de cada comienzo de año, son una de ellas. Posiblemente sea sólo eso lo que me hace feliz.
Cordialmente,
Félix

beatriz dijo...

A mi me resulta de lo más divertido. Después de todos lo buenos propósitos para el nuevo año, apuro mi copa de cava y me dispongo a cenar. En fin, Spain is different y nosotros somos así.
B

Félix dijo...

Yo, Beatriz, hago lo mismo excepto por lo del cava, que no me gusta. ¿Es malo brindar con cocacola y después apurar la copa? Spain es diferente... hasta cierto punto, que hay tradiciones por ahí que...
Feliz Año a todos.
Cordialmente,
Félix