¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

martes, 13 de mayo de 2008

Fátima


Entro con la premura de un tiempo que se me escapa. Con el agobio de tareas por hacer golpeando con fuerza el portalón de lo previsto. Pero, no puedo por menos que recordar que hoy, 13 de mayo de hace ya muchos años, o al menos a mi me lo parece, unos niños revolucionaron el mundo. Unos chavalillos de la Lusitania profunda y rural que, en su inocencia, fueron capaces de ver a Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Y, en su visión, fueron capaces de mover el Mundo. Y, ¡eso es un auténtico milagro!

Seguramente las cosas no fueron como se contaron. Seguramente no todo fue sinceridad. Seguramente los intereses pudieron más que la propia fe. Pero, y esto es rotundamente seguro, esos pastorcillos fueron siempre fieles a su corazón. Y su corazón fue capaz de ver a la Virgen y de transmitir esta visión al Mundo. Y su corazón fue siempre fiel a las marianas palabras que en él quedaron grabadas. Nadie, salvo ellos, las escuchó, pero supieron ser magnífico altavoz de las mismas.

Por eso, yo, que me veo incapaz de creer en los milagros oficiales, reconozco que lo conseguido por Jacinta, Lucía y Francisco fue verdaderamente milagroso.

Y hoy, con su recuerdo en mi cana, sin secretos ni misterios, celebraré este día con la alegría que ellos supieron transmitir.
Hoy celebraré el día de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

7 comentarios:

locuras y sentimientos dijo...

Me uniré a ti, en este dia tan especial.

Lucano dijo...

"A tres pastorcillos la Madre de Dios descubre el misterio de su Corazón. Ave, Ave, Ave María...".

Razón tienes. Milagrosa fue su sencillez, su inocencia, su fidelidad. Lástima es que esto nos parezca milagro... pero así es. Un día para ser celebrado.

Marisol dijo...

Recuerdo que de niña, en el mes de mayo, durante el recreo cantabamos a la Virgen María: "el 13 de mayo la Virgen María bajó de los cielos a Cova da Iria, Ave Ave Ave María...." Que inocencia la nuestra, y la de aquellos niños, (quien les iba a decir a ellos la que se iba a montar a raiz de su visión) Ojalá muchos vivieran la fe con esa inocencia y no con afán de protagonismo y aprovechamiento.

Félix dijo...

Creo, Marisol, que todos, en nuestra infancia, hemos hecho el mes de María, le hemos dedicado cánticos y procesiones, y le hemos llevado ramos y ramos de flores. Recuerdo, como se fuera hoy mismo, la celebración en procesión, con la imagen de la Virgen de Fátima, que hacíamos en el Colegio de San José, regido por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Y siempre manteniendo la infantil inocencia. Sencillez, Lucano, que en estos tiempos que ahora vivimos pasa más por milagro que por algo en la norma. Por eso, lo celebro y agradezco tu compañía, Jose, en la celebración.
Cordialmente,
Félix

Gorky dijo...

Ave María. Milagro fue, es y será que alguien se pare y sepa ver la mano de Dios en el mundo y sepa oir a nuestra Madre dando ejemplo de serenidad y entrega.
Lástima el mercadeo que existe en Fátima. Aun así un lugar entrañable para visitar.
Este verano fui por quinta vez y al fin me decidí a comprarme la estatuilla fosforescente que me iluminó largas noches en casa de mi abuela y que ahora acompaña mis sueños frente a mi cama.
Gracias por hacernos meditar, Félix

berrendita dijo...

Precioso post, Félix. Siempre me ha parecido super tierna la foto de los tres niños de Fátima; podrían ser niños de Aliste, de Sanabria, de la Sierra, de cualquiera de nuestros pueblos de la Raya oeste, con sus tocados y sus paños pobres, con las camisicas de cuadros... quizá por eso siempre me ha parecido una fiesta tan entrañable. El mercadeo del que habla Gorky vino después. Yo me quedo con los tres niños, con la pobreza escondida, con aquellos pueblos de miserias en los que la fe era como el oxígeno, necesario para vivir. Del pueblecico al mundo: he ahí el milagro.

Besicos.

Félix dijo...

Niños, inocencia y miseria. Ahí es donde está el mejor caldo. Por eso, yo sé que estos niños, capaces de conmover al Mundo, siempre fueron sinceros. Ese es el milagro. Lo del mercadeo posterior, Gorky, es algo que siempre viene añadido y que seguramente es hasta necesario (estaba pensando en la venta de estampas y rosarios que hace mi Hermandad durante la Semana Santa).
La fe y la inocencia, Berrendita, siguen siendo el oxígeno de muchos pueblos de la raya. Y nosotros estamos casi en ella. Por eso, como todos los años, me acerqué por San Esteban y recordé mi infancia inocente en la procesión de la Virgen, cantando sus letrillas y rezando el rosario.
Cordialmente,
Félix