¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

viernes, 7 de marzo de 2008

Martes Santo


Parece mentira, pero en estos días, cuando apenas quedan horas para celebrar la única semana del año esperada por todos quienes nos sentimos cofrades, cuando la mente debería bullir saturada de pasiones, no me veo capaz de decir ni una sola palabra. Se ma anega el alma y se quiebra con una pesadumbre que, por desconocida, no soy capaz de controlar y se me escapa.

Es cierto. Estaba advertido y no lo creí, pero el paso de la Cuaresma avanzando hacia las noches racheadas por silenciosas zapatillas, rotas por el tronar de tambores, me acerca poco a poco, pero de forma inexorable, hacia la realidad de una decisión.


Pero, aun así, podré disfrutar. Tendré la suerte, la inmensa fortuna, de aliviar el deseo de pisar calles cofrades, acompañando a negros penitentes de romo capillo, revestido de azul muceta y, con la cara descubierta por el respeto debido, rezar en alta voz la oración para el silencio universitario que, como cada año, con la callada anuencia de fray Luis, reúne en ese patio de saberes de la universal Salamanca el más alto de los conocimientos con una tradición del pueblo, universidad popular, que aun con sólo unas décadas parece asentada en siglos. ¿Alma Mater? ¿Mater mea? Fusión de lengua para un caminar sereno sobre las losas que contemplan el paso de imágenes portadas por joven ilusión soporte de pasado. De nuestro pasado.


Volveré a recordar algo que jamás olvidé. Porque esto, así que hubieran pasado mil años, nunca se olvida. Porque se aprendió con la infancia, se fijó en los primeros pliegues del alma y se repasa, como la mejor de las lecciones, como si cada día fuese víspera de examen. Y así, la experiencia me será suficiente para acompañarles sólo en sus primeros pasos. Hasta alcanzar las puertas del saber. Y de allí dejar que siga su vuelo en soledad, en un silencio acompañado por fúnebres notas, para, al final, como siempre, retornar. Cerrar el ciclo. ¡Tantos años y como si fuera el primero!

Y, cuando estemos entre escuelas mayores y menores, en el silencio de mi intimidad, tras prometer y hacer prometer silencio inquebrantable, la primera "levantá" del paso estudiantil "irá" por la que siempre será mi Hermandad. Y como nos gusta, por carácter, por estilo, repetiré callado palabras que vienen de abajo.


-"¿Estamos? ¡Estamos!"

-"¡Vámonos al cielo con Nuestra Señora Madre de la Sabiduría!, ¡A esta es!"

-"¡Al Cielo con ella!"

Es mi deseo.

Y escucharé caer el peso de la pasión sobre hombros de estudiantes.

"¡Ahí queó!"

6 comentarios:

Lucano dijo...

Claro que podrás disfrutar. Silenciando la noche del Martes, que se queda ahí, donde fray Luis aprueba todo desde su altura.

Félix dijo...

Ahí quedará, entre dorados sillares. Gracias Lucano.
Cordialmente,
Félix

berrendita dijo...

Desconozco los ritos, Félix. Pero creo adivinar lo que nos quieres decir. Desde el silencio o desde la palabra, seguro que el Martes Santo hasta Zamora llega un soplo de viento del Tormes y nos trae tu profunda emoción. Sea entre dorados sillares o sea bajo la pana de un caperuz verde.

Un abrazo.

Félix dijo...

El rito no es más que la fusión de mis dos pasiones. Semana Santa y Universidad. Desfilaré, revestido de doctor, junto a la Hermandad Universitaria y, en el Alma Mater, oraré en alta voz la plegaria que tradicionalmente se realiza como promesa de silencio.
Seguro que en mis sensaciones de esos momentos estará, junto a otras muchas, junto a dorados sillares o "levantás" salmantinas, la verde pana de caperuces zamoranos.
¡Sea!
Cordialmente,
Félix

Gorky dijo...

Aun a riesgo de llegar más que tarde, te escribo para felicitarte por algo que creo es un alto honor.
La promesa de silencio de mi hermandad, pues así es a pesar de mi voluntario retiro, es algo que te marca cuando la oyes, cuando la vives bajo una cruz y cuando la elevas a viva voz ante la imagen del Cristo de la Luz y Nuestra Señora Madre de la Sabiduría y nunca se olvida.
Yo tuve la suerte, pues no fue más que el azar de una afonía lo que me puso en ese lugar allá por el año 1989 ó 1990 no recuerdo bien, de hacer prometer a mis hermanos el silencio de la oración procesional. Y eso además de asustar enorgullece de manera notable.
Enhorabuena pues.
Me fue imposible asistir al patio de escuelas porque cuando quise llegar estaba imposible pasar.

Félix dijo...

Honor y orgullo, bien dices, Gorky.
La unión de Alma Mater y Mater Mea es apasionante para un universitario cofrade. Y yo, por lo menos, me siento ambas cosas.
Cordialmente,
Félix