Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.
viernes, 18 de julio de 2014
En un año
domingo, 14 de julio de 2013
Otro 16 de julio... ¡FELICIDADES!
Han sido meses de ilusiones y frustraciones que me han han roto y hecho renacer esta cana que ya deja de estar en mi alma para, en muchas más ocasiones de las que yo quisiera, rodearme por entero, protegiéndome a veces y ahogándome las más.
Sin embargo, hay días, momentos quizá, en que el espíritu se desenfunda cual almohadón para dejarse ver por dentro, ahí donde las costuras engordan; para dejarnos volver a lo que un día fuimos aunque solo sea en un efímero recuerdo. Hoy es uno de esos días. Hoy he vuelto a recorrer una infancia casi olvidnada, para marchar a por cangrejos al molino junto al puente y tomar un refresco en el chamizo de La Quintina; para merendar en quién sabe ya qué alameda o en El Piélago o en la Presa del Vicario o en Alarcos o en Picón; para probar un rancho que siempre me supo a gloria bendita; para ir al pueblo, a La Torre, a disfrutar de aromas indescriptibles; para subirme a los camiones en la báscula de la Dehesilla mientras me empanzonaba de manzanas verdes; para asomarme a la ventana del cuartito, como cada sábado, y ver los marciales desfiles en el polvoriento patio del cuartel; para abrir el mueble del comedor y robar mi primer cigarrillo; para subir con el "seilla" a La Atalaya a disfrutar de los fuegos de artificio; para tantas y tantas cosas... Y en todas ellas, siempre, omnipresente, estaba él. Atento aunque dejándose parecer descuidado, dejándome crecer en cada uno de esos momentos. Ahí estaba él, orgulloso de mí, orgulloso de nosotros, aunque ese carácter suyo, forjado en la dureza de los tiempos, no dejase translucir el menor atisbo. Ahí estaba él, orgulloso de haber formado una familia con la que ahora poder compartir recuerdos. Porque, a pesar de los años, seguimos compartiendo, quizá ahora con más intensidad, todos aquellos momentos en que juntos, sin saberlo entonces, forjamos lo que tenemos ahora.sábado, 16 de julio de 2011
Noventa años
Mientras, el resto del mundo quedaba admirado por el juego de un cubanito que, tras vencer a Lasker, se alza con el título mundial de ajedrez. El temperamental habanero Raúl Capablanca se convertirá en el único campeón de ajedrez que diera la isla caribeña.
Hoy, dieciséis de julio, mi padre cumpliría noventa años y no puedo dejar de recordarlo. Porque de esos noventa que hubieran sido, más de cuarenta, que son toda una vida, los pasé junto a él. Aprendiendo aunque no fuera consciente, porque lo que yo aprendí se me impregnó sin palabras, discreta pero firmemente. Educación, principios, maneras de ver la vida y enfrentarla, cosas que jamás me inculcó pero que se me quedaron dentro como si me las hubiera grabado a fuego. Cariños y silencios.Por eso, aunque sea ya solo en el recuerdo... ¡Feliz noventa cumpleaños! ¡Felicidades, padre!
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Juramentos y gurrumbadas
Bien. Pues, sea como sea, hoy es uno de esos días; uno de esos momentos en los que me autoimpulso a dejar plasmado mi recuerdo. Hoy es día de juramento ante los evangelios, frente al magnífico óleo de Caccianiga, para mantener una secular tradición que sólo vive en el alma de unos pocos. Y lo he hecho. En silencio, sin muceta ni birrete y frente a la impresionante Inmaculada de Fernández que nos mira desde la altura de su hornacina mientras preside los actos festivos de la Capilla Dorada. Lo he hecho aunque sepa que será difícil que mi propia sangre aflore para defensa del dogma, pero la fidelidad a la tradición deja a esta cana que me rige con una calma serena que durará hasta la próxima renovación del juramento.
Vaya también mi felicitación para quienes se sienten concelebrantes de este día, nobles y villanos, en todos y cada uno de los rincones de esta España mariana. Valencianos y sevillanos, madrileños y salmantinos, pero, con especial dedicación, el mejor de mis recuerdos sea para todos aquellos que aún se sienten doctores de la Salamanca del diecisiete; para todos aquellos, no sé si pocos o muchos, que mantenemos fidelidad a un juramento renovado cada ocho de diciembre a pesar del olvido de siglos en este mundo profano. Hoy me felicito por ello. Hoy me siento feliz por ello.miércoles, 3 de noviembre de 2010
Uno menos... uno más
Iré a ver a Martín, el santito negro, como todos los tres de noviembre.
Pierdo barriga y me siento bien.
jueves, 7 de octubre de 2010
Rosario...
viernes, 16 de julio de 2010
¡Felicidades!
lunes, 4 de enero de 2010
El segundo
jueves, 31 de diciembre de 2009
31 de diciembre
Fiel a esa tradición que me embarca todos los años en este día, he acudido a rendir mi homenaje a don Miguel.He sentido su hálito entremezclado con las gotas de lluvia.
He revivido aquellos momentos que sólo conozco por la lectura.
He intentado imaginar cómo sería con él presente.
He acompañado a cada una de las hojas de laurel de esa corona de lazo rojo, sin más color, para aposentar mi recuerdo a los pies de su figura.
Pero yo, como él, quiero vivir, vivir... y ser yo, yo, yo... aunque el duro bregar me deshaga.
sábado, 12 de diciembre de 2009
El siguiente al primero
Normalmente, uno no se da cuenta de que ha pasado el tiempo hasta que no llega una fecha significada. Pero no es mi caso, pues creo que no hay día en que no recuerde la fecha que hoy conmemoro.
Ha pasado ya un año desde que pasó el primero; desde que publiqué mi primer recuerdo para, vuelvo a decirlo, el mejor de los amigos que llegué a tener. Porque me dejó ser su amigo y yo aproveché su generosidad.
P.S.
No me resisto, en esta señalada fecha, a recordar a Luis como se merece. Por eso y haciendo mezcla de lo suyo (la Semana Santa) y lo mío (las antigüedades de Salamanca), traigo aquí este documento (al que llegué desde las palabras de don Manuel Villar y Macías en su "Historia de Salamanca"), extraído de la obra "El Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca en Salamanca" de la que es autor Manuel Sendín Calabuig. Trata éste de cómo tenía este Colegio, el del Arzobispo, de Fonseca o de Nobles Irlandeses, el privilegio de que las procesiones de Semana Santa, Pascua de Resurrección y de la Santa Cruz de mayo, se acercaran hasta sus muros y de cómo se organizaba toda la parafernalia colegial en los actos de los diferentes días.
Todas las procesiones entraban en la capilla del colegio y pasaban por delante de los bancos de terciopelo en los que estaba sentada la comunidad colegial. Incluso las que no podían entrar a la capilla, subían al atrio por un lado de sus escaleras y bajaban por el otro, a la vista de todo el Colegio. Allí, dentro o fuera, se practicaban ceremoniales semejantes a los celebrados en las audiencias del reino.
Así, descubro que no sólo fue mi querida rana de la fachada principal de la Universidad salmantina la que tuvo el privilegio de ver el paso de las procesiones penitenciales desde la primera fila, sino que también Santiago Matamoros, desde su medallón de la fachada del Colegio, fue espectador de lujo del paso de cruces, hachas y nazarenos. Es éste un dato que desconocía (como muchísimos otros en la historia de esta ciudad que me atrapa) y que dejo aquí para memoria de quien vivió por y para la Semana Santa.
lunes, 7 de diciembre de 2009
De conceptione Beatae Virginis Mariae
No soy consciente de haber realizado dicho juramento en mi investidura como doctor pero, aunque sólo fuera por tradición, lo asumo como si yo fuese uno de aquellos primeros que lo hicieran en 1618.
martes, 3 de noviembre de 2009
Tres de noviembre
Seguramente para la mayoría de los mortales no es sino una fecha más en el calendario, sin que deba ser recordada por ningún motivo particular. Para otros, pues somos tantos y han ocurrido tantas cosas, este día puede ser recordado por motivos diversos y variados, alegres o luctuosos.
Un día tres de noviembre de 1256 tuvo lugar en Salamanca una de esas avenidas del Tormes que se mantienen en el recuerdo a través de los siglos. Una riada que provocó que el puente romano perdiera más de la mitad de sus ojos, dejando incomunicados el sur y el norte de la península... Al menos por lo que a este paso se refiere. Una riada que dejó a los frailes dominicos (recién asentados en la ciudad de Salamanca) sin un techo bajo el que cobijarse, pues su convento quedó arrasado por las aguas. Pero, providencia divina, esto dio lugar a su traslado a la pequeña iglesia de San Esteban... y hasta hoy.sábado, 31 de octubre de 2009
Difuntos anónimos
Vuelvo a visitar el camposanto. A pesar de laicidades y disfraces, mientras los más jóvenes se desperezan tras una noche de muertos vivientes, de trucos y tratos, de bailes y calabazas. A pesar de todo, prefiero el olor a churro y anis, el colorido de claveles y crisantemos, el trasiego lúgubremente festivo por los estrechos caminos que, entre nichos y tumbas, recorren hombres y mujeres fieles a una tradición y a una liturgia. Porque yo seré uno de ellos. Porque allí están mis difuntos. Porque creo en la liturgia. Porque mantengo la tradición.¿Será resultado de la secularización popular o habrá sido así toda la vida? ¿Será esto el laicismo con el que nos amenazan?
¿Y los que nunca tienen flores y jamás tuvieron una fotografía? Pobres, aquellos a quienes nadie va a recordarles y permanecen con sus nombres borrados por el paso del tiempo. Lápidas anónimas que observan el trasiego sabiendo que nadie se detendrá junto a ellas, siquiera en estos días de los que se saben protagonistas. Porque muchos de ellos son santos al tiempo que difuntos. Pues para ellos es mi recuerdo. Para ellos mi oración de estos días. Para ellos mi curiosidad por saber que fueron, imaginando a buenas gentes, dedicadas a lo suyo y a los suyos, felices mientras vivieron. Para ellos, anónimos residentes, mis paseos entre cipreses y mausoleos. Para ellos las flores que dejo sobre la tumba de mi padre. Porque sé que a mi padre nunca le hubiera importado compartirlas. Para ellos los cientos de fotografías robadas que podrían ponerles rostro. Para ellos el mejor de mis recuerdos en mi oración.jueves, 16 de julio de 2009
¡Hoy es tu cumpleaños!
viernes, 27 de marzo de 2009
Aniversario Dominicano

sábado, 3 de enero de 2009
Una cana en el alma

miércoles, 31 de diciembre de 2008
Argonauta

viernes, 12 de diciembre de 2008
12 de diciembre
No es que no haya nada que decir, sino que hay momentos o periodos en los que se me contraen los dedos, se me agarrota el entendimiento y no soy capaz de dejar aquí todo lo que, en un momento u otro, me anda rondando la cana en los lugares más imprevistos.
En los últimos tiempos ha habido multitud de temas con posibilidad de generar un comentario. Sin ir más lejos, aunque hubiese pecado de falta de originalidad, lo último que me anduvo por los adentros mentales fue la urgencia fisiológica de evacuación vesical o, lo que es lo mismo, las prisas imperiosas para correr hacia algún lugar en el que desalojar la vejiga sin tener que mearse encima, y cómo el cañón de un arma en la cabeza relaja esfínteres haciendo de este proceso algo incontrolable en valientes que, cuando están del otro lado de la pistola, no permiten a su victima ni orinarse encima, pues acaban con ella a traición y por la espalda. Y no sería original porque ya ha sido tema tratado por distintos analistas en diferentes medios, escritos y hablados, en los últimos días. Pero, además, debo recordar que en mi primera contribución a este irregular "diario", ya tenía en mente la presión que la glándula prostática ejerce sobre su entorno y cómo esto obliga a la búsqueda de mingitorio de forma precipitada. Y esto, sólo por poner un ejemplo, pero había más. La muerte en la búsqueda del amor. El adoctrinamiento por la eliminación de la doctrina. La sesgada memoria en la histórica mente de algunos... y tantos más. Aún así, ninguno de ellos ha tenido fuerza suficiente como para que dejase aquí mis impresiones.
Pero hoy, 12 de diciembre, no podía dejarlo pasar. Aunque la escasez de tiempo o de ganas, que en el fondo viene a ser lo mismo, me mantengan alejado de esta bitácora más de lo deseado. No. Hoy, 12 de diciembre, debo cumplir un compromiso que, en lo más íntimo de mi virtualidad, adquirí hace un año. Bueno, algo menos, pues mi compromiso nace el mismo día en que muere el año. En todo caso, semana arriba semana abajo, el compromiso existe y no renuncio a cumplir con él.
Un día como hoy, 12 de diciembre de hace ya un largo año, dejó este mundo y toda su parafernalia mi amigo Luis. Seguramente el mejor amigo que jamás soñé, aunque no quisiera con esto rebajar el valor de aquellas otras amistades que a lo largo de mi vida he compartido, comparto y seguro compartiré. Pero ninguna como la suya.
Y, en este último año, han sido muchos los momentos en que su espíritu me ha rondado para acompañarme. Han sido muchas las ocasiones en las que mi recuerdo ha sido para él y para su ideal. Han sido numerosas las actividades que, si hubiera seguido aquí, sé que habría comentado en su interés por mantener viva la Semana Santa salmantina. Porque, aunque en algún momento me comprometí a ser la voz que continuara su labor, no he sabido mantener el estandarte suficientemente elevado y me he dispersado por otros caminos que, frecuentemente, han discurrido de forma completamente divergente con el que él tenía planteado.
Durante este año sé que han sido muchos los asuntos cofrades que Luis hubiera gustado plasmar en su bitácora y que yo, como compromisario, debiera haber materializado. Pero seguramente un mal entendido pudor me atenazaba cada vez que intentaba tomar su pluma y tocar cualquier tema que él hubiera manejado con habilidad.
Sé que él habría hablado de cofradías y cofrades; de actos y procesiones; de juntas y bases; de ilusiones y decepciones; de tallas y pasos; de pasión y gloria; de nuevos y viejos... Pero cada vez que yo intentaba recuperar su memoria, el nudo corredizo de una áspera soga se cerraba alrededor de mi blanca cana, impidiéndome cualquier actividad más allá del cariñoso recuerdo.
Él hubiera podido hacer un repaso de nuestra semana más querida y disfrutada. Hablar de nuevas tallas y de su calidad. Entrometerse en el diseño de recorridos absurdos. Alabar las mejoras que todos disfrutamos gracias al interés de algunas cofradías por superarse día a día. Recordar los siempre olvidados acuerdos para los actos y procesiones del Viernes. Proponer nuevos pregoneros aunque fuese gritar en el desierto. Y, sobre todo, volver a la carga con esa Junta de Cofradías que sigue igual que cuando él estaba. Nuevas y viejas caras, pero siempre su Semana Santa.
Yo he sido incapaz de hacer nada siquiera parecido. Me perdí por otros vericuetos. Pero, sin dudarlo ni un momento, he sido fiel a su recuerdo. Por eso, hoy tenía que decirlo. Hoy debía hacer presente la memoria de mi amigo. Por eso hoy dejo aquí este recuerdo que quiere ser homenaje a su memoria.
Descanse en paz.

martes, 25 de noviembre de 2008
Bicentenario


lunes, 3 de noviembre de 2008
Martín












