¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.


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domingo, 27 de diciembre de 2009

Inocentes


No es historia, pero la tradición le ha dado cuerpo y lo demás queda para la historia.
Nos cuenta Mateo en su Evangelio que Herodes el Grande, en un arranque soberbio, quiso proteger su corona frente al Rey de los judíos recién nacido. Herodes no podía saber con certeza contra quién actuar, a quién eliminar, por lo que pasando a cuchillo a todos los menores de dos años se aseguraba el éxito de su empresa. Y aun así, falló.
Cientos, miles quizá, de inocentes criaturas arrancadas de los brazos maternos. Cruel destino el de quienes no podían defenderse. Horror. Llanto. Lamento.
Se defiende el derecho de la mujer y lo entiendo. Se defiende el derecho de los animales y lo entiendo. Se defiende el derecho de los que optan por una sexualidad diferente y lo acepto. Se defiende el derecho de los artistas y lo acepto. Se defiende el derecho de los que no creen y lo acepto. Se defiende el derecho de... y lo acepto.
Cruel destino de de quienes, inocentes criaturas, no pueden defenderse, pues por nonatos carecen de derecho. Y no lo acepto.
Herodes, el necio, salvó su reinado pero no logró su objetivo. Porque quien venía a ser Rey de los judíos jamás mostró interés por ese reino. ¿Salvaremos nosotros nuestro reino? ¿Lograremos nuestro objetivo? O fracasaremos como Herodes y perderemos nuestro objetivo.
Lo único cierto es que no se trata de una broma.

martes, 3 de noviembre de 2009

Tres de noviembre

Hoy es tres de noviembre.
Seguramente para la mayoría de los mortales no es sino una fecha más en el calendario, sin que deba ser recordada por ningún motivo particular. Para otros, pues somos tantos y han ocurrido tantas cosas, este día puede ser recordado por motivos diversos y variados, alegres o luctuosos.
Para mí, esta fecha es especial, por lo que entro en el segundo de los grupos anteriores. Una fecha siempre recordada aunque tenga la cana cada día que pasa más huera y a mi alma le cueste retener detalles que la memoria fijó en ella alguna vez.
Un día tres de noviembre de 1256 tuvo lugar en Salamanca una de esas avenidas del Tormes que se mantienen en el recuerdo a través de los siglos. Una riada que provocó que el puente romano perdiera más de la mitad de sus ojos, dejando incomunicados el sur y el norte de la península... Al menos por lo que a este paso se refiere. Una riada que dejó a los frailes dominicos (recién asentados en la ciudad de Salamanca) sin un techo bajo el que cobijarse, pues su convento quedó arrasado por las aguas. Pero, providencia divina, esto dio lugar a su traslado a la pequeña iglesia de San Esteban... y hasta hoy.
Un día tres de noviembre de 1639 fallecía en Lima, en la Ciudad de los Reyes, el primero de los santos negros de América, el santo moreno al que profeso toda mi devoción: San Martín de Porres, quien para mí será siempre "El Santito". Porque yo, persona poco dada a devociones imagineras, siento una debilidad, posiblemente heredada, por este hombre que fue capaz de reunir en una sola persona tanta bondad, comprensión, caridad y fe, que me hace sentir algo especial por él.

Un día tres de noviembre de 1961 venía al mundo en tierras de Don Quijote, un niño. Un chaval que disfrutó su infancia de llanuras manchegas y que al cabo del tiempo vino a madurar a esta Salamanca que le enamoró haciendo que se atase a ella y a sus gentes de forma permanente. Alguien a quien el color de la piedra, el olor de las casas, el sonido de las calles le retienen con un nudo invisible, indivisible y para toda la vida. Alguien a quien lo charro le caló hondo. Tan hondo que presume de charrería allá por donde vaya. Alguien que jamás negará su raíz pero que nunca renegará de ser salmantino hasta lo más escondido de su alma.
Hoy, día tres de noviembre de 2009, volveré a charlar con mi Santito como hago todos los años. Estaré con él celebrando su fiesta y nos contaremos nuestras cosillas. Hablaremos de cómo nos van las cosas y de nuestros proyectos. De familia y de amigos. Será sólo un rato, pero servirá para mantener consolidada esta devoción que le profeso. ¡Qué digo devoción! Admiración sería la palabra. Porque siempre será ejemplo vital para mí.
Seguramente para la mayoría de los mortales, el día de hoy sea uno más en el calendario, pero para mí, es especial. Hoy, en San Esteban, el Santito y yo, nos pondremos el traje charro para, en la mejor de las comuniones, celebrar y celebrarlo.

sábado, 31 de octubre de 2009

Difuntos anónimos

Vuelvo a visitar el camposanto. A pesar de laicidades y disfraces, mientras los más jóvenes se desperezan tras una noche de muertos vivientes, de trucos y tratos, de bailes y calabazas. A pesar de todo, prefiero el olor a churro y anis, el colorido de claveles y crisantemos, el trasiego lúgubremente festivo por los estrechos caminos que, entre nichos y tumbas, recorren hombres y mujeres fieles a una tradición y a una liturgia. Porque yo seré uno de ellos. Porque allí están mis difuntos. Porque creo en la liturgia. Porque mantengo la tradición.
Va a hacer un año ya que, en la única visita obligada que hago a este lugar, descubrí que las flores que depositamos en su lápida, ésas que horas antes le fueron regaladas por quienes más le quieren, habían sido sustraídas.
Ayer, escucho en un noticiario local que las fotografías que mantienen el recuerdo de quienes allí moran, hasta un total de más de doscientas, habían sido arrancadas por lo que se supone serían gamberros.
¿Será resultado de la secularización popular o habrá sido así toda la vida? ¿Será esto el laicismo con el que nos amenazan?
Pues yo, igual que hace un año, igual que siempre, volveré con los míos a depositar mi ramo de flores sobre la lápida, consciente de que sólo serán para unas horas; de que los "profesionales" de la gratuidad del propio exorno funerario a costa de los otros, caerán inmediatamente sobre ellas para su traslado a donde ellos, con toda su seguridad, creen que son más necesarias: sus propios muertos.
Pues aquellos a quienes les han robado los rostros de los suyos, volverán, como cada año, para, aun sin verles la cara, charlar con ellos como si nada hubiera ocurrido; para decirles que no hace falta una fotografía cuando el recuerdo está indeleble en el alma.
¿Y los que nunca tienen flores y jamás tuvieron una fotografía? Pobres, aquellos a quienes nadie va a recordarles y permanecen con sus nombres borrados por el paso del tiempo. Lápidas anónimas que observan el trasiego sabiendo que nadie se detendrá junto a ellas, siquiera en estos días de los que se saben protagonistas. Porque muchos de ellos son santos al tiempo que difuntos. Pues para ellos es mi recuerdo. Para ellos mi oración de estos días. Para ellos mi curiosidad por saber que fueron, imaginando a buenas gentes, dedicadas a lo suyo y a los suyos, felices mientras vivieron. Para ellos, anónimos residentes, mis paseos entre cipreses y mausoleos. Para ellos las flores que dejo sobre la tumba de mi padre. Porque sé que a mi padre nunca le hubiera importado compartirlas. Para ellos los cientos de fotografías robadas que podrían ponerles rostro. Para ellos el mejor de mis recuerdos en mi oración.

domingo, 16 de agosto de 2009

Mi cana en una maleta (7)

DÍA 7: CARIDAD
Hoy es, posiblemente, el primer día en que altero mi rutina.

Cuando San Roque está ya expectante por salir a la palestra festiva en muchos de los pueblos que rellenan la provincia de Salamanca, el resto, la inmensa mayoría de localidades españolas, anticipa fiestas mayores al celebrar la subida al los cielos de Nuestra Señora. No creo que haya ciudad, pueblo o aldea que no celebre en este medio del mes a la Virgen de Agosto, mostrando el inconsciente rechazo popular a esa aconfesionalidad militante de la que no sólo presumen quienes nos mal gobiernan, sino que intentan imponer por decreto, real o imaginado, a quienes somos mayoría silenciosa y no estamos de acuerdo con sus postulados.

Hoy, en la más o menos cercana localidad de Sanlúcar de Barrameda, el pueblo y todos los que nos quisimos acercar, celebramos en comunión esta festividad. De la Virgen de la Caridad, la llaman, nombre que particulariza la generalidad de ese otro de Agosto en el que se asocian todas las advocaciones del día.

Las gentes nos agolpábamos en sus calles aguantando un calor como hacía tiempo nadie recordaba por los entornos. Todos admirábamos, sorprendidos los que lo hacían por primera vez y orgulloso el resto, esos tapices coloreados que cubren la calle principal. Unos coloridos cuadros que ya el día anterior crearon las manos de los más pequeños con sal coloreada. Sal teñida para formar una alfombra diseñada con cariño y confeccionada con esmero. Sal de la tierra para rendir el más sentido de los homenajes de los sanluqueños a su virgen, a su patrona.

Todos esperábamos el paso de la imagen mientras contemplábamos el colorido suelo...


...y los altares. Altares callejeros dispuestos con esmero cofrade para recibir a su paso a la Reina de los Cielos. Altares de gloria desde las hermandades de pasión.

Caída la tarde, cuando el sol intentaba retirarse para refrescar un poco el ambiente sin lograrlo, se escuchan las primeras notas musicales entreverándose con el tañer de las campanas. ¡La Virgen está saliendo para recorrer las calles!

Todos esperamos para verla sobre sus costaleros rachear esa sal ordenada primorosamente. Todos aguantamos ese calor que sale del suelo y que penetra por nuestros pies para alcanzar hasta el último de nuestros pelos.

Comienza a verse el cortejo.

Representaciones de todas las hermandades locales empiezan a pasar ante nuestros ojos. Banderas y más banderas, acompañadas por todas y cada una de las juntas de gobierno. Varas plateadas, doradas y de madera. Trajes clásicos para soportar un día de verano. Mantillas para acompañar a la Señora. Hasta cuarenta cofradías, penitenciales y de gloria, se disponen en ordenada fila.
Tras ellas, elegantemente ataviados con chaqué y mantilla, el cortejo municipal, escoltado por maceros, y la junta de gobierno de la cofradía titular. Finalmente, la Virgen de la Caridad en su paso de plata, pequeño pero bello, soportada por sus costaleros y acompañada por cantidad de damas cofrades.

Las zapatillas costaleras rachean sobre la salada alfombra, pero los dibujos no se deshacen y continúan casi perfectos tras el paso de la Señora. Delicadeza al caminar para no romper los deseos de todos los sanluqueños manifestados en esa alfombra que hilaron los más pequeños.

Termina la procesión y como impulsados por un resorte de fe o tradición, que aquí se aúnan, los niños se abalanzan al suelo para recoger esa sal que ha sido pisada por la Virgen. Puñados de sal de colores depositados en los recipientes más inverosímiles.

Todos quieren guardar un pedazo de procesión, al menos hasta el año próximo en el que se recomenzará el ciclo. Seguro que más de uno acumula, como preciado tesoro, sus botellitas repletas de salado recuerdo, de todos los años en los que participó en esta fiesta infantil. Preciosa forma de mantener un fe basada en lo simple pero que arraigará con fuerza para mantenerse durante toda la vida. Por mucho que otros quieran imponer sus no creencias.

Noche cerrada en Sanlúcar. La Virgen se recoge mientras nosotros emprendemos el camino de regreso. Otros inician su particular "procesión". El calor aún impregna todo nuestro cuerpo, pero volvemos alegres. Hemos participado en una manifestación de fe. Hemos asistido a la procesión de Nuestra Señora de la Caridad y hemos disfrutado. En todos los sentidos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Martín


Hoy es el día en que Martín y yo tenemos una cita en la que, como cada año, charlamos de nuestras cosas y nos felicitamos por el reencuentro. Es algo que, desde siempre, allá donde estuviéramos, repetimos cíclicamente sin falta; con la ventaja de que, al no necesitarse espacio físico, el encuentro puede tener lugar en los sitios más insospechados. Bien es cierto que, si todo es favorable, como ha ocurrido durante los últimos años, la reunión tendrá lugar en su casa, donde él espera paciente y recibe a todos cuantos, como yo, con cita previa o de forma improvisada, quieren hacerle una visita. Y allí, en su casa, nos veremos esta tarde. No será un encuentro privado, pues como hoy estamos celebrándolo, habrá muchos que se sumen a esta visita. Pero, incluso así, él nos recibirá a todos y cada uno de nosotros de forma íntima, individualmente. Pues Martín tiene tiempo sobrado para atendernos sin importarle el que seamos pocos o muchos. Martín siempre está dispuesto a recibir a sus amigos, a los Amigos de San Martín, para compartir con todos cada una de sus alegrías o sus cuitas. Porque siempre ha destacado por su entrega desinteresada hacia los demás, con cariño y una sonrisa. Blanca sonrisa sobre su negro rostro. Paciente sonrisa para calmarnos los ánimos y, al menos en esos momentos, poner serenidad en nuestros cuerpos y almas.

Así que esta tarde iré a su casa y celebraremos que hoy es su día. Nuestro día.

martes, 8 de abril de 2008

Francisco y Guillermo

En el siglo XIV, el fraile franciscano inglés Guillermo de Ockham, fiel seguidor de su fundador San Francisco, deja para la posteridad un principio asentado en una frase: Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem, o lo que es lo mismo: En igualdad de condiciones, lo más sencillo será probablemente lo más correcto. Esta es la famosa Navaja de Occam, aplicada frecuentemente por la lógica popular aun desconociendo que se trata de todo un tratado filosófico acerca de la parsimonia. ¿Qué es más lógico que lo sencillo?

San Francisco buscó y defendió la sencillez. Él quería que cada uno de sus hermanos alcanzase esa «santa sencillez, hija de la gracia, hermana de la sabiduría y madre de la justicia». Y conforme a estos sencillos principios organizó su vida de santidad.

Guillermo dió cuerpo a lo que doscientos años antes su fundador había puesto en práctica. Y práctica fácil. ¿Qué más fácil que lo sencillo?

Muchos han sido, a través de los tiempos, los seguidores de Francisco y Guillermo, aun no llegando a saberse como tales seguidores. Pues existe una tendencia natural hacia la sencillez, hacia lo simple, no por elaboración sino por concepto. Porque además, la sencillez aporta sabiduría. Esa sabiduría popular de la que, con el tratamiento adecuado, los pensadores hacen que adquiera estado de ciencia y pase a formar parte de los cuerpos de doctrina.

Pero... hay un mundo al que no se ha asomado aún el filo de esta navaja. Hay un mundo enrevesado y barroco en el que cuanto más elaboradamente retorcida sea la idea más gusta a muchos. Hay un mundo en el que la sencillez es dejada de lado en favor de estéticas recargadas de dudoso gusto.

En este mundo nuestro, en el que todo gira alrededor de una semana, aun siendo la más santa de todas las semanas, el fraile franciscano tendría poco que hacer a no ser que nos pusiera la navaja en el pescuezo de manera amenazadora. Porque lo que más nos gusta es buscar la complejidad, el barroquismo, la inmensidad de las curvas en conjunción con cuestas y pendientes. Porque, ¿para qué hacer algo sencillo si se puede complicar para que sea más llamativo?

Podría poner abundantes ejemplos, pero creo que quien esto lea sabrá encontrarlos de la forma más sencilla. Porque creo que en casi todas y cada una de nuestras cofradías de Semana Santa podríamos encontrar un ejemplo de cómo la navaja de Occam tiene el filo mellado.

Volvamos a lo sencillamente popular. Hagamos que San Francisco se enorgullezca de nosotros.