¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.


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martes, 4 de diciembre de 2012

El Papa en Twitter

Quiero agarrar el rábano por las hojas, tal como muchos andan haciendo por ahí en estos días en tertulias y prensas virtuales.

Me atrevo a comentar, desde la ignorancia, algo que no debiera pasar de ser más que anécdota.

Me subo al carro de la actualidad y comento lo que parece importante, que la subida del número de parados es algo menor a lo que ya nos hicimos poco a poco y que lo de Díaz Ferrán no pasa de grano en un granero de negro trigo.

Benedicto XVI ha decidido, imagino que voluntariamente, escribir titulares de noticias día sí y día también. Y como lo mejor es hacerlo en directo, se sube al carro de las nuevas tecnologías y, como uno más de nosotros, se crea un avatar para mandarnos sus "tuits" sin necesidad de intermediarios. Pontifex es el nombre elegido. A mí me suena a bayeta, aunque imagino que es casi imposible elegir un nombre que suene correcto en los mil y un idiomas en los que será consultado.

Pues bien, a partir de ahora, será @Pontifex directamente quien nos mantenga al día sobre la salud de buey y jumento en los portales navideños. Y eso porque nadie le ha dicho, imagino, que también podía haber justificado documentalmente la ausencia (puestos a quitar) de un pastor que, a calzón bajado, relajaba el vientre junto al pesebre (¿que digo yo si no habría lugar más discreto?). Ese caganer catalán que, desde su exilio, dejó la mejor de sus firmas para recuerdo de siglos.

¿Será @Pontifex quien nos muestre vía tuit los documentos de ciudadanía de los tres Reyes andaluces? Que no bastaba con uno para joder al proletario pueblo de Blas Infante, que ahora les ponen ¡tres! Tres monarcas que se fueron desde Sevilla hasta el culo del mundo para adorar al Mesías... ¡¡Andaluces por el Mundo!!

¿Se atreverá @Pontifex a seguir su exhaustivo estudio de la Historia Sagrada para cambiarnos la Semana Santa? ¿Será capaz?

No sé si es intencionado, pero el ataque a la religiosidad popular, a la manera que hemos tenido de ver los acontecimientos cristianos durante siglos, es patente. Se oficializa lo que muchos hombres de Iglesia han defendido más o menos ardientemente durante tantísimo tiempo. Se propone una forma de ver el Credo más fiel y correcta aunque mucho más árida. Se cargan de un plumazo el romántico encanto de lo popular, que también tiene su importancia.

No obstante, ya estamos advertidos, podemos seguir alentando al recién nacido de nuestros portales con burras y bueyes, que no atenta contra nada. Podemos seguir poniendo camellos como vehículo real aunque en Sevilla lo más parecido sean los coches de caballos. Y, sobre todo, podemos seguir poniendo al cagón catalán junto al pesebre, que eso seguro que es historia, pues quien más quien menos lo ha hecho en el campo alguna vez en su vida.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Recuerdos del Sur



Aún con Sanlúcar pegado a la cana, ya estoy en casa... y, en cierta medida, lo agradezco. Ahora toca afrontar la cruda realidad de ese grifo que gotea, el césped que creció más de lo normal en nuestra ausencia, esa lámpara que no luce, reparar tal o cual otra cosa que siempre quedó para estos días, en fin, que ahora comienza la otra parte de las vacaciones, pero siempre con algún rato para compartir con los amigos esas cañitas que saben a gloria en las atardecidas y para revolver Salamanca bajo soles de justicia.
Vuelvo con el alma henchida de recuerdos que deberán asentarse poco a poco para ir siendo olvidados también poco a poco, que si no, no quedaría hueco para los futuros. Pero hay algunos que se amarrarán con firmeza extrema a las paredes de la memoria para quedarse ahí, para no perderse y poder aflorar en los primeros momentos cuando recurramos a ellos. Esos serán los mejores.
Porque, a partir de ahora, estos días pasados ya son recuerdos y en ellos se mezclarán caballos en carrera frenética con manzanilla en rama mirando el ocaso en las dunas, paseos de mañanas calurosas con olores de mercado de abastos repleto de voces, Sevilla en ardiente mediodía con Don Fernando de Zúñiga con quien me crucé por sus calles, Medea con chiringuitos playeros, el Santito del convento de la Madre de Dios con los exvotos una oscura pared parroquial. Recuerdos y más recuerdos que tendré que ordenar.
¡Me pongo a ello!

jueves, 29 de octubre de 2009

El sargento Mayoral

Regreso en estos momentos de presentar un libro. Una actividad que en mi, posiblemente dilatada, experiencia (o eso creo tras más de veinte años de profesión) no había hecho jamás. Al menos, soy incapaz de encontrar nada parecido cuando rebusco en este almacén de recuerdos que es mi cana.
Podríamos decir que se trató de algo íntimo, por lo que no es que haya sido algo digno de ser reseñado por los medios de comunicación, más centrados ahora en la campaña electoral en la que está inmersa esta institución centenaria para la que trabajo, pero para mí ha sido un acto agradable, cargado de responsabilidad y, sobre todo, como ya he dicho, novedoso. Además, dada mi pasión por cualquier papel escrito y encuadernado, me he encontrado encantado al disfrutar con un nuevo libro entre mis manos.
Y, seguramente por asociación de ideas, he recordado (parece mentira los recovecos que puede tener la mente humana) que hace unos días me sorprendió gratamente una noticia que seguramente para la mayoría de los lectores de prensa diaria pasó desapercibida o, con más seguridad, quedó enmascarada por titulares de altísima trascendencia. Pues tramas y contubernios de políticos de uno y otro signo, de mayor o menor rango institucional, cubren como nubarrones de azufre las portadas de los diarios y las cabeceras de las noticias, radiadas o televisadas. Pero yo me detuve en esta pequeña y escueta noticia:

"Rescatan la historia del sargento español que se hizo pasar por cardenal".


¡Córcholis! (a veces me admiro de mi educación). ¡Eso me suena!, me dije, recordando que no muchos días antes había estado ojeando las páginas de esta obra. Unas páginas electrónicas (que ya quisiera yo tener en mi estantería el librito en papel) pero no por ello menos interesantes, pues se trata de la edición original de la obra. Pues bien, ahora, una editorial sevillana (Ediciones Espuela de Plata), en la que se han editado magníficas obras de Semana Santa, ha reeditado la obra titulada "Historia verdadera del sargento Francisco Mayoral natural de Salamanca fingido cardenal de Borbón en Francia escrita por él mismo y dada a luz por D.J.V.".
¿Y qué tiene de interesante este libro? Pues nada más que la curiosidad de que se trata de la biografía de un caradura salmantino. La historia de un sargento que, tras ser hecho prisionero por las tropas napoleónicas, se hizo pasar por distintas categorías eclesiásticas que le alzaron hasta el Cardenalato, consiguiendo engañar al pueblo francés. Un suceso que se tuvo por increíble durante muchísimos años, pero que corresponde a la fiel realidad de este personaje. Un suceso histórico a pesar de lo novelesco de todo aquello que podemos encontrar en sus páginas y cuya lectura recomiendo a los interesados en la historia curiosa de Salamanca y de lo salmantino.
Simplemente, como reseña biográfica de este personaje, citar la que he encontrado en una de las notas de prensa por las que he pasado, la cual dice que Mayoral nació en Ávila el 12 de septiembre de 1781, aunque su familia se trasladó a Salamanca por lo que en los documentos se le considera salmantino, se casó en 1800 y en 1807 tuvo un hijo.
Fue sargento primero en el regimiento de Ciudad Rodrigo y cayó prisionero de los franceses tras el terrible asedio de esa ciudad, en 1810, tras lo cual, al pasar a Francia en una cuerda de presos concibió la argucia de hacerse pasar por fraile. En 1814, al acabar la guerra y descubierta su impostura se le mandó a España, donde en 1815 la Auditoría General de Guerra de Cataluña lo procesó por la jurisdicción militar. En 1816 fechó el manuscrito autobiográfico de su historia, tras lo cual el Santo Oficio lo procesó y condenó en 1818 a cuatro años de destierro en Ceuta.


Curiosidades de la historia que tienen que venir a recordarnos desde la mismísima Sevilla.
¡Ojú!

lunes, 10 de agosto de 2009

Mi cana en una maleta (1)

A.S.
Esta quisiera ser la crónica de un sueño. De unos días en los que, lejos de todo lo que me exaspera durante mi día a día, la tranquilidad de los mares del sur, de ese Atlántico gaditano que nos tiene enamorados desde que nos conocimos, haga que se renueve el vigor de mi cana. Y quiero dejar constancia aquí, por escrito, para mí y para quien quiera acercarse por aquí. Pero sobre todo, lo que quiero es no dejar que las sensaciones se pierdan en mi olvido; poder acercarme a ellas cuando todo haya pasado y volver a disfrutar los momentos como si aún estuviese allí.
(Esta crónica, de un primer día de novedades recuperadas, debió ser puesta aquí, en la red universal, en su momento, pero la propia red no quiso que eso fuese así y, seguro que para obligarme a descansar tras la jornada de automóvil, no me permitió conectarme en el momento en que todo estaba fresco por recién recogido).

DIA 1: LA PARTIDA
Llegó el momento. He cogido mi cana, que es mi vida, y la he metido con todo lo mío en el hatillo para llevarla hasta el confín de la Tierra. Bueno, dos cosas: la primera, el hatillo va en la maleta, para no parecer un buscavidas en el camino; la segunda, que para mí, el confín de la Tierra está allí donde Hércules fue capaz de separar los continentes, en una tierra en la que el aire, siempre con aromas a marisma salada, inunda los sentidos y me hace desplazar hasta donde los sentidos pierden la normalidad y se imbuyen de esa tranquilidad siempre buscada en el deseo.

Sí. Espero poder contarme, desde hoy y hasta su final, este periplo por el Mundo Sur, por las tierras donde la Alegría se une al Tanguillo para formar un todo único e inigualable.

Dejamos la tierra fría, con su cielo plagado de nubes, para recorrer el camino que nos llevaría hasta la misma base del arco iris. Y, ya desde el comienzo, todo se aliaba con nosotros para hacer realidad lo que hasta ese momento no había pasado de simple deseo esperanzado. La neblina nos despedía desde el mismo palacio de los Duques de Béjar y dejaba paso a un sol radiante que sería nuestro compañero el resto del camino.

Cierto es que los primeros pasos sólo destacarán por esas sensaciones íntimas que nos decían que cada vez estábamos más cerca de lo ansiado. Pero, en verdad, el primer momento en que nos sentimos ya fuera de lo nuestro (o en lo nuestro, que nunca se sabe), fue cuando, en el primer alto, tras apenas dos horas desde la partida, aún lejos de la meta, nadie se sorprendía cuando, para acompañar al primer café, pedí: -una entera de jamón con tomate-; y nadie puso cara de extrañeza, pues ya por el alto de Mirabel, aún en la cabeza de Extremadura, todos saben que las tostadas pueden ser enteras o medias y que pueden ir acompañadas de infinidad de rellenos que alegrarán el alma de quienes las degustan. Desde este mismo momento, éramos capaces de oler aromas que, con el avance en kilómetros, irían creciendo en intensidad llegando a llenarnos sin que fuéramos conscientes.

Así hasta la ciudad del Betis. Así hasta que el Giraldillo se acercó para saludarnos a nuestro paso por La Algaba. Que hasta allí quiso llegarse para recibirnos. Y no nos dejó ni un momento mientras caminábamos por unas calles que, no por conocidas, se nos hacían nuevas como siempre. Sé que quiso que la Reina de Triana hubiera estado para saludarnos, pero en estos días, cuando la Pasión está tan lejana, Ella también merece un descanso y, quizá por eso, se encontraba fuera de cobertura. Estaría también de vacaciones.

-¡No preocuparse!- Nos dijo el Giraldillo mientras nos acompañaba al lugar al que sabía queríamos ir para aliviar nuestros estómagos.

-Sabía que como en "Casa Robles" en ningún sitio, y os he reservado ese comedorcito (la Sacristía, creo que le llaman) en el que estaréis como en la gloria- nos decía mientras pasábamos junto a su propia casa, cada día más reluciente y majestuosa.

¡Uf! ¡Qué maravilla!

No voy a hacer relación del surtido gastronómico, pues no es cuestión ahora, a toro pasado, pero no puedo por menos de hablar, para recordarlo en su día, de esas ortiguillas de Chipiona que me hicieron paladear la mismita espuma de las aguas marinas, desde las marismas rocieras hasta las salinas que acompañaron al mismísimo Camarón, ya en el mismo momento en que atravesaron el umbral de mi boca. Ambrosía propia de dioses que, por otro lado, es lo que éramos nosotros en esos momentos.

Fue corta pero intensa. Sevilla no quería dejarnos marchar y, para ello, lo tenía todo dispuesto. Había preparado una tarde en la que una suave brisa disipaba un calor que hubiéramos supuesto agobiador; los gentíos de otras veces eran hoy relajado paseo por calles que fueron camino de la Reina de Triana. Andén del Ayuntamiento, Zaragoza, Puerta de Triana, Reyes Católicos... Pero la ciudad sabía que no podía ser y nos despedía mediada la tarde, consciente de que nuestro destino estaba, esta vez, más abajo, más al sur, junto a la orilla del mar inmenso en playas de fina arena blanca y verde, como nuestros sentidos.

Termino la crónica de esta primera jornada, pues sólo resta dejar para el recuerdo una noche estrellada como sólo las de aquí saben mostrarse. Una noche en la que la brisa nos dejaba adivinar esa inmensidad azul que nos aguarda, sabedora de que le somos fieles y que, como los novios distantes, nos vemos al menos una vez por año. Un océano inmenso que nos recibe tras un año de espera, pero que sabe que tendrá que pasar la noche para la primera de las uniones. Pero eso ya es mañana, así que... dejémoslo por el momento, que mañana será otro día.

Descansemos arrullados por su murmullo.

viernes, 12 de junio de 2009

Noche de primavera

Sevilla en primavera. Noche cerrada. Calles estrechas. Gente, mucha gente agolpándose sobre las aceras y desbordándose hasta el mismo centro de la calzada. A lo lejos suenan las notas de una marcha cofrade en plena primavera. Aumenta el revuelo. Se huele el incienso. El fervor popular, seguro que sincero, crece conforme se acerca el cortejo. Escaso cortejo formado únicamente por unos ciriales, un paso y una banda de música. El resto es gente, mucha gente arracimada en torno a un paso de Semana Santa en pleno mes de junio.
Todo esto es lo que esperaba, no lo niego. Ruido, gente, aglomeraciones,...


De repente suena una marcha. "Reina de Triana" creo que es su nombre. Un murmullo se nos acerca desde el paso. Sssshhh!!, sshhhh!!, ssshhhh!!. Alguien manda callar y lo que hace un momento era bullicio es ahora silencio sepulcral. Respeto máximo para oír. Para escuchar esa música dedicada para Ella, la auténtica protagonista de la noche. Las notas suenan en la pureza del silencio y yo, ahora, estoy en medio de algo que no esperaba, que no imaginaba. La marcha continúa y, de repente, instantes antes de que termine, como si fuese parte del mismo acto, una voz ruge desde el tumulto: -¡¡Viva la Esperanza de Triana!!- y el resto, haciendo coro improvisado, contesta emocionado con un ¡Viva! que sale del centro de muchos corazones. Así, ahora las conversaciones suben su tono pero con un respeto que se puede tocar mientras la imagen de la Virgen está en la cercanía.


De repente, de nuevo nos mandan callar. Ssshhh!! Sshhhh!! Y, en el silencio, en la distancia, se oye nítida la voz del capataz. Va a levantar el paso y todos oímos sus palabras de estímulo y dedicatoria. Levanta el paso y desaparece el silencio. Tampoco era esto lo que esperaba. Así toda una noche con su madrugada. Así es Sevilla.

Ahora, la mañana ya está casi dando paso a las cañitas y las tapas, cuando el paso llega a las puertas de su capilla al otro lado, a la no Sevilla, a Triana. La Esperanza se despide de todos los que la han acompañado durante la noche sin dejarla sola un instante, agradecida y cansada. De pronto, otra vez mandan callar. Sshh! Sshh!... Y el silencio da paso a la Salve; esa Salve Marinera que sale del alma de todo un barrio y que se escucha con un sentimiento que es la envidia de todos los que nunca podremos ser trianeros.

Y la Virgen dice adiós desde el dintel, como sin ganas de desaparecer. Pero en algún momento tiene que acabar. Los demás, los de fuera, mezclados con los del barrio, entramos a esa capilla marinera no sé muy bien a qué. ¿A ver el ambiente? ¿A verla de cerca? ¿A despedirnos de Ella?... Y nos sentimos como en casa.
De pronto, en un instante, veo a un costalero que se desprende de su preciada medalla para dársela a una señora. Ella simplemente preguntaba por cómo hacerse con una en la casa de hermandad. Él, sabiendo del imposible, agarra la suya y se la saca del cuello, con el cordón impregnado de sudor y consciente de que va a regalar ¡su medalla!; ésa que le ha acompañado toda la noche, enredada en su faja, junto a la Reina de Triana. -¡Tenga, señora! ¡Que no se puede marchar usted de aquí sin llevarse lo que viene a buscar desde tan lejos!- Y la señora, con los ojos emocionadamente enrojecidos, no encuentra palabras para agradecer el gesto. -¡La guardaré en el corazón!, ¡Se lo aseguro!- Ésta fue su despedida. Embargada por la emoción, sincera emoción, abandonó la capilla y se marchó orgullosa enfilando la calle Pureza.



Tampoco esto lo esperaba yo de Sevilla.

Ahora sé un poco más de ese "algo" que hace especial la algarabía sevillana cargada de respeto. Ahora comprendo un poco más ese salmantino respeto... cargado de algarabía.

jueves, 23 de abril de 2009

Un mano a mano

No puedo decir que la decepción haya vencido a la pasión, pero las expectativas puestas en esta tarde de toros no se han cumplido como esperaba.
Todo estaba preparado. El polo de los morantistas limpio y planchado; las sillas dispuestas formando palco; la afición por las nubes; la mejor de las compañías y una merienda digna de auténticos reyes medievales.
Llevábamos días preparando este encuentro para disfrutar del mano a mano entre José Antonio y Manuel Jesús, entre Morante y El Cid, entre el arte antiguo y el otro toreo, el prosaico (-ver acepción 5 del DRAE-). No puedo negar que siempre me decanto por la primera de las partes, pues es una forma de entender y practicar el toreo que hacía tiempo no había vuelto a ver y que me traslada hasta tiempos en los que pisaban el albero quienes ahora están, como poco, en un dorado retiro.
No voy a hacer la crónica, pues eso deben hacerlo quienes saben de toros y, en mi caso, toda la confianza la pongo en el mejor de los morantistas, en quien lo ve antes de que ocurra y sabe plasmarlo en sus frases como yo no podría jamás, pues aún me queda mucho por aprender. Así que, si para aprender hay que ir a Salamanca, para hacerlo de toros hay que pasar por Casa Valencia o, al menos, por sus Sentimientos y Locuras. Lo que sí voy a hacer es dejar constancia de que he visto unas verónicas como sólo sabe hacerlas el mejor Morante; que aunque su nombre de familia sea "Victorino", los toros han sido todo lo contrario de lo que esperaba: peligrosos -pero no por bravos-, rebañones, buscamuslos y malos para el toreo; que aunque El Cid haya estado peleón, ha sido más fachada y paso atrás que buenos lances; que Sevilla no era Sevilla y que el colorín de los tendidos ha hecho de menos a quien más ha arriesgado, aunque el revolcón se lo llevase el otro.
Sé que seguramente sea parcial, pero no me ha gustado la tarde pues han pitado a un gran torero sin merecérselo. Además, aunque venía advertido, he ido a los toros con la panza llena y eso no es bueno, lo sabe cualquier taurino. Y no porque me pudiera coger el morlaco, que de eso bien me cuido, sino porque he tenido que dejar la merienda (de reyes como dije) en el plato... y eso duele como una mala corná. Que ya lo decía El Espartero: "Más cornás da el hambre", aunque para mí, en esta tarde, haya sido todo lo contrario. ¡Cómo lo lamento!
Pero, como no todo va a ser gris, me quedaré con el buen sabor de boca de un oloroso entre los mejores amigos, un jamón que se deshacía en la boca y unas verónicas que por sí solas me han salvado la tarde taurina.
Ahora... a leer las crónicas.

jueves, 26 de marzo de 2009

Jacarandá


Siempre pensé que era palabra llana, pero ahora que he descubierto la agudeza de su tilde me gusta aún más.
Siempre pensé que debía pensarla en femenino, pero ahora que he descubierto su masculinidad creo que es adecuado género.
Es el jacarandá un árbol. Árbol americano de fragantes flores violáceas. Flores nazarenas a las que Arcángel dedica esta seguiriya cantada a la antigua. Flamenco puro en una voz limpia. Aromas que envuelven, como los azahares sevillanos en días de primavera. Morado y azahar. Incienso nazareno que me transporta, sin saberlo, a la Sevilla que siempre admiro.

Sea, pues, esta Jacarandá de Arcángel con "vistas" de "mi" Sevilla.