¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.


jueves, 25 de septiembre de 2008

Una fábula

Están entre nosotros, -y seguirán mientras haya quien les dé pábulo-, esos que van presumiendo de honestidad sin el menor recato pero que, al menor descuido, se dejan ver el trasero, descubriéndonos sus miserias y sus soledades, enseñándonos la crudeza de su auténtica realidad.

...
...




... Lo siento, pero no puedo. No consigo contenerme pues me falta flema. Y, para no errar, lo mejor es retirarse.

Son muchas las cosas que hubiera escrito. Son tantos los calificativos que se agolpan en mi consciencia luchando por convertirse en palabras, que podrían llegar a hacer que dolieran los ojos de quienes esto leyeren. Por eso, voy a intentar hacer reflexión serena en intimidad, procurando mantener alejadas todas aquellas tentaciones que seguro llegarían a superarme y, relajando la vesícula para evitar malas secreciones, hacer lo posible por tranquilizarme. Eso sí, mientras intento contener hieles, se me viene a la cabeza una fábula. Sólo eso. Fábula de Samaniego que aprendí cuando niño y que permanecía a la espera de ser recordada. Nada más. Esto será lo que me libere.




LA ALFORJA (Félix Mª de Samaniego. Libro quinto, fábula XX)


En una alforja al hombro
llevo los vicios,
los ajenos delante,
detrás los míos.

Esto hacen todos;
así ven los ajenos,
mas no los propios.