¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.


viernes, 5 de septiembre de 2008

A partir de hoy

Sabíamos que era así, pero no queríamos verlo. Porque el amor, que nubla sentidos y enrojece los ojos, es siempre muchísimo más fuerte que la realidad. Y nuestra realidad eres tú. Siempre tú. Girando a nuestro alrededor en conveniente sincronía. Alejándote misteriosamente cuando tu situación lo requiere. Y nosotros, amantes, aguardando tu regreso con el alma en vilo. Día a día, año a año, intentando, sin querer, sacar nuestra cabeza de debajo del ala. Pero costaba tanto que nunca llegábamos a hacerlo completamente antes de volver a esconderla bajo las plumas protectoras. ¡Que no está mi cana para estos trotes!

Las lecciones de la vida están ahí, a nuestra disposición, para que sepamos utilizarlas en el momento adecuado. Y hoy, este libro que tenemos escrito desde que somos mundo, nos ha enseñado una nueva lección. Nosotros la aprenderemos. ¿Y tú?

No es momento de lagrimas crujidas en la soledad de la almohada. No es momento de lágrimas compartidas en un momento que se nos hace eterno. No es cuestión de reproches ni de lamentaciones. Porque nuestra misión, ardua como nunca llegué a imaginar, es volver a coger el machete y, a base de mandobles, reabrir la intrincada senda para volver a tropezar. Pero, continuar, siempre continuar. Porque somos los que debemos abrir camino, los que debemos dar ejemplo, los que debemos aceptar errores, sin pedir nada a cambio. Bueno, sí, ¡qué puñeta! Sólo pedimos que se nos nublen los sentidos y se nos vuelvan a enrojecer los ojos. Por amor. Por ese amor en el que siempre hemos confiado. Ese amor que aparece marcado en todas las páginas del libro que estamos escribiendo, como premisa sin la cual no podremos acabar capítulos.

Porque nuestra fe es ciega, pero siente los inmisericordes golpes que vienen del exterior. Porque confiamos hasta el extremo, pero no alcanzamos a vernos capaces de transmitir esa confianza. Porque nos reprochamos lo que no tiene razón, intentando poner argumentos donde sólo hay vacío.

Seguramente podamos dar más, pero serás tú quien deba enseñarnos de dónde sacarlo. Porque, después de darlo todo, vemos nuestras arcas vacías y somos incapaces de encontrar el resorte para acceder a su doble fondo. Y sólo tú conoces su sitio. Sólo tú tienes la clave.

Aprendamos la lección, evaluemos los contenidos y pasemos a un nuevo capítulo. Porque esto no tiene parada y cada día es una nueva página.

De verdad. Con todo mi amor. Con todo nuestro amor.