
Cuatro días. Sólo he estado fuera cuatro días y vuelvo con la sensación de que ha pasado toda una vida.
Siempre me ocurre. Cada vez que vuelvo de un viaje, haya durado poco o mucho, haya sido cerca o lejos, tengo la sensación de que he estado fuera de casa una eternidad. Y regreso mirándolo todo con ojos infantiles, como si ese todo fuese nuevo, como si no conociese a todos y cada uno de los árboles, edificios, paisajes que me encuentro a mi llegada. Regreso con mirada curiosa, intentando adivinar, descubrir, qué es lo que ha cambiado en mi ausencia. Escudriño cada rincón del recorrido que me acerca a casa para absorberlo todo, como si nunca hubiese estado ahí. Como si tuviese que reconocer, en el juego de la bienvenida, qué cosas cambiaron mientras estuve lejos.
Y mi ánimo participa intensamente del momento. Se excita, me excito, esperando novedades. Se altera al pensar qué o quién estará esperando en casa. En esa casa que, como hace tanto tiempo que no recorro -o esa es mi sensación-, imagino como un recuerdo, como un sueño. Sí. Mi ánimo se ilusiona. Yo me ilusiono cuando el momento de llegar está cercano. Y pienso en quién me estará esperando. Y sueño con el momento. Con ese reencuentro que, tras toda una vida ausente, me permite ver a quienes quiero. A mis chicas. Mi familia. Porque son ellas las que me esperan.
Cada vez que vuelvo de un viaje, largo o corto, infinidad de sensaciones se apoderan de mí y cubren la flor de mi piel erizándola.
Sé que según van pasando los árboles, edificios y paisajes que voy encontrando a mi llegada, nada ha cambiado y que son los mismos que estaban ahí despidiéndome en mi partida. Pero me gusta volver a verlos como si fuesen nuevos.
Sé que no habrá nadie nuevo esperándome en casa, pero es apasionante saber que quienes me esperan están tan deseosas de mi regreso como yo mismo. Que son quienes estaban ahí despidiéndome en mi partida y que estarán en mi regreso. Reencuentro. Y eso sí que es una sensación tan inmensamente agradable como para que mi piel muestre tersos todos los pelos que la cubren.
Porque cada día que vuelvo es como si todo empezase otra vez. Porque desde hoy comienza una nueva etapa. Porque acabo de descubrir que he llegado y todo es novedosamente distinto aunque nada haya cambiado.
Sensaciones del retorno. Espléndidas sensaciones que hacen del regreso lo más esperado del viaje.
¡Familia! ¡Estoy en casa!