¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

viernes, 30 de marzo de 2012

Azahar


En esta Salamanca fría, adusta, enjutamente extremeña, de la Extremadura cantada por Machado, nunca hubo naranjos, que somos más de encina. Pero hoy las calles comienzan a oler de una manera particular.
Desde hoy se mezclarán aromas que han permanecido dormidos desde que los guardáramos la Pascua pasada.
A partir de hoy, cera nueva recién quemada, exóticas resinas de incienso avainillado, sangrientos claveles reventones con la savia rezumando en su tallo, hábitos recién planchados, trenzas de esparto aún húmedo, almas recién bañadas par limpiarlas del polvo acumulado,... todos los olores de la Semana Santa, invadirán hasta el último rincón de todos y cada uno de nosotros.
Desde hoy, sin naranjos, Salamanca se inunda de aromas de azahar.
Este es el milagro de los días santos.

lunes, 26 de marzo de 2012

Cuarenta y cuatro

Cuarenta y cuatro.
Casi el total de minutos que algunos emplean en dar patadas al balón antes del reglamentario descanso. Los tres cuartos de hora que dura una misa de domingo con homilía floreada. Los días penitenciales que van de la Ceniza al Viernes Santo. Los años que he participado en alguna Semana Santa...

Cuarenta y cuatro minutos fueron los que el pasado sábado, en Peñaranda, duró mi primera salida penitencial de este año cofrade. La primera procesión, que realicé sin hábito, sin apenas moverme del sitio, tras un atril y con docena y media de folios entre las manos.
Cuarenta y cuatro minutos de sosiego nervioso en los que pude disfrutar de la Semana Santa como a mí me gusta, desde dentro y sintiéndola, al tiempo, como anónimo espectador. Momentos de emoción al recordar algún nombre, alguna cara, algún día.
Cuarenta y cuatro minutos que se me hicieron suspiro mientras desgranaba mis palabras ante un auditorio callado, en penumbra y atento, haciendo que mis sensaciones venciesen a la inquietud responsable, para sentirme como en el aula cualquiera de esos días en que disfruto contándoles la poca ciencia que sé a mis alumnos.
Cuarenta y cuatro minutos deleitándome, emocionado, con mi primer pregón serio en una Semana Santa seria.
¡Y me parecieron pocos!

viernes, 23 de marzo de 2012

Escribir en papel

¡¡Mecachis!!
Se va a convertir en el modelo de entrada en este blog cada día más abandonado. Vuelvo a disculpar la falta de actividad y eso, como digo, parece ya rutina. Pero ahora tengo excusa. No sé si buena o mala, pero excusa al fin.
En los últimos tiempos, casi desde que escribí mi carta a los Magos, mi cana se ha dedicado a desgranar las pocas palabras que le quedan, las escasas ideas que aún se desprenden de su raiz, para plasmarlas en papel. Sí. Le he sido infiel y con ello a este diario que jamás conoció una cuartilla. No sé si tendré que arrepentirme por esta falta, pero, como diré ante el juez llegado el caso, -¡Me vi obligado!-.
Han sido días, más de los que esta cana amarillenta quisiera, dedicados a sacar la Semana Santa desde mucho antes de que la ceniza se impusiera para inicio de Cuaresma. He sacado cristos y vírgenes, pasos y nazarenos, mucho antes de que, no digo el azahar (que por aquí ni lo olemos), el incienso se adueñe de los aires charros. Me he dedicado a "colaborar" con unos y otros para que mis palabras, mis frases y pensamientos (lástima de que no sean mejores) hayan pasado a engrosar publicaciones y, espero, corazones cofrades de Salamanca y provincia.
Ahora, cuando llega el relajo del final, cuando todas mis palabras ya están en el papel o en la calle, me acuerdo de que aún tengo una cana en el alma que hay que alimentar de vez en cuando. He tirado del "minoxidil" virtual y vuelvo (¡¡ahora ya no pienso comprometerme más!!) para dejar constancia de que seguimos aquí, aunque no sé si ya quedará alguien al otro lado.
Son días, los que ahora se nos vienen, en los que el ajetreo será impedimento para la constancia, pero también generadores de sensaciones, sentimientos y pasiones que espero poder traer para rellenar páginas de este cuaderno de memorias y poder releerlas cuando ya todo haya pasado.
Ahora, mientras repaso mis palabras, esas que pronunciaré mañana frente al público peñarandino, quisiera que hubieran salido desde aquí para que quienes han permanecido fieles tras la pantalla hubieran sido los primeros en saberlas, pero no me consiento esta falta de respeto a los que, ahora en otro entorno menos electrónico, sé que están pendientes de ellas. ¡Ya habrá momento para ello!... si hubiera interés. El resto, las publicadas, ya andan por ahí para pasar de mano en mano.