¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

sábado, 16 de julio de 2011

Noventa años

Cuando, en 1921, hace ahora noventa años, el mundo se encontraba aún recuperándose de la más cruenta de las guerras vividas hasta el momento, los pasos que daba la sociedad en cualquiera de sus caminos, eran dificultosos y lentos aunque, en muchos casos, de trascendencia impresionante.
En España casi todo giraba en torno a las andanzas de Abd-el-Krim y su cábila. Las gentes andaban pendientes del moro y de la respuesta que el ejército español procuraba a sus incursiones. Fue la llamada Guerra de Marruecos en la que el Desastre de Annual, batalla cruenta donde las hubiera, marcó un punto de inflexión definitivo.

Mientras, el resto del mundo quedaba admirado por el juego de un cubanito que, tras vencer a Lasker, se alza con el título mundial de ajedrez. El temperamental habanero Raúl Capablanca se convertirá en el único campeón de ajedrez que diera la isla caribeña.

Seguramente por esos dias, dos jóvenes estudiantes de medicina apellidados Banting y Best también utilizaran parte de su tiempo en este milenario juego de estrategia. Posiblemente dedicaran los descansos de largas jornadas, entre experimento y experimento, a descansar mientras especulaban enfrentados a un tablero. Pero sus nombres jamás destacarían por sus habilidades para mover peones y alfiles, sino que estos quedaran ligados para siempre al descubrimiento de la insulina y, con ello, a la solución de la temida diabetes.

En Salamanca, este 1921, Jesús Sánchez Sánchez, Enrique Esperabé, Isidro Pérez Oliva y Luis Maldonado, lo estrenarán como nuevos senadores del reino, bajo el gobierno de Eduardo Dato, quien morirá victima de atentado terrorista pocos meses después a manos de tres individuos que montaban una motocicleta. ¡Tres en una moto!

Detalles de un año en el que, tal día como hoy, venía al mundo, en un pequeño pueblo del norte de Cáceres quien, con el paso del tiempo, se convertiría en noble militar, fiel esposo y paciente padre. Mi padre.

Hoy, dieciséis de julio, mi padre cumpliría noventa años y no puedo dejar de recordarlo. Porque de esos noventa que hubieran sido, más de cuarenta, que son toda una vida, los pasé junto a él. Aprendiendo aunque no fuera consciente, porque lo que yo aprendí se me impregnó sin palabras, discreta pero firmemente. Educación, principios, maneras de ver la vida y enfrentarla, cosas que jamás me inculcó pero que se me quedaron dentro como si me las hubiera grabado a fuego. Cariños y silencios.
Por eso, aunque el mundo se fije en efemérides guerreras, ajedrecísticas o sanitarias, yo siempre recordaré que 1921 fue el año en que nació mi padre. Y, para mí, en mi egoísmo filial, eso es mucha más efeméride que cualquiera otra.

Por eso, aunque sea ya solo en el recuerdo... ¡Feliz noventa cumpleaños! ¡Felicidades, padre!



jueves, 14 de julio de 2011

OKUPA

Quizá me equivoqué con el título de la entrada anterior. No es que no tengamos techo... lo que no tenemos es casa, aunque sigamos ocupando la que hasta hace nada era nuestra y que ahora, después de tanto tiempo y en un giro casi instantáneo, sintamos como ajena y nos sintamos como ajenos. ¡Ahora somos "okupas"!
Será un par de meses que nos servirán para despedirnos de grietas y roces las paredes, de grifos goteantes y puertas que no encajan (¡mecachis!, cómo me he descuidado últimamente), al tiempo que empaquetamos todo lo nuestro para salir a un éxodo tan particular como deseado. Serán momentos de mirar al jardín y despedirnos apenados de esos árboles que, aún inmaduros, no llegaron a verter sus sombras sobre nuestros cuerpos. Y, al final, echar una mirada a esa chimenea en la que jamás ardiera un leño porque su misión era la de recoger nuestras ilusiones en cada Navidad y desear que siga siendo protagonista de esos días mágicos.
A partir de ahora, cuando se nos abre un nuevo camino por delante que no por deseado deja de ser incierto, creo que he encontrado una nueva línea para renovar crónicas en esta cana de mi alma, aunque no creo que sea tan exhaustivo como para aburrir al personal con esas nimiedades constructivas que, aun siendo solo eso, para quienes nos lanzamos a ello supongan barreras casi infranqueables que darán lugar a desánimos, disgustos y desazones. Pero, a pesar de todo, creo que de vez en cuando traeré por aquí nuestras ilusiones de futuro según las vayamos viendo como realidades. Eso sí, siempre sin excesos.
A partir de ahora, como digo, un nuevo hilo unirá mi cana con el mundo, pero eso no será obstáculo para continuar con el resto de impresiones y comentarios que, deslavazadamente, vengo trayendo a esta ventana cuando el momento y el motivo me lanzan a ello. Volveré a mis recuerdos y a mi día a día. Seguiré pendiente de mi Semana Santa y de sus avatares mundanos. Recalaré en mi Sur, tan deseado, y dejaré sus posos entre el resto de palabras. Porque la vida sigue y ya no quiero mirar atrás.
Ahora, mientras nos despedimos, sabemos que comienza la nueva vida y no vamos a despreciarla.

martes, 12 de julio de 2011

Homeless

No sé si hemos dado un paso atrás para impulsarnos o si el impulso ya ha comenzado con el paso que acabamos de dar.
¡Acabamos de vender la casa!
Así. Sin más. Sin otro resguardo para nuestras cabezas.

Estoy, estamos, a merced del porvenir. Ahora, cuando me siento un "sintecho", creo que acabo de liberarme de una carga que, aunque no quisiera, me atenazaba desde hace tiempo. Estoy sin casa y, sin embargo, creo que la puerta que nos abre el futuro, sin retorno, por supuesto, da paso a mejoras en nuestras vidas que hace solo unos años no éramos capaces ni de imaginar.

Han sido años de felicidad viéndonos crecer entre sus muros. Serán muchos los recuerdos que quedarán tapados por las nuevas manos de pintura dadas por quienes a partir de ahora querrán dejar en ellas sus propias memorias. Son muchas las cosas que se quedarán en ella para siempre sin posibilidad de rescate aunque dejemos copia en el alma. Porque es una parte de nuestra vida la que acabamos de vender.

A partir de ahora, otros "problemas" (incluso sin las comillas) se cernirán sobre nosotros para vigilar nuestros insomnios, acelerar latidos y poner nervios a flor de piel. Estoy seguro. Pero también sé, como me dice Charo, que "alguien" guía nuestros pasos y siempre nos hace encontrar la senda adecuada, aunque creamos que nos estamos equivocando. Por eso, aunque ahora estemos desprotegidos por la carencia de vivienda en propiedad, que no deja de ser el deseo más ansiado por cualquier españolito, y nos sintamos homeless en nuestra propia casa, tengo la sensación de haber vuelto a los inicios, a esos momentos en los que la incertidumbre se asociaba a la juventud para hacer que dudara hasta de las decisiones más sencillas; a esos momentos en los que el riesgo, aunque fuera contenido, era excitante en su propia ilusión; a esos momentos en los que veía como tenía toda la vida por delante.

¡Pues bien! Ahora, cuando más de una cana se arraiga en mi cabeza (no sé si saliendo ya de mi propia alma), me siento más joven que ayer, más ilusionado que anteayer y mucho más seguro que cuando el techo protector de una vivienda propia me había anclado a mi propio conformismo.
Ahora no tenemos casa, pero tenemos todo el futuro por delante.
¡A por ellos!