¡Nunca confiaré en los tintes!
Lo único que consiguen es engañarme mientras los demás siguen viendo mi interior.

martes, 29 de enero de 2008

Otra Semana Santa

Se acerca la Cuaresma. Se acerca la Semana Santa y cientos de palabras bullen en mi interior. Pugnan por salir. Llevan casi un año presionando, haciendo fuerza, para liberarse desde mi interior. Y yo, luchando conmigo mismo para evitarlo. ¿Patético? He intentado esconderlas, ignorarlas, anularlas dejando mi mente en blanco, pero el esfuerzo ha sido inútil. No me dejan que las calle. No se dejan callar y, seguramente cayendo en el pecado de la inmodestia, lo único que puedo hacer es intentar limar sus aristas mientras vayan fluyendo.
Quienes me conocen saben que una de mis pasiones en esta vida, desde casi siempre, ha sido esa semana primaveral en la que muchos rememoramos, de forma tradicional, la Pasión y Muerte de Jesucristo. También celebramos la Resurrección, pero, seguramente porque supone el punto final de nuestro proceso circular en el tiempo, no recibe la dedicación que debiera por nuestra parte. Pero eso es agua de otra cántara.
Dentro del mundo cofrade, al que orgullosamente he pertenecido casi toda mi vida, creo que nunca, o al menos no estuvo en mi ánimo, he pretendido menospreciar a nadie que estuviese en mi cercanía. No sé si lo logré, espero que sí. Por contra, algunos han utilizado el argumento de la "intelectualidad", entre otros, para cargar contra mí en corros parroquianos y corrillos tabernarios. No niego que persiga el conocimiento y que me satisfaga sumergirme en la cultura, pero, por educación o por principio nihilista, jamás he hecho ostentación de estado y si lo hice fue en momentos de inconsciencia, por lo que desde ahora mismo pido todas las disculpas necesarias.
A veces, no puedo negarlo, cierto orgullo soberbio me impulsó a lanzarme contra objetivos poco conocidos y volcar en ellos la ira de mi frustración altanera. No lo hice, pero, en su caso, siempre lo hubiese hecho de tú a tú, sin pretender partir de posición ventajosa. Ahora, creo que la humildad es mejor argumento. Un arma mucho más eficaz que cualquier otra en esta lucha entre personas. Y por ello, humildemente, ruego el perdón de quienes ofendí. Otros me ofendieron y no supieron, o no pudieron, quitarse la máscara de orgullo que les impide reconocerlo ¡Allá ellos!
De lo que soy completamente consciente es de que, como uno más que soy, no me considero preparado para enseñar nada a nadie. Jamás me he considerado suficientemente preparado. Y menos en asuntos del calado que posee la Semana Santa, en los que existen muchos otros, cofrades auténticos, de los que tengo que aprender como diligente alumno.
Nunca he pretendido ser ni sentirme superior. No está en mí esa necesidad. Y aun así, ellos pensarán que vencieron. Que me vencieron. Pues no seré yo quien vaya a sacarles de ese error.
Pero, utilizando su argumento como premisa, ahora podré mirarles por encima del hombro sin remordimiento ni disimulo, pues su posición así me autoriza. Podré sentirme en el otro lado, junto a quienes tantas veces lo hicieron conmigo. Y así sabrán que no me importa, porque, a ciencia cierta, estoy seguro de que se saben inferiores a mí. Y todos esos desequilibrados, imbéciles soberbios fuera de sitio, sentirán envidia. Seguirán sintiendo envidia y alimentando su rencor aunque se vean ganadores.
Pues que se queden con su Semana Santa. Con esa pasión asentada en la prepotencia del ignorante. Que yo tengo mi semana santa y ya encontré mi Pascua.

miércoles, 23 de enero de 2008

Mente en blanco

He intentado dejar mi mente en blanco. Por unos momentos. Infinitesimal.

Y no he podido.
No recuerdo haber tenido nunca la mente en blanco. Siempre tan llena de tantas cosas, que soy incapaz de alcanzar a saber de algún momento en que estuviese desocupada. Y necesito despejarla. Vaciarla. Dejarla en blanco.
Se me agolpan las palabras para salir sin concierto.
Sol. Vida. Muerte. Gente. Tú. Campo. Soledad. Amistad. Crecer. Volver. Amar. Rutina. Dolor. Piedad. Ayer. ¿y...?
Busco y encuentro mi mente llena de insignificancias, de cosas sin valor, acumuladas poco a poco. Viejo almacén al que no llega el polvo aunque todo lo que encuentro esté polvoriento. Cosas que pugnan con las palabras por abandonar su locus. Y salen. También sin orden. En continua mezcolanza.
Heridas en tiernas rodillas tras una tarde de combate entre amapolas y trigo. Cuellos duros al frente del babero escolar que asistió pasivo a las primeras letras. Amigos. Amistades. Amistades peligrosas. El primer pantalón largo que guiaba hacia el primer amor. Enemigos. Oponentes. Enemigos no peligrosos. Una noche. Noche junto a la iglesia del primer cigarrillo. El último pitillo. El calor de la muerte. Despertar en comunión. El dolor de la muerte. No despertar. Día a día. ¿y...?
Nada útil ocupando el espacio que necesito para decir algo. Para comunicar que estoy aquí. Lo necesito y, sin embargo, la mente ocupada con otras palabras, con otras ideas. Inútiles. Recuerdos.
Y Neruda insistente, me gustas cuando callas. Ausente. Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Debo dejar mi mente en blanco. Tiene que ser así para volver a empezar. Continuar. Comunicar.
Ahora, la mente rebosa y no hay nada que decir.
Quiero dejar la mente en blanco para, algún día, recordar que tuve la mente en blanco.

Quiero hablar y no encuentro palabras. Tengo que olvidar, pero siguen saliendo palabras inconexas.

domingo, 20 de enero de 2008

Diseño Inteligente


Si las elecciones patrias me importan poco, ¿¡qué me importarán las de los Estados Unidos!?

Sin embargo, seguramente porque no paran de bombardearme continuamente con sus "caucuses" y demás zarandajas, me encuentro al cabo de la información y me siento privilegiado. ¡Jo!, ¡como un americano más! Por lo menos como un americano abstinente más.

Resulta que aquellos candidatos se identifican, básicamente (pues los otros son anécdota), o con un partido conservador (los del burro) o con un partido más conservador (los del elefante). En definitiva, y visto desde aquí, prácticamente lo mismo, por lo que no creo que el color político de quien alcance la presidencia de ese pais deba ser algo preocupante. Y ejemplos hemos tenido, ¿no?.
¡No! Es algo más directo, más personal, y lo preocupante son los propios candidatos. Así, en persona, con nombres y apellido. Hombres y mujer a los que podemos poner cara y de los que conocemos antecedentes aunque no consecuencias (para eso siempre será tarde). Y eso es lo interesante.

De los que andan ahora peleándose la candidatura y defendiendo las inversiones que en ellos hicieron quienes en ellos confiaron, de entre todos ellos, hay uno que me ha dejado marcado. No por presentar una imagen diferente a la del resto, pues son tan variopintas como para que no destaque ninguna de ellas, sino por lo que sostiene y que a mí, aquí en la lejanía, me afecta más de lo que él sospecha. Si es que algún día llega a sospechar algo de todo esto.

El pastor bautista Mike Huckabee, encuadrado en las filas republicanas, es un firme defensor del creacionismo, enmascarado en esa nueva filosofía científica que se da en llamar "Diseño Inteligente". Y esto, como hombre de ciencia, me ha llegado profundamente.

Siempre pensé que esto era algo de la América profunda, de esos serranotes con camioneta que dicen "pa" y "ma" cuando quieren llamar a sus progenitores, mientras éstos se balancean en la mecedora de madera con la que todo porche casero cuenta, que llevan un sombrero raido, una pajita entre los dientes y un escopetón entre las manos, en su versión masculina; y gorro de tela estampada con visera y lazo en sotabarba, mandilón con volantes y un permanente olor a pastel de ruibarbo, en la femenina. ¡Ah! y siempre les faltan dientes (¿¿será por el ruibarbo??).

O de esa otra américa profunda anclada en el sur de muchas vidas, de los que visten capirote permanente y ven a sus semejantes como "animales" inferiores, no dándose cuenta de que lo único que tienen es un error de apreciación y que son ellos mismos los auténticos animales. Bestias, dicho con más propiedad.

En cualquier caso, yo pensaba que esto era de ese inframundo que toda sociedad arrastra y que intenta esconder por todos los medios. Esa unión de incultura y marginación que hacen que sus gentes no puedan alcanzar las alturas en sociedad que serían deseables.

Pues, estaba equivocado. Resulta que una persona con formación (quizá en exceso) y cultura, con toda la formación y cultura a que puede aspirar un norteamericano, con intenciones de alcanzar el puesto de presidente de ese pais, a la que se le podrían suponer suficientes luces como para tenerlo claro, se arranca diciendo que no cree en la evolución.

Por supuesto que ni él ni yo somos descendientes de un mono. No creo que haga falta decir que en esto estamos de acuerdo, y que, además, no teniendo yo la suerte de conocer al señor padre de don Mike, sí estoy en condiciones de afirmar que el mío carecía de rasgos simiescos y que, hasta donde yo alcanzo a conocer, no lo presentamos compartido, pues mi padre no sé si llegó a ir hasta Portugal alguna vez, como para haber cruzado el charco.

Es cierto que, aun no compartiendo antecesores comunes en lineas inmediatas (que antes del siglo XVII me pierdo y no sé que pudieron hacer los míos por allí, si es que alguna vez fueron), tengo claro que mi relación con el tal Huckabee es intraespecífica, aunque me duela, y que ambos somos seres humanos. Y seguramente creyentes los dos. Pero nada más.

¿Cómo, a estas alturas, todavía hay quienes, capaces de interpretar al pie de la letra unos escritos bíblicos que deben ser continuamente interpretados, piensan en la permanente ocupación del Creador poniendo y quitando bichos y plantas de este planeta que habitamos? ¿Cómo pueden pensar que estamos aún en el sexto día, pues no dejan de aparecer nuevas especies al tiempo que desaparecen otras? ¿No creen que Dios está para otras cosas?

Entiendo que creyéndonos ver a su imagen y semejanza, sintiéndonos sentados en el vértice de la pirámide, con todos los demás seres vivos a nuestro servicio, podamos pensar que Dios hizo una maravilla con nosotros, culmen de perfección. Pero sé que no es así. Porque el diseño inteligente de mi cuerpo no ha servido para evitar este catarro que me tiene con la nariz enrojecida y en continuo goteo mucoso. Estoy convencido de que Dios no puede ser tan mal diseñador como para haber hecho un mundo "perfecto" tan lleno de errores. Y si no que le pregunten al pobre panda que fue diseñado para comer ramas de bambú, pero se olvidaron de ponerle un pulgar oponible con el que poderlas agarrar.
Y si no, que le pregunten al tal Huckabee por sus errores de diseño, que los tiene. ¡Ah! y según este candidato a presidente, los tornados no son resultado de diseño inteligente. Eso sí es inteligente, ¡eh! Seguro que son obra del diablo.
¿¡Habrá oído algo sobre selección natural!? ¿Sabrá que ni siquiera los americanos pueden fabricar naturaleza?

viernes, 18 de enero de 2008

Mirada al Barroco


No creo que deba perdermela. Aunque, al final, como pasa casi siempre, por unas cosas o por otras, lo olvidaré y me arrepentiré cuando ya no quede más remedio. ¡Siempre las mismas piedras para tropezar! ¡Hay que ver!
El más genial maestro del barroco castellano, imaginero insigne y único, acaba de reunir en una exposición única treinta y cuatro de sus obras. ¡Treinta y cuatro imágenes! Es algo que seguramente no se volverá a repetir... o sí, pero seguramente no para mí, no para nosotros, en nuestro paso efímero por aquí. Porque su obra es eterna, pero nosotros, pobres mortales, pasaremos rápido y sin dejar huella.
Gallego de "nacencia" y castellano de "pacencia", estoy seguro de que muchas de las expresiones de sus cristos, de las arrugas de sus telas, de las yacentes posturas naturalmente forzadas, son recuerdos de la profunda infancia, de esas verdes tierras que alcanzan el fin del orbe, de oscuros lares con meigas lanzando conjuros heréticos para atemorizar a viejos y chiquillos, de cruceros y parroquias, creyente y misteriosa. Y vino a plasmarlo aquí (o allí, porque nunca sé muy bien cuál es mi sitio), en recias formas y sencillas composiciones, entre secos campos de cereal, adustos campesinos rústicos como jumentos, áridos caminos bordeados a trechos por deformes olmos y, además, junto a los oropeles de la Corte (que algo tendrían que ver).
No sé, ni alcanzaré a saberlo jamás, si su alumbramiento era cercano a la corriente mística y secreta de la época o simplemente el reflejo de toda un vida de observación, de cristiana observación. Pero, lo que es cierto es que de su gubia salió lo que siglos después vino a llamarse expresionismo (¡qué rostros, dios mío!) y que nunca se sintió perseguido por la justicia de la espada y el olivo. Aunque podría haberlo sido, como le ocurrió al otro barroco por excelencia, al "dios de la madera", a quien no dejó un año de ver pasar por la plaza del Salvador a su Nazareno, el de la "Pasión", fiel cumplidor de la norma ortodoxa hasta el día de su muerte, pero siempre vigilado por su alumbramiento, por ser de los "de la Granada" ( ¿o serían otras las causas...? ¡qué mala es la envidia!), llegando, incluso, a dar con sus huesos entre los muros de la cárcel sevillana.
Momento único. Excepcional reunión de tallas. La mejor Semana Santa castellana entre paredes sagradas: las iglesias de la Pasión y de la Vera Cruz. ¿Dónde mejor?
Sólo una duda, ¿estará nuestra Inmaculada? No lo sé, pero algo me dice que no. ¡Lástima!
De todas formas, no creo que deba perdermela. A ver si no me olvido.

jueves, 17 de enero de 2008

Un mal día

Nunca he llegado, ni creo que llegue jamás, a conocerle. Sin embargo, desde siempre, me produce rechazo. Esa repelencia que nunca he sabido bien por qué me producen ciertas personas. Siempre el mismo tipo de gentes.
No sé si es por su condición de "hijo de papá", por su aspecto de ser el más listo de la clase, por ser el más listo de la clase o por envidia. La cosa es que le recuerdo, cuando mi alma aún no había encanecido, llegando "de la mano" de su padre, como quien piensa heredar la finca o el negocio. Y el chiquillo cayó bien, supo hacerse un hueco (o se lo hicieron) y... heredó el negocio. Hasta hoy.
Todo lo que sé lo sé por la prensa. Como casi todos. Y sé que la prensa se equivoca con más frecuencia de la que debiera. Y sé que la prensa puede dirigir opiniones en función de intereses. El poder mediático, que dicen algunos, existe.
En fin, que por la prensa he seguido, o más bien me han hecho seguir, toda su vida política y, hasta en ocasiones, la personal (que por cierto me importa un soberano bledo). Así, he sabido de su paso por ayuntamientos y comunidades, política menor en todo caso. Así, he sabido cómo desde siempre quiso ostentar más protagonismo "oficial" y lanzarse al estrellato, dentro del partido y aprovechar sus consecuencias. Y unas veces por unos y otras veces por otros, siempre ha visto la punta de sus alas recortada, roma y limitada, como pájaro enjaulado que, además, tiene que deleitar con sus trinos. Y él, acumulando bilis con una sonrisa.
Ayer ha sufrido su último revés. Ayer han vuelto a decirle ¡tú, no! Y él ha dicho algo más que en otras ocasiones. Se ha sentido derrotado. Y se ha dejado fotografiar, triste, abatido, decepcionado. O al menos esa es la impresión que muchos hemos tenido.
Y nos dice que se plantea el abandono. ¿Recordará algo de lo que es ejercer una fiscalía? Posiblemente sí. Pues esta gente siempre lo sabe y lo recuerda todo. ¡Mecachis, con los privilegiados!
Viéndole, otra vez me ha producido rechazo. Mucho rechazo. Pero esta vez, además, me ha dado lástima.
Hay que ver hasta dónde podemos llegar. ¿Y que tengamos que estar todos pendientes de esto?
¡Me quedo con la boda de la Esteban! que da más juego.

martes, 15 de enero de 2008

¡De rebajas!

¡Esta cabezota mía!
¿¡Dónde la tendré, que últimamente está completamente descentrada!?
¿Pues no resulta que anduve toda la semana pasada coleccionando la mar de indescifrables aromas; aprovechando coyunturas para fomentar la intimidad mediante el roce físico con algunos semejantes; aprendiendo algo más de la callejera ley del más fuerte; peleando por conquistar, entrando a saco, por supuesto, una mínima porción de territorio, arrebatándosela fieramente al enemigo? En definitiva, ¿no estuve toda la semana de tienda en tienda, dilapidando lo poco que sobró en las pasadas fiestas, aprovechando multitud de gangas sin sentido, pero gangas preciosas, para venir a enterarme hoy que hasta ayer no comenzaron las rebajas? ¡Hace falta...!
¡Sí! Acabo de enterarme de que las verdaderas ofertas comenzaron hacia el medio día de ayer, cuando, quienes manejan las riendas de nuestro presente, decidieron que ya era hora y había que disolver... el Parlamento.
Ahora me doy cuenta de por qué quienes no saben ni han sabido jamás de mi existencia, estos días me miran sonrientes mientras me endosan pasquines callejeros con la lista de sus ofertas. Ahora caigo en el por qué de esas ofertas para el alquiler, de carnets de conducir a coste cero, de flexibilidad impositiva con rebajas para mis impuestos. Nacionales, se entiende. Aunque como contribuyente rústico, no puedo más que solidarizarme con los capitalinos y sus tasas, pues a mí me afectarán las que dicte mi municipio que, por cierto, también suben y ningún salmantino sensu stricto ha venido a solidarizarse con nosotros, ¡eh!
Bueno. A lo que iba. Resulta que todos, desde las grandes superficies, grandísimas superficies, implantadas en todo el territorio nacional, con sus preclaros líderes a la cabeza, hasta el tendero de la esquina, pequeño pero de toda la vida, todos ellos como digo, han comenzado a poner sus carteles con los saldos que todos esperábamos. -¿Esperábamos?- Ya están los escaparates con todas las ofertas imaginables.
Que eres mujer y además trabajas... Pues descontamos dos puntos de tu impuesto sobre la renta. Porque para eso eres mujer trabajadora. ¡Pobre!
Que eres mujer y además no trabajas (esposa y madre a la vez que dicen Cigala y Bambino, entre otros)... Pues a tí, tres puntos.
Que tienes hijos... mil eurillos de regalo y un chupete con la melodía electoral.
Que no tienes hijos... pues a partir de ahora facilidades en adopciones o en fertilidad asistida. ¡Digo!
Que eres negro... el dos por ciento. Que eres blanco... también. ¿Y los de rombos?... ¡Esos al circo! Que son polichinelas.
Y así hasta tocar a todos y cada uno de nosotros, potenciales compradores de futuro a corto plazo.
¡Rebajas! ¡Rebajas!
¿Rebajas? ¡Ja!
Lo que han hecho es abrir la veda. A partir de ahora y durante los próximos cincuenta y tantos días todos somos susceptibles de caer en sus redes. Desde ayer, todos y cada uno de nosotros hemos adquirido la condición de especie electoralmente cinegética y estamos en sus puntos de mira. Y ellos, hábiles monteros de sombrero emplumado a la tirolesa, se repartirán los puestos, enviarán a sus ojeadores y a sus perros para sacarnos de nuestras guaridas y esperarán con el arma en ristre, apuntando, para conseguir el mayor número de trofeos. ¡votos!
Y nos acribillarán con frases ampulosas y sin sentido. Y nos venderán cielo y tierra, padre, madre... y perrito que les ladre. Nos restregarán sus bondades y las miserias de los otros, como si no fuesen compartidas, voluntariamente compartidas, consentidamente compartidas entre ellos. No dejarán títere con cabeza.
Y nos intentarán convencer con su charlatanería levantina para que dejemos en sus manos, las mejores manos, nuestros anhelos futuros, hipotecándonos (¡concho!, ¡aquí también podría aparecer la crisis del tabique!) para el tiempo que dure su mandato. Nos tratarán como si les importáramos al tiempo que piensan que somos imbéciles. Porque, creo que les importamos lo que el precio de un café. ¡Nada! Aunque dejemos propina.
Y así, durante este periodo que, porque es demasiado largo, si no, creería que es una cuaresma nacional.
Aunque, quizá lo que es la verdadera cuaresma, con sus ayunos y abstinencias, sea el periodo entre elecciones, en el que hacen con nosotros lo que les viene en gana amparados en nuestros votos. Y al final, al término de esta larga cuarentena de cuatro años, como saben que nos gusta, nos dejarán participar en el desfile procesional... al colegio electoral.
¡Pues que con su pan se lo coman! Pero que, al menos, las prendas que nos venden rebajadas vengan sin taras. (¿¿¿O serán tasas???)
Y como, equivocadamente, yo ya hice mis compras de rebajas, pues... otra vez será. Porque, ¡en esta no me pillan!

sábado, 12 de enero de 2008

En una mirada

Escribo esto porque sé que no vas a leerlo. Estoy seguro. Y me atrevo.

Porque la nuestra nunca ha sido ni será una relación epistolar y, por eso, jamás nos hemos escrito una palabra. Porque nos basta una mirada, en la que cruzar unos ojos llenos de futuro, incierto, pero futuro, con otros llenos de pasado, sin poesía, pero con pasado, para decirnoslo casi todo.

Pero, quizá porque la intimidad, nuestra intimidad del día a día, hace que perdamos parte de la confianza, nunca te he dicho, en esas miradas que cruzamos, lo que eres para mí. Es más, estoy seguro de que me va a costar, pues rudo y seco por naturaleza y educación mesetaria, cuesta arrancar del hondón del alma la maraña de ternura que la invade, que crece desordenada pero sin asomar al exterior.

Sé que tu cariño está ahí, y que tu corazón, esponja que recoge todo lo que de otros rezuma, también es fortaleza cuyos muros impiden su salida. Pero está ahí, creciendo. Desordenadamante, como en el mío. Lo sé.

Sé que eres así. Lo recuerdo desde siempre. Desde tu aún pequeño siempre. Caracter. Personalidad. Y así te acepto. Pero sé que desde siempre nos hemos querido. A nuestra manera. Como lo que somos. Y nos queremos.

Ahora son recuerdos que, agradablemente, invaden mi memoria para que una sonrisa que enturbiará mis ojos se refleje en mi boca y en mi canosa alma. Esperando que, poco a poco, el cofre de las cosas bonitas se vaya llenando y, cuando tú y yo tengamos más edad y más experiencia, podamos evocarlas y sonreir juntos.

No había quien hiciese unas coletas mejor que yo. No había manjares como los míos. El más listo y el más guapo. Y tú, orgullosa, lo aventabas a los cuatro puntos cardinales, a cualquier oído que estuviese por allí. Y yo, distraídamente, hinchaba el pecho para dejar crecer mi corazón y que así pudiera abarcar toda mi felicidad. Orgullo, diría yo.

Y yo, seguro de que, para mí, siempre serías la princesa de la fiesta, con tu sonrisa llena de desparpajo, comunicando a quienes te rodeaban toda la alegría que de ella salía. Dejando los negros nubarrones dentro de tu cuarto.

Y siempre así. Intentando quitar los plásticos a una innecesaria tirita que cubriese los arañazos de tus malos días. Porque tú, gatita altiva, te lames tus heridas y crees que no necesitas consuelo. Pero, al final, siempre recurres a quien siempre estará a tu lado buscando un amparo que otros nunca te dieron ni te darán. Una madre que, pendiente, preocupadamente pendiente, no dejará alejarse tu sombra más de lo necesario. Y yo, miraré. Miraré envidioso. Miraré orgulloso. Te querré y os querré. Como siempre y como nunca.

Indómita. Inquieta. Independiente. Capaz de todo y de nada. Ahora no te das cuenta, pero sé que llegarás hasta donde te propongas. Pues tú eres así. Y yo, orgulloso, diré que estuve allí. Que estuvimos allí, a tu lado, vigilantes, acompañando a tu ángel de la guarda en su misión.

Y todo eso me lo dicen tus ojos, sin necesidad de escribirnos ni una sola palabra.

Quisiera que los míos, algún día, también te lo digan. Sin más palabras.

viernes, 11 de enero de 2008

Moral

Por un momento he estado tentado de escribir sobre la moral única. Sobre la moral impuesta. Sobre la falsa moral. O sobre la vicepresidencia de este gobierno que maneja la caña de nuestra "Fortuna" (o a lo mejor es "Aifos" ¿...?). Por un momento, he pensado que es tan fácil desprestigiar. Que los infundios, cuando cuentas con los canales adecuados, pueden llegar a ser tan destructores. He recordado el "calumnia que algo queda..." Y me han comenzado a sobrevolar frases y conceptos, como sin quererlo. "Doble Moral". "Familia". "Conferencia Episcopal".


Creo que quienes están en situaciones de privilegio, con capacidad para jugar con el destino de muchos otros interviniendo directa o indirectamente en sus vidas, deben medir mucho más que cualquier mortal sus palabras y acciones. Que la trascendencia que pueden alcanzar determinadas frases, tanto dentro como fuera de su contexto, debe ser tenido en cuenta por quienes diseñan los discursos para no causar un daño no calculado que, incluso, se puede volver en contra. Fuego amigo.


Y, también como sin quererlo, se me ha venido a la mente la religiosa orden fundada por Domingo de Guzmán y cómo ésta, mientras defendía ardorosísimamente (trascendiendo hasta nuestros días) con Bartolomé de las Casas al frente, la virginidad de los indígenas americanos, llegándoles a igualar en derechos con el resto de humanos, en esta otra parte del Mundo se encargaba de arrasar herejías en media Europa y de dar fuego sagrado a inocentes ignorantes (¡¡Torquemada!!).
Pues que sepan, que al Rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.


Al final la tentación me ha vencido. ¡Falta de moral!


jueves, 10 de enero de 2008

Holgazán

Desde que, el pasado lunes, me dí cuenta del ímprobo esfuerzo que me suponía la reincorporación a la cotidiana actividad laboral, tras unas más que merecidas vacaciones, andaba pesaroso conmigo mismo. ¿Será esa cana anímica (por lo del alma) la que ha desatado este comportamiento? ¿Estoy solo en esta intención absentista? ¿Por qué yo?
Leo a Don Miguel y, qué oportunas surgen siempre las casualidades, veo que somos muchos los que nos comportamos así. Que, "es proverbial nuestro castizo horror al trabajo, nuestra holgazanería y nuestra vieja idea de que el oficio mecánico para ganar de comer rebaja al hombre", dice, refiriéndose a los castellanos. No sabe bién, mi admirado rector, cómo sus palabras tranquilizan mi espíritu. Aun a costa de la generalización. ¡Uf! Pensé que estaba solo en esto y veo que, ya de hace tiempo, es fama general. Pues habrá que aceptarlo. ¿No?
No obstante, seguro habrá quienes afirmarán lo contrario, aunque carezcan de argumentos para refutar esta afirmación. O tendrán argumentos, que usarán convenientemente. Pero, a mí, me valen sus palabras. Me confortan. Pues me permiten sumergirme en el anonimato de la masa, aceptar resignadamente el mal de muchos y, como buen bobo, consolarme y sonreir.
Me alegra saberlo. ¡Soy un holgazán! Pero no un holgazán cualquiera, no. Un vago que, para poder mantener esta condición, debe pensar cómo organizar cada una de sus jornadas. Debe hacer lo imprescindible para no hacerse notar. Debe acudir a su puesto para que no se sepa de su condición. Debe madrugar para poder acudir. Y, además, convencer a quienes le rodean de que todo ello lo hace consciente de que usa su libre albedrío. Es decir, y vuelvo a don Miguel, haciendo uso de mis voliciones enérgicas enfocadas en los órganos genitales (¡porque me sale de los...!).
Sabio mi rector. Cómo me conocía. ¿O sería mejor decir cómo nos conocía? A muchos, al menos.
En cualquier caso, me reconforta saberlo. Saber que no estoy solo. Que somos muchos, muchísimos, los que para poder holgazanear no tenemos más remedio que hacer una jornada diaria de ocho horitas... o más.
Ahora iré más gustoso todos los días, pues sé que somos muchos los vagos. Porque somos muchos los castellanos... y leoneses.

miércoles, 9 de enero de 2008

Morante


Histrión porque puede permitírselo. Y, además, con el gitano Rafael como modelo. ¡No hay más que hablar!
Ser tan estrambótico como artista. Capaz de partir las reglas por su mitad o de ajustarse a ellas como canónicamente se estableció hace ya mucho tiempo, para pintar pases que, por imaginados, nunca dejan de deleitar.
Arte en dosis sorpresivas, tan pronto dulce como picante, a veces de sabor supremo y otras de una insipidez que exaspera a quien de él espera lo mejor. Es lo que tiene la trufa blanca. Difícil de encontrar pero de aroma y sabor exquisitos, celestialmente insuperables incluso a costa de ambrosías.
Me gustó el detalle del habano. Porque sería habano, digo yo. ¡Sorprendente! Aunque ya se le había visto al Pana. Una más de sus extravagancias, pero con elegancia, como a él y a mí nos gusta. En blanco y negro, catafalco y plata taurinos, y el capote sin liar, sin arrugas, desarmado, dejando ver los detalles toreros de sus bordados.
Con canotier, gorrilla chalana, engominado, barbado o imberbe, sabe que le miramos, que le admiramos. Y le gusta. ¡Seguro! Y se gusta. Y nos gusta. Porque es capaz de presentarse así en cualquier plaza. Porque es valiente. A su manera. Toreo de arte. Rafael, Julio, Curro, Santiago y... José Antonio.
Dos orejas. Sólo dos orejas, pero con la esencia del más puro arte de torear. Seguro que, porque no pude verlo, Rafael y yo podemos estar orgullosos de su faena. Tarro destapado de lágrimas de mirra que Baltasar, el rey moreno, que seguro es el suyo por aquello del exotismo, dejó a su vera el mismísimo día seis. Allí, en el pescante del haiga descapotable con el que se presentó en el embudo de Insurgentes. Y no llegó hasta el platillo, hasta la boca de riego, porque no le dió la gana. Pero poder, pudo. Porque querer es poder.
Sólo dos orejas que, en la distancia, han sabido a rabo. A semental indultado que repartirá su semilla para que no se pierda el arte, la nobleza, la casta, la bondad y el trapío. Porque de todo ello tiene.
Y El Pana aportando veteranía, un sarape y canas en las sienes.
Sólo espero, hay quien lo hace por un balón, a que el día de las hermanitas, si es posible, me regale aunque sólo sea el aroma a dehesa de alguno de sus toros, de sus orejas. Sólo de alguno. Y será fiesta además de festivo. Y si no fuese posible... ¡cosas del arte!

martes, 8 de enero de 2008

Propósito


Pues no ha sido para tanto.

Entre saludos besados y falsos deseos de felicidad sonreída para el año que comienza, venturoso año, se me ha pasado el primer día como si de un suspiro estuviera hablando. ¡Qué falsos podemos llegar a ser cuando nos lo proponemos!

Y viendo ésto, mi propósito para este comienzo del año ha sido apartar cualquier máscara y, a pecho descubierto, como el miliciano de Capa, dar la cara corriendo el riesgo de fractura o desgarro. Y creo que voy a comenzar a cumplirlo. ¡Vaya que si comienzo!

Ahora, cuando pensaba que había dejado atrás un enmascarado pasado compartido, oculto, me creo en la necesidad, personal necesidad, de volver a ser yo. De saltar a un albero recién regado y embarrar mis zapatos de torear, para ser yo mismo el que note la pesadez en los pies y cómo ese lastre puede llegar a inmovilizar a quien lo carga, y no será miedo. De saberme capaz de escribir lo que hablo sin tener que recurrir a decorados venecianos que puedan cegarme por un mal uso.

Y así, en soledad, he comenzado este camino que, por ahora, no ha pasado del umbral de una vivienda que he vivido sin ser mía. Y por ello, por haber podido habitar morada ajena como si fuera propia, me veo en la obligación de, al menos como agradecimiento, rendido homenaje, mantener el espíritu. Aunque sé que no voy a ser capaz. Pero voy a intentarlo y, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, recordaré a mi hospedero y comentaré algo de su Pasión. Pasión compartida pero que no es la mía, pues hace tiempo que perdí esa ilusión. Muchos lo saben. Pero, en su memoria, ya digo, intentaré, aunque esporádicamente, sostener firme ese estandarte.

Y así, decididamente, dejo pasar este primer día. En soledad y recordando.

Pero, quia, esto no va a ser así. ¡Me han descubierto! ...O me he dejado descubrir. ¡Da igual! En cualquier caso, veo que quienes participaron, aquí participan. Y además, al menos eso me parece, se alegran. Y yo me alegro. Porque la soledad es de difícil digestión y sólo desaparece en compañia. En buena compañía, quiero decir. Y yo, decidido a dar la cara, me veo acompañado. Y lo celebro. No sabéis cómo lo celebro. Y vuelvo a recordar el nombre de días que había perdido. Y me invade el humo, aromático incienso, de una fábrica de ilusiones que cada día tiene más obreros pues cada día se le exige más producción. Y veo el brillar del carburo en faroles de hoja de lata que, en manos jóvenes, iluminan sobrias semanas santas. Y me hago costalero por un día, olvidando achaques y manías. Y comparto costal con papones braceros pujando cualquier paso. Y recuerdo a los que se quisieron marchar, dejando en par un trío trino, a la espera de su regreso. Y comparto con todos aquellos que quieran compartir, sin más a cambio.

Mañana volveré al trabajo, pero iré con otra cara.

lunes, 7 de enero de 2008

Vuelta


Pasaron los Reyes y, como siempre, cumplieron su cometido. Seguramente porque es lo que esperamos de ellos. Así, da gusto. ¡Esto es trabajar!

Pero, hoy, el día después, pongo los pies sobre la tierra. Aterrizo y vuelvo a la más cruda de las realidades. Se acabó la magia. Terminaron estos días de ilusión. Y volvemos a estar donde lo dejamos. Porque todo tiene que continuar.

Hoy, el día después, no he dejado de recordar el chiste ese en el que el director de la escuela remolonea en la cama y se niega a ir a trabajar. ¿Por qué será? Asociación de ideas... ¡Yo tampoco quiero ir mañana al trabajo, aunque sea el director.

Tampoco es que haya hecho mucho por animarme este lunes extrañamante festivo. Porque hoy no ha sido un día de fiesta aun siendo festivo. Jornada rara, insulsa, como esos días de reflexión que anteceden a la votación en elecciones. Sí. Algo así. No hacer nada pero no dejar de pensar en lo que nos espera tras la noche.

Mañana comienza verdaderamente el año para mí. Ese año laboral y laborable en el que debo cumplir. Pues, ¡que así sea! Intentaré, haciendo corazón del resto de mis vísceras, maquillar mi gesto con la máscara de diario y... al tajo. Sin que se note que no quiero ir. ¡Aunque sea el director!

sábado, 5 de enero de 2008

Noche de Reyes


Mis mejores zapatos aguardan relucientes junto a la chimenea.

Sé que los Magos apreciarán mi trabajo, pues es éste el único día del año en que me esmero en la limpieza del calzado. Y así ha sido desde siempre. Desde que en casa nos enseñaron que esta es la noche más mágica del año. Y lo recuerdo para tenerlo presente. Es la noche. Mi noche. Y mañana, será momento para rasgar papel y volver a emocionarme con la sorpresa. Porque sé que, como todos los días de Reyes, habrá algo que se me anude en la garganta y me haga brillar los ojos. Sé que me volverá a pasar y que seré incapaz de controlarlo, aunque haré los mismos esfuerzos de siempre para que se me note lo menos posible. Pero se me verá en la cara y no podré ocultarlo. Siempre igual.

Pero la magia está en la noche. Noche de desfile callejero compartido con quienes queremos y nos quieren. Caramelos de sabor eterno a felicidad inexplicable. De peticiones de última hora, desde el alma y en silencio, a su paso por nuestro lado. Y hablamos con Melchor, con Gaspar y con Baltasar. Porque son ellos. De verdad. Aunque parezcan otros. Quienes somos capaces de llegar a hablar con ellos, desde el alma y en silencio, sabemos que son ellos. Y nos callamos para no romper la ilusión.
Porque la magia está en la noche. La única noche en que los deseos, felices y ansiados deseos, enviados con letras etéreas hasta el recóndito refugio de los Magos, revolverán mis sueños y harán que el desasosiego, feliz desasosiego, interrumpa la placidez que el resto de las noches encuentro en el calor de un lecho en compañía. Feliz compañía.

Sí. La magia está en la noche. En esta noche en la que el aroma a cacao tibio y galletas de nata invade todos los rincones de mi alma. Cacao y galletas que mañana se verá que sirvieron para alivio de viajeros, mágicos viajeros. Y espero atento, con el oído despierto, para escuchar los pasos de los camellos y los susurros de los Magos. Y, creo que, como siempre, me vencerá el sueño antes de poder encontrarme con ellos y decirles cómo les echo de menos el resto de noches del año. Porque las demás no son mágicas, aunque pueda dormir de tirón.

La magia está en la noche. En esta noche en la que todos en casa volvemos a ser niños, con la ternura que olvidamos el resto de noches. Y todos esperamos con afán su llegada. Y la ilusión vence al sueño, hasta que el sueño se hace ilusión y nos vence. Y dormimos. Y esperamos a mañana. Pero esta es la noche y lo sabemos.

Y al final, nadie sabe cómo ni cuando, los Magos pasarán por el balcón y dejarán todo lo que les pedimos. Y la chimenea amanecerá invadida de regalos. Regalos, sí. Pero también la ilusión de poderlos recibir, de compartirlos entre nosotros y con muchos otros. Aunque no lo sepamos. Porque la magia lo hará posible. Aunque no pueda reflejarse en las fotografías de esa cámara que ya tengo preparada. Intentaré capturar los momentos, pero sé que será imposible guardar la magia. Y volveré a rasgar envolturas de cariño. Y me volveré a emocionar. Como todos los años.

Y tendremos que esperar hasta la próxima noche de Reyes para poder vivir, revivir, la magia y los deseos. Y se cumplirán. Otra vez.

viernes, 4 de enero de 2008

Una carta

Por fin acabé mi carta a los Reyes Magos y, ahora, cuando sólo me queda firmar, me doy cuenta. ¿Qué hace un republicano convencido escribiendo a la monarquía? ¡Vaya contrasentido!

Pues que quieres que te diga. No es que me incomode. En absoluto. Ante la alternativa de realizar la petición de deseos a Papá Noël (menos regio, bien cierto), creo que me merecen más confianza los Magos orientales. Son como... qué se yo, como más castizos. Son, a pesar de la lejanía de su origen, gentes de confianza, gentes de casa, buenas gentes. Y por eso, o quizá aprovechando esta disculpa, no tengo reparos en escribir mi carta a estos Reyes sabios, pues tengo la certeza de que son los que, desde que mi razón es consciente, han sido portadores de alegría y cariño, aunque no hubiese nada más.

Y sí. Sólo me queda firmarla, pues el texto está completo y, además, tan meditado que no me vería capaz de cambiar ni una sóla coma.

Humanamente egoísta, he pedido para mí. Porque a los Reyes hay que pedirles de forma personal, individualizada, aunque casi todas las peticiones se repitan. Porque esto va por modas. Y todos sucumbimos a la moda para igualarnos en nuestras cartas a los Magos. Aunque, hay cosas que, incluso siendo moda, no van a estar entre mis peticiones. No. Por supuesto que no he pedido la paz en el mundo, ni el fin de la pobreza, ni siquiera por la estabilización climática. Eso lo dejo para jovenes aspirantes a reinados más terrenales; a efímeras monarquías de la belleza en las que la reina es reemplazada cada año. Bellas mujeres cargadas de sentido común pero obligadas a ridiculizarse en beneficio de una estética mal entendida. Porque por tradición, una mujer bella debe ser imbécil. Y así será mientras nadie haga por cambiarlo.

Mi carta es más tradicional. Mis deseos son más de andar por casa. Mis peticiones son altruistamente egoistas. En estas solicitudes como siempre, y en primer lugar, los mios. Bueno, las mias. Expresivas cariátides que soportan, con esfuerzo, hercúleo esfuerzo, mi cotidianeidad. Mi día a día, mi monotonía, mi ausencia de grises. Para ellas no pido, sino que me las pido. Así, sin más. Pues no necesito más. Sólo que estén y sean.

También me acuerdo de los más cercanos. Amigos. Con los que comparto Pasión y esperanzas. Corazones cofrades durante todo el año. Amantes de una devota tradición secular. Mantenedores de un espíritu incomprensible si no vives el misterio. Para todos ellos, y son muchos, sólo he pedido rutina y monotonía. Sólo deseo que nuestros días sigan como hasta ahora. A pesar de los cambios. A costa de las renuncias. Sobre los enfrentamientos... Que nuestra amistad siga fuerte. Tan fuerte.

También me he acordado de mi Semana Santa. Vocación solitaria compartida con multitudes. He intentado pedir. He intentado desear. He intentado... Pero eso no son sino imposibles. Hasta para los Reyes Magos. ¿Por qué comprometerles sabiendo del fracaso de antemano?

Sólo me queda firmar. Lo demás ya está escrito. Ahora, mientras dedico estas últimas horas antes de su llegada a sacar brillo a mi mejor par de zapatos, me doy cuenta de por qué sigo fiel a esta tradición. Porque disfruto recordando. Porque disfruto viviendo estos momentos. Porque, sin la Epifanía, no tendrían sentido estas fiestas. Porque es rememorar todo lo que de niños nos queda. Y parece que todavía es mucho. A pesar de las canas.
Y habrá quienes, todavía, digan que no existen. O peor aún, que son los padres... ¡Si supieran!

¡Ah! Y ahora, corriendo a dársela a un paje.

jueves, 3 de enero de 2008

Mi primera cana

Acabo de caer en ello.
He visto lo que, hasta ahora, sólo era una ilusión. O al menos eso creía.
La verdad es que, desde hace algún tiempo, cada vez que tengo que excusarme para vaciar la orina de mi vejiga (cosa que ocurre con frecuencia creciente), me doy cuenta de que algo está cambiando. Sí. Es prosaico, pero es la verdad. Son estas cosillas cotidianas las que nos advierten de la cruda realidad.
Al principio, sólo era eso. Un algo más de la fisiología de mi cuerpo que me recordaba el abandono de una juventud cada vez más distante, sepultada bajo una sólida madurez que ha estabilizado mi vida. Y nunca le he dado más importancia de la que yo supuse que tenía. ¡Maldita próstata inútil!
Pero ahora es más serio. Es algo que me ha sorprendido. Porque no me lo esperaba. Lo he visto así, de repente. Y creo que no estaba preparado para ello. ¡No!, no es que lo crea, ¡estoy seguro! Aún no me ha llegado el momento. Y, sin embargo, acabo de descubrirme la primera cana. ¡Tengo una cana!... Pero no una cana cualquiera, no.
¡Tengo una cana en el alma!